El subsidio implica un alto costo fiscal y que puede agotarse en poco tiempo. Foto La Hora: Shutterstock
El subsidio implica un alto costo fiscal y que puede agotarse en poco tiempo. Foto La Hora: Shutterstock

El nuevo techo a los precios busca contener el impacto de la volatilidad internacional, pero economistas advierten que el mecanismo puede resultar costoso, beneficiar más a quienes consumen más combustible y postergar soluciones de fondo.

El nuevo techo al precio de los combustibles le da al consumidor algo que hace unos días no tenía: certeza sobre cuánto pagará por galón en medio de la volatilidad provocada por el conflicto en Oriente Medio.

Sin embargo, ese alivio inmediato también abre un debate sobre quiénes serán los principales beneficiados y cuánto podría costarle al Estado sostener la medida si la crisis internacional se prolonga.

El Congreso aprobó el Decreto 21-2026, que fija temporalmente un precio máximo de Q39 por galón para el diésel y la gasolina regular, y de Q41 para la gasolina superior. La aprobación de la medida se produjo en medio de cuestionamientos de distintos sectores  que además a provocado cuatro días de bloqueos en calles y carreteras.

Mientras tanto, el Ministerio de Energía y Minas (MEM) prevé que el beneficio llegue a los consumidores en un plazo de hasta 10 días hábiles, una vez que el decreto sea sancionado y publicado en el Diario de Centro América.

Pero más allá de cuándo comenzará a sentirse el precio máximo en las estaciones de servicio, la discusión plantea una pregunta más amplia: ¿qué gana hoy el consumidor y qué problemas siguen sin resolverse?

CERTEZA DE CORTO PLAZO, MECANISMO FUTURO QUE ES MÁS COSTO

Para Paul Boteo, director ejecutivo de la Fundación Libertad y Desarrollo, el mecanismo finalmente aprobado tiene una ventaja frente a esas opciones: permite al consumidor anticipar cuánto pagará.

“El objetivo de la iniciativa es darle certeza del precio de los combustibles a los consumidores. En ese sentido es más efectivo”, señaló.

Según Boteo, eliminar temporalmente impuestos, como lo piden algunos sectores al referirse al IVA y el Impuesto a la Distribución de Petróleo (IDP) habría sido una medida más sencilla desde el punto de vista administrativo, pero no habría impedido que el precio continuara moviéndose conforme a las condiciones del mercado internacional.

El precio máximo o de referencia, en cambio, establece un techo y deja en manos del Estado la absorción del diferencial cuando el precio de referencia supere ese límite, en este caso Q39 y Q41, según el tipo de combustible.

Ahí aparece uno de los principales riesgos de la medida.

“Esto podría tener un enorme costo fiscal para el gobierno, en caso los precios se disparen.”

El mecanismo, por tanto, cambia quién asume el riesgo: en lugar de que todo el incremento internacional llegue al consumidor, una parte queda trasladada al Estado.

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Guillermo Díaz, analista de la Universidad Rafael Landívar (URL), plantea una preocupación similar desde el punto de vista de la focalización.

A su juicio, el subsidio está vinculado al consumo de combustible y, por tanto, alcanza principalmente a quienes poseen un vehículo, sin garantizar que el mayor beneficio llegue a los hogares con menores ingresos.

EL RIESGO NO ESTÁ SOLO EN EL PRECIO ACTUAL 

El costo fiscal puede parecer manejable mientras la diferencia entre el precio internacional y el techo establecido sea limitada. El escenario cambia si la crisis se prolonga y el petróleo continúa encareciéndose.

Boteo advierte que un barril cercano a los USD 120 podría consumir rápidamente los recursos asignados al programa, el cual de momento asciende a Q2 mil 500 millones.

“Uno de los riesgos de este esquema es que la crisis dure muchos meses más y que el precio del petróleo se dispare a USD 120 por barril. Eso haría que los Q2 mil 500 millones se terminen en muy pocas semanas.”

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La preocupación no se limita al fondo aprobado para esta medida. El economista recuerda que, al sumar el subsidio anterior y el mecanismo actual, el Estado habrá destinado alrededor de Q4 mil 500 millones para contener el precio de los combustibles.

Ese dinero, sostiene, representa un costo de oportunidad para otras necesidades.

“Eso pudo haber servido para proyectos de largo plazo, como el impulso de nueva infraestructura o un sistema de transporte público funcional.”

Por eso, considera que el debate no debería centrarse únicamente en cuánto se paga actualmente por galón, sino también en qué recursos públicos dejan de utilizarse para atender problemas estructurales.

“Se está financiando gasto. La inversión se deja de un lado. Es un costo de oportunidad altísimo.”

