Las manifestaciones ocurridas durante los últimos días tienen como denominador la solicitud de eliminar impuestos. Foto La Hora: Daniel Ramírez.
Las manifestaciones ocurridas durante los últimos días tienen como denominador la solicitud de eliminar impuestos. Foto La Hora: Daniel Ramírez.

Guatemala enfrenta una jornada de protestas por alza en el precio del petróleo y sus derivados, situación que se deriva de una prolongada guerra entre Estados Unidos e Irán.

El precio internacional del petróleo está presionado por factores externos y, según los analistas, “no hay dinero que alcance para estar subsidiando permanentemente” si la guerra y la escasez global continúan.

El debate ya no es si duele, sino cómo se protege al más vulnerable sin quebrar las finanzas públicas.

El Gobierno activó un subsidio temporal de Q2 mil 500 millones con precios de referencia de Q39.00 para diésel y gasolina regular, y Q41.00 para gasolina superior.

El mecanismo absorbe la diferencia entre el precio internacional y ese techo. Funciona y da alivio inmediato, pero los expertos advierten que su sostenibilidad depende de cuánto suba el crudo y de cuánto dure la crisis.

EL PROBLEMA DE FONDO: POCO MARGEN

Ricardo Barrientos, director ejecutivo de Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI), fue muy enfático: “La discusión de quitar impuestos es populista, no está técnicamente sustentada. ¿Dónde están los números?”, agregó

El peso del Impuesto a la Distribución de Petróleo (IDP) es de Q4.60 en gasolina regular, Q4.70 en súper y Q1.30 en diésel.

Según datos del sector de hidrocarburos, quitarlo costaría unos Q322 millones al mes en gasolinas y Q91 millones en diésel. Si además se quita el IVA, el costo fiscal subiría a Q1 mil 100 millones mensuales.

“No le hace cosquillas al precio, pero sí le hace un agujero al presupuesto”, señaló Barrientos.

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Hugo Maúl, analista del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) coincide en que no corresponde al Gobierno “enmascarar precios artificiales” cuando hay escasez global.

Recordó que el IDP no se actualiza desde hace 20 años: “Ese Q4.70 de hace 20 años hoy equivaldría a Q18 o Q20. Ya hay un subsidio implícito tributario”. Además advirtió: quitar impuestos es fácil, volverlos a poner es políticamente inviable.

Ambos analistas coinciden en un punto: el problema viene de afuera. “La única forma de lograr que los precios bajen es que termine la guerra”, dijo Barrientos.

Mientras eso no pase, cualquier medida tiene fecha de vencimiento.

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FOCALIZAR EN QUIEN MÁS LO NECESITA

Aquí es donde los técnicos ven salida. Guillermo Díaz, analista de la URL, propone que el subsidio sea focalizado y de cantidad fija al usuario: “Permite otorgar el subsidio a quien lo necesita, mientras que al hacerlo generalizado se otorga también a quien puede pagar un mayor precio”.

El sector importador puso como ejemplo el modelo de Panamá: una billetera electrónica donde se cargan galones semanales solo a transporte público, taxis, turismo y carga.

“No reciben dinero en efectivo. Llegan a la estación y consumen el subsidio desde esa billetera. Priorizar a quienes realmente impactan la economía”, explicaron.

En Panamá se hizo primero un registro, se ordenó el padrón y se asignaron cuotas que expiran cada semana.

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El subsidio generalizado, advierten, propicia el despilfarro. Beneficia a familias con varios vehículos y a empresas, mientras que el más pobre, que usa bus, no recibe nada directo.

Además distorsiona la señal del mercado: con precio bajo se sigue consumiendo igual, justo cuando el mundo pide reducir demanda.

El sector importador también alertó sobre los costos del modelo actual. Durante el subsidio anterior, estiman que una gasolinera perdió más de Q200 mil entre mayo y julio por vender inventario comprado caro al precio de referencia nuevo.

“Multiplica Q200 mil por unas 2 mil estaciones y hablamos de pérdidas muy grandes que nadie reconoció”, indicaron los empresarios.

GASTAR MENOS, NO SÓLO PAGAR MENOS

Los analistas y el sector privado coinciden en que el subsidio debe ir acompañado de acciones que reduzcan el consumo:

  • Transporte y movilidad: ampliar teletrabajo, escalonar horarios en el sector público y coordinar horarios escolares para evitar que cientos de carros particulares colapsen las calles a la misma hora.
  • Transporte colectivo: priorizarlo y ordenar rutas. “No hemos invertido en transporte masivo en los principales centros urbanos”, dijo Maúl. Es una deuda de largo plazo.
  • Planificación urbana: acercar vivienda a centros de trabajo para reducir traslados.

Prepararse para la zafra: el consumo de diésel subirá muchísimo en los próximos meses. Si el subsidio sigue siendo de Q2 mil 500 millones se pueden agotar mucho más rápido.

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EL CONTEXTO SOCIAL Y POLÍTICO

Maúl advirtió que detrás de los bloqueos hay una politización del malestar. “No estamos viendo movilizaciones de cientos de miles. Son pocas personas que causan grandes problemas y terminan afectando al mismo pueblo que dicen representar”, agregó.

Por eso llamó a negociar con interlocutores legítimos y a no amplificar una conflictividad que agrava la distribución de combustibles y alimentos.

Los consultados coinciden en que no hay una solución mágica ni eterna. Subsidiar a todos es rápido pero caro y se acaba. Quitar impuestos alivia poco y deja un hueco fiscal difícil de cerrar.

La ruta más responsable, según los analistas, es combinar tres cosas: Focalizar el apoyo en transporte público, carga y sectores productivos mediante una billetera electrónica o voucher.

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Mantener la transparencia del mecanismo actual, con control de SAT y MEM, para que el descuento sí llegue al surtidor.

Reducir consumo con teletrabajo, horarios escalonados y más transporte colectivo, mientras se planifica inversión en movilidad urbana.

El Gobierno tiene Q2 mil 500 millones para amortiguar el golpe. Usarlos bien significa que lleguen a quien más lo necesita y que duren el mayor tiempo posible.

Eduardo Smith
Eduardo Antonio Smith Soto es economista y analista político con más de 18 años de experiencia en periodismo económico, política pública y diplomacia. Ha trabajado en análisis de coyuntura, gobernanza y relaciones internacionales, combinando enfoque técnico y lectura estratégica del contexto regional.
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