Las pruebas de PISA ¿pueden estar mal interpretadas? Imagen La Hora: Jesus Ríos.
Las pruebas de PISA ¿pueden estar mal interpretadas? Imagen La Hora: Jesus Ríos.

No seamos más papistas que el Papa nos advierten siempre las estadísticas. Organismos internacionales como la OCDE (a través de las pruebas PISA) y el Banco Mundial, desde el 2020, han documentado un retroceso histórico y generalizado en el rendimiento escolar en todo el mundo y no digamos en Guatemala y África. Las evaluaciones muestran caídas drásticas en matemáticas, lectura y ciencias, revirtiendo décadas de progreso educativo. Aunque la pandemia de COVID-19 y los prolongados cierres de escuelas aceleraron esta crisis, los análisis de datos demuestran que en muchas regiones el estancamiento y la pérdida de habilidades ya venían gestándose desde la década pasada.

Se nos viene diciendo de parte de expertos que este panorama global en parte es debido a factores contemporáneos que dificultan la recuperación, tales como la escasez crónica de docentes capacitados, la distracción digital constante y el impacto de los hábitos de consumo de información fragmentada (como el uso excesivo de pantallas y redes sociales) que reducen los periodos de atención profunda de los alumnos.

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Deberíamos empezar por aclarar cosas. Ni el cuerpo humano ni su cerebro trabajan y actúan independiente a su ambiente. Hemos sido estructurados y nuestras células, tejidos y órganos están modelados y trabajan para responder lo que sucede a su alrededor. Todo lo que percibimos lo transformamos en emociones y finalmente estas influyen en el pensamiento abstracto. Pero antes de emitir juicios deberíamos preguntarnos ¿cómo se estructura la corteza cerebral de las nuevas generaciones ante los ambientes sociales y naturales tan cambiantes? ¿por qué sus capacidades son limitadas? y ¿cómo las emociones, al complementar el trabajo de la corteza, permiten una organización y funcionamiento determinado?

En estos momentos, los cambios sociales, los ambientales, la manera de comunicarnos, es un mar abierto para el cerebro que debe encontrar nuevas raíces para enfrentarse a todo lo que este le depare y encontrar nuevos rumbos en un mundo. Tratemos de responder entonces las preguntas que hemos formulado.

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  1. ¿Cómo se estructura la corteza cerebral de las nuevas generaciones ante los ambientes sociales y naturales actuales?

La neurobiología demuestra que la corteza cerebral no es una estructura estática, sino un órgano altamente plástico que esculpe sus redes neuronales en función de los estímulos del entorno. Ante un ambiente saturado de hiperconectividad y un nuevo ambiente de organización social, la corteza prefrontal –responsable del juicio, la planificación y el control inhibitorio– se desarrolla bajo una nueva carga que se ha calificado de sobrecarga de estímulos fragmentados.

Por otro lado, la antropología y la sociología señalan que los ecosistemas urbanos y digitales actuales, imponen una ecología de la atención basada en la inmediatez. En lugar de consolidar circuitos neuronales orientados a la lectura profunda y el pensamiento secuencial, el cerebro joven adapta su conectividad funcional hacia el procesamiento rápido y superficial de información basada en luz y sonido.

Lo que nos dicen estas dos afirmaciones es que, en la conducta de aprendizaje actual, hay una interdependencia de la plasticidad y redes de atención del cerebro exigida por la inmediatez. Pero plasticidad e inmediatez no actúan en un vacío y dentro de ese ambiente en que coinciden causas y consecuencias, se desatan emociones y pensamientos que se desenvuelven dentro de una dinámica.

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El acoplamiento estructural entre entorno y neurobiología genera emociones que son disparadas por deseos. La mediación emocional en el procesamiento cognitivo no son reacciones accesorias, sino el sustrato valorativo que filtra la relevancia de los estímulos externos, antes de que la corteza prefrontal y el pensamiento los procese de manera analítica. Si el ecosistema social y digital desde el hogar hasta la nación, altera el régimen emocional dominante –desplazando la paciencia y la contemplación hacia la urgencia y la dispersión–, los estados afectivos resultantes reconfiguran los parámetros motivacionales del pensamiento y eso indica tanto organización estructural como funcional del cerebro.

Dado que el pensamiento abstracto y la consolidación de conocimientos complejos exigen estabilidad atencional y una regulación emocional sostenida, un circuito adaptado a la inmediatez (como los que en la actualidad está viendo la humanidad), genera un aprendizaje de carácter fragmentario y utilitario, incapaz de fijar estructuras conceptuales profundas. Una nueva forma de aprendizaje que abra una nueva forma de entender y adecuar por qué y para qué.