Más allá del precio temporal, los analistas coinciden en que Guatemala mantiene un problema estructural: su dependencia de los combustibles.

Boteo sostiene que el país continúa gastando miles de millones de quetzales en combustibles porque carece de alternativas eficientes de movilidad.

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“El problema de fondo es no contar con servicios de transporte público de calidad y eficientes.”

También menciona la ausencia de un sistema ferroviario moderno para movilizar personas y mercancías.

Díaz por su parte considera que esta coyuntura debería servir para discutir medidas que reduzcan el consumo y hagan más eficiente el uso de los combustibles.

Si los precios internacionales permanecen elevados hacia finales de 2026 o principios de 2027, señala que el país debería apostar por mayor eficiencia y austeridad, en lugar de convertir el subsidio en la principal respuesta ante cada episodio de aumento internacional.

¿A QUIEN LLEGA EL BENEFICIO? 

El otro cuestionamiento es distributivo. Aunque el subsidio reduce el precio que paga cualquier consumidor que adquiera el combustible incluido en el programa, el monto del beneficio aumenta conforme aumenta el consumo.

Para Boteo, esto significa que quienes utilizan más combustible terminan recibiendo un mayor beneficio.“Las personas con varios vehículos o con vehículos de alto consumo serán los principales beneficiarios.”

Desde esa perspectiva, el mecanismo no necesariamente concentra los recursos públicos en los hogares con mayores necesidades económicas. Una persona que utiliza uno o varios vehículos y consume grandes cantidades de combustible puede recibir un beneficio mayor que un hogar de menores ingresos que utiliza poco combustible.

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Díaz, coincide con esa preocupación. Explica que el subsidio llega principalmente a quienes poseen vehículo propio y, por esa razón, no necesariamente está dirigido hacia la población en situación de pobreza.

El efecto es importante porque el aumento de los combustibles no se queda únicamente en el tanque de los vehículos. También puede trasladarse a los costos de transporte y de distribución de productos, afectando el precio de otros bienes.

Así, el subsidio puede generar un alivio generalizado en el precio del combustible, pero no constituye necesariamente una política focalizada para los hogares más vulnerables.

EL SUBSIDIO CAMBIA LAS SEÑALES DEL MERCADO 

Hay otro efecto menos visible: la medida puede reducir los incentivos para disminuir el consumo.

Boteo explica que cuando la producción mundial de petróleo no alcanza a cubrir la demanda, el propio mercado genera una señal para que consumidores y empresas reduzcan su utilización.

Sin embargo, cuando el Estado limita el impacto del aumento sobre el precio final, esa señal pierde fuerza.

“Las personas siguen consumiendo como si el nivel de producción no hubiese bajado.”

En otras palabras, el consumidor continúa enfrentando un precio artificialmente más bajo respecto del que tendría sin la intervención, por lo que tiene menos incentivos para reducir viajes, utilizar alternativas de transporte o buscar formas de consumir menos combustible.

Para Boteo, esa situación también beneficia a otros actores de la cadena.

“Los importadores de combustible y los distribuidores en las gasolineras están felices. El consumo seguirá como siempre y sus ganancias están garantizadas.”

El MEM, por su parte, sostiene que el mecanismo busca que el diferencial sea absorbido por el Estado para proteger al consumidor final.

LA GASOLINA SUPERIOR Y EL EFECTO DEL ETANOL 

La discusión también ha puesto sobre la mesa el comportamiento de los consumidores frente a los distintos tipos de gasolina.

El propio MEM reconoció que parte del consumo se está desplazando hacia la gasolina superior, lo cual ha incrementado desde que se inicio con la venta de la mezcla el etanol de 10% a la gasolina regular.

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Para Boteo, ese comportamiento puede estar relacionado con la desconfianza que algunos consumidores mantienen respecto de la mezcla con etanol.

Al quedar también incluida la gasolina superior dentro del precio máximo, considera que el esquema puede incentivar aún más ese desplazamiento.

“Solo está profundizando la distorsión creada con la introducción del etanol.”

El comportamiento muestra que una política diseñada para contener precios puede terminar teniendo efectos adicionales sobre las decisiones de consumo y sobre la composición de la demanda.

EL PROBLEMA DE FONDO SIGUE SIN DESAPARECER

Más allá de la discusión sobre el mecanismo, los analistas coinciden en que el problema de fondo no desaparece con el subsidio.

Guatemala continúa dependiendo fuertemente de los combustibles derivados del petróleo para movilizar personas y mercancías. Cuando el precio internacional aumenta, esa dependencia se convierte en una vulnerabilidad que termina trasladándose a los consumidores y, ahora, también a las finanzas públicas.

