Las escuelas hospitalarias son espacios que brindan educación a la niñez y adolescentes que están recibiendo tratamientos en los hospitales generales, en el departamento de Guatemala. Imagen La Hora: Roberto Altán.
Las escuelas hospitalarias son espacios que brindan educación a la niñez y adolescentes que están recibiendo tratamientos en los hospitales generales, en el departamento de Guatemala. Imagen La Hora: Roberto Altán.

Pasar semanas o incluso meses en un hospital puede significar mucho más que alejarse de casa. Para niñas, niños y adolescentes internados, también puede representar dejar sus rutinas, amistades y estudios.

Las escuelas hospitalarias buscan que una enfermedad o una larga estancia en un centro asistencial no signifique perder el vínculo con la educación.

En Guatemala, existen tres escuelas que permiten dar continuidad al aprendizaje mientras reciben atención médica. Se adaptan a las condiciones de cada paciente y, cuando es necesario, llevan las actividades hasta las camas del hospital.

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El proyecto surgió en 1960 con la idea de evitar que las niñas, niños y adolescentes internados en los hospitales tuvieran que abandonar sus estudios o acumular rezagos durante el tiempo que permanecieran bajo atención médica.

Para las autoridades de la Dirección General de Gestión de Calidad Educativa (Digecade), estos espacios le permiten a la niñez y adolescentes soñar y pensar que van a continuar aprendiendo, o que incluso se graduarán. Además, les ayuda a no perder la esperanza de que puedan regresar a sus hogares y ver a sus amigos.

Niños en la inauguración del ciclo escolar de la escuela hospitalaria en el Hospital Roosevelt. Foto La Hora: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.
Niños en la inauguración del ciclo escolar de la escuela hospitalaria en el Hospital Roosevelt. Foto La Hora: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

Son espacios educativos oficiales, pero no necesariamente consisten en un salón de clases. Esto sería lo ideal, pero no todos los niños y niñas pueden salir y llegar al lugar en donde están las docentes.

Muchas de las personas atendidas bajo el programa de las escuelas hospitalarias sufren de afecciones que no les permiten ni siquiera levantarse de la cama. Por sus afecciones, perderían meses del año lectivo, o incluso más tiempo. Por lo tanto, estos «espacios» se refieren más bien al tiempo que la niñez y los jóvenes pueden dedicar a recibir educación.

El programa funciona mediante una coordinación entre el Ministerio de Educación (Mineduc) y el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS). Cada cartera debe proteger el derecho que le corresponde, por lo que las docentes del Mineduc deben cumplir una serie de protocolos para ingresar a los hospitales. 

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El ingreso tiene restricciones: no pueden entrar grupos numerosos o cualquier material didáctico, tampoco causar demasiado ruido. Por eso, la dinámica de las docentes debe adaptarse a las condiciones y protocolos de cada centro asistencial.  

Sin embargo, entrar al hospital no es fácil. En muchas ocasiones, se debe priorizar la salud de sus estudiantes antes de sus procesos educativos. Según las autoridades de la Digecade, los doctores reconocen el beneficio de las actividades de la escuela hospitalaria, pero hay momentos críticos en donde se debe dar más importancia a la recuperación. 

El ejemplo claro de esto fue el pico del sarampión en los hospitales, el cual obligó al MSPAS a cambiar el protocolo. El Mineduc debió esperar para cumplir con estos nuevos requisitos para la entrada, como la vacunación de las maestras. 

Actualmente, hay tres escuelas hospitalarias en el país en los siguientes centros asistenciales:

  • Hospital General San Juan de Dios.
  • Hospital Roosevelt.
  • Hospital Infantil de Infectología y Rehabilitación.

En el Hospital San Juan de Dios tienen autorizado dar la Primaria, mientras que en los otros dos solo pueden enseñar Preprimaria.

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¿Y qué pasa con los demás niveles educativos? La comunidad docente que trabaja en estas escuelas está capacitada para dar continuidad educativa conforme al grado en el que está en ese momento su paciente. De esta manera, todos los niños, niñas y adolescentes tienen la posibilidad de reincorporarse a su escuela de origen.

Se les dan constancias de que no interrumpieron su aprendizaje. Las maestras llevan este registro, y les entregan un documento validado por la Digecade cuando se les da de alta. Y funciona como aprobación, para que la dirección departamental a la que corresponde su escuela le dé seguimiento en su regreso.

De acuerdo con las autoridades de Digecade, la decisión de solo tener tres escuelas se debe a los procesos de los hospitales. En la mayoría de ocasiones, las personas son remitidas a los hospitales generales al tratarse de enfermedades largas. En estos se pueden atender enfermedades largas, donde la estadía puede variar: el paciente puede estar internado entre dos meses o dos años. En cambio, los hospitales regionales se encargan de tratamientos más cortos. 

Por lo tanto, mucha de la niñez y juventudes enfermas son trasladadas a los centros de la ciudad capital. 

Cohorte de pacientes de la Escuela del Hospital Roosevelt. Foto La Hora: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.
Cohorte de pacientes de la Escuela del Hospital Roosevelt. Foto La Hora: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

PERO, ¿CUÁL ES LA IMPORTANCIA DE ESTAS ESCUELAS?

Más allá de evitar un rezago académico, las escuelas buscan que las niñas, niños y adolescentes mantengan una rutina y tengan un propósito durante su estancia en el hospital. Permanecer durante largos periodos en una cama, enfrentar tratamientos y vivir con incertidumbre sobre lo que ocurrirá altera su día a día.