En consecuencia: La interdependencia entre la plasticidad biológica y los hábitos de atención moldeados por el entorno que se vive, está modificando el campo emocional, alterando de forma directa la naturaleza del pensamiento y, por consiguiente, el rendimiento y la profundidad del aprendizaje escolar actual. Creo que es sobre esto que la pedagogía echando mano de los cambios sociales e informáticos, debería de trabajar y no echarse a llorar sobre resultados.

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II ¿Por qué hablamos de capacidades son limitadas?

En primer lugar, la respuesta asume una negatividad y a ella responden los neurobiólogos diciendo que se está dando en los escolares una sobrecarga y fatiga cognitiva: Las limitaciones actuales de organización y funcionamiento cerebral no derivan de una merma biológica en el potencial genético, sino de una saturación de los sistemas de procesamiento. El cerebro humano actual está configurado para manejar un volumen limitado de variables sociales y físicas directas; la exposición constante al flujo informativo del entorno social y digital actual, le genera fatiga en la memoria de trabajo. En consecuencia, deriva de ello una atrofia del pensamiento abstracto, que afortunada o desafortunadamente la dependencia de herramientas externas para la resolución de problemas y la memorización, reduce el entrenamiento de aquellas áreas corticales encargadas de la abstracción compleja. Sin la práctica sostenida de la concentración prolongada, las capacidades analíticas y de síntesis no logran consolidarse de manera óptima.

Por su lado los sociólogos y antropólogos nos hablan de la mercantilización y fragmentación del tiempo social: Desde la sociología, las limitaciones cognitivas no son meros fallos individuales de procesamiento, sino el resultado de vivir en sociedades hiperindustrializadas y digitalizadas donde el tiempo ha sido fragmentado en micro-experiencias. La cultura contemporánea valora la inmediatez y la productividad utilitaria, desvalorizando el esfuerzo cognitivo prolongado que exige la asimilación del conocimiento complejo.

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La antropología cultural señala que el aprendizaje humano siempre ha dependido de estructuras colectivas de mediación (la familia extensa, la comunidad local, el aula tradicional, la iglesia y las canchas deportivas, como espacios ritualizados). El debilitamiento de estos andamiajes tradicionales, sustituidos por la mediación algorítmica y el aislamiento digital, deja al individuo sin los marcos simbólicos compartidos que facilitaban la interiorización de normas de pensamiento abstracto y disciplina intelectual.

De lo anterior y al unirlo, cabe esperar un impacto en la enseñanza y el rendimiento escolar empezando por un divorcio entre el aula y la arquitectura mental del alumno. 

l sistema educativo formal fue diseñado históricamente sobre los principios de la linealidad, la secuencialidad y la concentración sostenida, pues así lo demandaba el medio social y natural desde la era industrial. Al encontrarse ahora con estudiantes cuya plasticidad cerebral y hábitos socioculturales están habituados al estímulo discontinuo, la escuela tradicional entra en una crisis metodológica profunda.

Con una crisis de la mediación docente; con un sistema cognitivo fatigado por la sobrecarga informativa y un entorno social que premia la superficialidad, el docente se enfrenta a un desafío estructural. Las clases magistrales y los métodos tradicionales de memorización y análisis abstracto, chocan con la resistencia biológica y cultural de alumnos que carecen del entrenamiento atencional necesario para sostener procesos de aprendizaje profundo.

Entonces cabe pensar, mejor dicho, hipotetizar, que la raíz del colapso en las pruebas estandarizadas: Las caídas en matemáticas, lectura y ciencias documentadas por la OCDE y el Banco Mundial son, en última instancia y buena parte, el reflejo institucional de este desajuste. No miden una pérdida de inteligencia innata, sino en buena parte la incapacidad de un modelo escolar tradicional para articularse con un cerebro fatigado y cambiado y una sociedad que ha desmantelado las condiciones ambientales y culturales propicias para el pensamiento abstracto y se encamina a algo nuevo. No vale descargar culpa y responsabilidad en el educando, hay que descargarlo en la falta de investigación pedagógica real y adecuada al mundo cambiante actual.

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III ¿Cómo las emociones, al complementar el trabajo de la corteza, permiten una organización y funcionamiento determinado?

El campo de observación es propio de todo ser vivo y dicho proceso tiene un fin consolidado: la emoción que motiva el pensamiento y este lleva a la acción.

Desde los aportes de la neurobiología, sabemos que la razón y la emoción son inseparables. Las estructuras subcorticales (como la amígdala y el sistema límbico) generan estados afectivos que actúan como “etiquetas de valor” indispensables para que la corteza prefrontal tome decisiones y fije prioridades. Sin el componente emocional, el pensamiento lógico carece de dirección y motivación.

Desde la neurobiología evolutiva, los datos captados por los sentidos no se envían primero al razonamiento abstracto, sino que pasan por los centros de valoración afectiva (como el sistema límbico). La emoción asigna inmediatamente una etiqueta de relevancia o urgencia: lo que se observa se traduce en un estado de atracción, rechazo, alerta o calma. El constante emocionarnos, su búsqueda es característico de la actualidad y todo organismo vivo parte de la captación de estímulos de su entorno natural o social. Esta observación no es un registro pasivo de datos, sino un escaneo orientado a la supervivencia y al mantenimiento de la homeostasis.

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Una vez que la emoción focaliza la atención y otorga prioridad motivacional, la corteza cerebral procesa la información para diseñar un curso de acción. La emoción no solo motiva, sino que provee el impulso energético y direccional sin el cual el pensamiento puro quedaría suspendido en la contemplación inerte. La acción es el cierre del ciclo adaptativo.

Sociológicamente, las emociones compartidas frente a la incertidumbre del mundo actual, configuran marcos colectivos de acción. La ansiedad, la hiperestimulación o la apatía frente al futuro, actúan como respuestas viscerales que condicionan la manera en que las nuevas generaciones procesan la realidad, limitando o estimulando su capacidad de respuesta institucional y comunitaria.

Cuando el entorno digital e institucional satura los canales perceptivos con estímulos de alta valencia afectiva (noticias alarmantes, gratificación instantánea, inmediatez y juegos), el sistema límbico mantiene al organismo en un estado de alerta o búsqueda de dopamina constante. Esto reduce drásticamente el ancho de banda emocional disponible para el esfuerzo cognitivo sostenido que exige el aprendizaje escolar formal.

El ambiente social actual exige respuestas incompletas muchas veces generando ansiedad frente al futuro y la apatía institucional ante un medio instantáneo genera un estado afectivo de desvinculación. Si el estudiante experimenta el entorno social real como incierto o carente de sentido a largo plazo, la etiqueta de valor que su cerebro asigna al contenido académico tradicional es de irrelevancia, desactivando el impulso motivacional necesario para transformar la información en conocimiento duradero. 

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IV Conclusión

En resumen y luego de contestar las tres preguntas: es incuestionable que el ciclo clásico de observación, emoción, pensamiento y acción se encuentra no distorsionado sino es diferente en las nuevas generaciones. Al estar habituadas a una respuesta emocional inmediata y efímera ante lo social y metidos en un ecosistema digital, la acción escolar –que requiere postergación de la recompensa, frustración tolerada y análisis abstracto– entra en contradicción directa con la organización neurobiológica y emocional con la que el alumno llega al aula y ataca su vida, explicando el bajo rendimiento en las evaluaciones estandarizadas.

El rendimiento generacional de la evaluación en matemáticas, lenguaje y ciencias calificarlo de «atrofia» o «fatiga» creo que en buena parte de una premisa nostálgica que valora el pensamiento abstracto secuencial –el propio de la imprenta y la modernidad industrial– como el único estándar válido de la inteligencia humana, descalificando cualquier forma distinta de procesamiento. No se puede decir de que estamos asistiendo a un deterioro de nuestra máquina nerviosa y pensante, ya que puede que estemos en un momento de mutación adaptativa y no deterioro: La reconfiguración de la corteza prefrontal y las redes de atención superficial no representan un daño neurológico, sino una evolución funcional muy eficiente para operar en entornos hiperconectados, complejos y saturados de datos que las generaciones anteriores jamás experimentaron y que pone el riesgo la salud cerebral y sobrevivencia.

La obsolescencia del marco referencial calificador de eventos educativos al sistema asocial actual puede que confunda a adultos y educadores y estos puede que estén juzgando mal el rendimiento escolar actual, utilizando parámetros estáticos de una época que ya no existe. Lo que las estadísticas escolares leen como un «retroceso», puede ser la transición hacia una nueva organización cognitiva cuyo valor social y adaptativo aún está por definirse.

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Alfonso Mata
Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.
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