Para Gabriela de Burbano, psicóloga y coordinadora de la Gran Campaña Nacional por la Educación, las escuelas hospitalarias sirven para que la transición tras la enfermedad sea más fácil. Pero, en su perspectiva, también juegan otros dos roles fundamentales en el bienestar de la persona.

Primero, ayudan a que el paciente pueda mantener una rutina, en la medida de lo posible. Pueden mantener un esquema de estudio y mantenerse al día de sus funciones de aprendizaje, de concentración y memoria.

Pero también tienen otro componente: el emocional. La psicóloga detalla que, en la gran mayoría de casos, no tienen cerca a sus madres, padres y cuidadores. Junto a esto, permanecen en el hospital por largos periodos de tiempo para atender sus procesos médicos. 

Entonces, la escuela hospitalaria les permite dar otro respiro dentro del hospital, otorgándoles otra cosa en la que enfocarse para sobrellevar su estadía. Al mismo tiempo, la parte académica les permite distraerse. Aprenden, cantan, son parte de un grupo, tienen a una maestra que les preste atención. Estos elementos en sí mismos ayudan a la propia recuperación, porque ya no solo permanecen en la cama mientras atraviesan sus procesos médicos. Además de entretenerse, el aprendizaje les permite sentar objetivos para continuar. 

Para la psicóloga, el trabajo de las escuelas hospitalarias ayuda a que la niñez y las juventudes mantengan contacto con su realidad conocida, desarrollen su parte emocional en compañía de sus pares y refuercen sus habilidades de aprendizaje lo más que se lo permita su estado de salud. 

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¿CÓMO FUNCIONAN LAS ESCUELAS HOSPITALARIAS?

La Digecada no tiene una cifra fija de estudiantes atendidos por las escuelas hospitalarias. El número cambia constantemente: una persona puede incorporarse al programa, recibir el alta médica o, lamentablemente, fallecer. Por eso, la cantidad de estudiantes puede variar incluso en cuestión de minutos.

El modelo de la educación también es distinto. Por las mismas restricciones para la entrada de personas ajenas al personal sanitario, no pueden entrar muchas maestras y maestros. Por lo tanto, no cuentan con profesionales especializados en cada asignatura, como matemática o comunicación.

Entonces, cada docente atiende varias áreas de conocimiento, con apoyo de metodologías de proyectos, documentos y materiales educativos. La Digecade también analiza incorporar dispositivos para ampliar las posibilidades de aprendizaje. Su uso dependería de la condición del paciente y de las indicaciones de sus médicos. 

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La niñez y los jóvenes bajo la modalidad de escuela hospitalaria estudian con una mediación del Currículo Nacional Base (CNB), en donde se priorizan los contenidos que deben conocer para no perder su trayectoria educativa. En el caso de este programa, lo principal no es la cantidad de contenidos, sino el bienestar de las personas dependiendo de su enfermedad específica. 

Hay enfermedades que no permiten que la persona se mantenga en todos sus periodos de clase. Hay estudiantes que, por periodos de tiempo, ni siquiera se despiertan. O deben ir constantemente a sus tratamientos. Por esta misma razón, es difícil que un niño que está hospitalizado tenga el mismo nivel que uno que está asistiendo de manera regular a la escuela. Nunca va a ser igual, pero el objetivo de la Digecade es que las adaptaciones al currículo les permitan continuar con los conocimientos base. 

Maestras, cuidadores y niñez participan en la inauguración del ciclo escolar en el Hospital Roosevelt. Foto La Hora: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.
Maestras, cuidadores y niñez participan en la inauguración del ciclo escolar en el Hospital Roosevelt. Foto La Hora: Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

Por este contexto, las docentes de las escuelas hospitalarias también son itinerantes. Es decir, que llegan a donde esté el estudiante. Hay niños, niñas y adolescentes que, por su condición de salud, no pueden salir de sus camas o espacios de tratamiento. Entonces, es la maestra quien llega para atenderles en donde estén. 

Además de dominar muchas competencias disciplinares, estas maestras deben contar con competencias socioemocionales. Las autoridades de Digecade reconocen que sus docentes necesitan tener mucha fortaleza, empatía y resiliencia. En muchas ocasiones, se enfrentan al sufrimiento de sus estudiantes. Incluso, tienen que lidiar con el hecho de que, de la noche a la mañana, uno de sus estudiantes haya fallecido.

También son jornadas extensas: dado que muchos pacientes tienen tratamientos en la mañana y noche, las maestras se adaptan. Entonces permanecen todo el dái en el hospital interactuando con sus grupos. 

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En este momento, el Mineduc se encuentra en el proceso de actualización del acuerdo ministerial que norma a las escuelas hospitalarias, y ya está cercano a su publicación. Estos cambios les permitirán asegurar que las direcciones departamentales de educación no rechacen a la niñez y adolescentes que se intentan reincorporar a sus escuelas. Además, les ayudará a aperturar los demás niveles de educación en los hospitales, para oficialmente dar Básicos y Diversificado. 

Mientras el Mineduc avanza en la actualización de la normativa, las escuelas hospitalarias continúan en su misión: permitir que las niñas, niños y adolescentes conserven un vínculo con su vida cotidiana mientras enfrentan una enfermedad. 

Entre tratamientos, cambios de rutina e incertidumbre, una clase puede convertirse en un espacio para aprender, distraerse y mantener la mirada puesta en lo que vendrá fuera del hospital. 

Mariana Torres Ruano
Escritora y periodista, con formación en Comunicación de la Universidad Rafael Landívar. Ávida lectora, se especializa en la cobertura de temas culturales, literatura y fenómenos de Internet.
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