Para Boteo, una de las principales debilidades es la falta de alternativas de movilidad.

El economista también señala la ausencia de un sistema ferroviario moderno para el transporte de personas y mercancías, que podría contribuir a reducir costos y disminuir la dependencia del transporte basado en combustibles.

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Díaz coincide. El desafío, entonces, no consiste únicamente en contener el precio durante una emergencia, sino en reducir la exposición del país ante la próxima crisis.

¿El Decreto 21-2026 cumple una función inmediata: evita que el consumidor reciba de forma completa el impacto de un eventual incremento internacional en el precio de los combustibles.

Pero esa protección tiene un costo y genera una nueva exposición para el Estado. Mientras mayor sea la diferencia entre el precio internacional y el techo establecido, mayor será la cantidad de recursos públicos necesarios para sostener el mecanismo.

Boteo considera que los guatemaltecos deben tener claro que esa fórmula no puede mantenerse indefinidamente.

“Los guatemaltecos debemos comprender que ningún gobierno es capaz de subsidiar de forma indefinida el precio de los combustibles.”

El riesgo aumenta si el conflicto en Oriente Medio se prolonga y coincide con otros factores que eleven el costo de vida, como una eventual crisis alimentaria asociada al fenómeno del Super Niño.

En ese escenario, el Estado tendría que decidir cómo distribuir recursos limitados.

“El dinero debería priorizarse en familias sumamente pobres.”

Por eso, el debate que deja el nuevo subsidio va más allá del precio que aparecerá en el surtidor durante las próximas semanas.

La medida ofrece certeza al consumidor en el corto plazo, pero traslada parte del riesgo al Estado, genera dudas sobre quién captura el mayor beneficio y deja pendiente la discusión sobre cómo reducir la dependencia de los combustibles.

El verdadero desafío llegará cuando termine el subsidio: decidir si Guatemala seguirá utilizando recursos públicos para amortiguar cada nuevo aumento internacional o si aprovechará estas crisis para invertir en transporte, infraestructura y alternativas que reduzcan esa dependencia.

MEM AFIRMA QUE SE ANALIZAN OTRAS ALTERNATIVAS

El Gobierno defiende el fondo aprobado por el Congreso como una respuesta temporal para contener el impacto del alza de los combustibles en los consumidores, mientras persisten las dudas sobre la forma en que funcionará, la fiscalización de los recursos y su capacidad para responder si la crisis internacional se prolonga.

En entrevista con La Hora, el ministro de Energía y Minas, Erwin Barrios, explicó por qué se optó por este mecanismo en lugar de reducir temporalmente los impuestos a los combustibles, cómo se determinará el apoyo, qué controles se aplicarán a las estaciones de servicio y cuáles serán los indicadores para determinar si la medida realmente llegó al bolsillo de los guatemaltecos.

La Hora: Diversas organizaciones han cuestionado que el fondo aprobado por el Congreso no beneficiará de forma directa al consumidor, como habían solicitado. ¿Cómo responde a esa crítica y por qué el Gobierno optó por este mecanismo en lugar de otras alternativas, como una reducción temporal del IVA y del Impuesto a la Distribución de Petróleo (IDP)?

Erwin Barrios: El MEM sí analizó la posibilidad de reducir temporalmente los impuestos a los combustibles.

Sin embargo, esta opción requiere modificaciones al sistema  de factura electrónica FEL, ajustes reglamentarios y un proceso de implementación que tomaría más tiempo.

Ante una crisis que requiere una respuesta inmediata, se optó por el mecanismo más rápido y eficiente. No se trata de un beneficio para importadores ni estaciones de servicio: el beneficiario es el consumidor final, porque el apoyo se refleja directamente en el precio máximo que paga en la bomba.

La diferencia no se traslada a las empresas ni al consumidor; es absorbida temporalmente por el Estado.

La Hora:  ¿La modalidad de subsidio tiene capacidad para enfrentar una crisis que podría prolongarse mientras persistan los altos precios internacionales o qué otros escenarios se plantean?

Erwin Barrios: El fondo es una medida temporal y extraordinaria, diseñada para amortiguar el impacto inmediato de la crisis internacional en el bolsillo de los guatemaltecos. No está planteado como una solución permanente ante un conflicto geopolítico que podría prolongarse.

Por eso, paralelamente, el Gobierno ya trabaja en la evaluación de otras medidas y escenarios de mediano plazo que permitan responder de manera sostenible si la presión sobre los precios internacionales continúa.

La prioridad inmediata es proteger al consumidor, sin perder de vista que la evolución del contexto internacional puede requerir nuevas decisiones.

La Hora: ¿Cómo se articulará esta medida de emergencia con el Fondo de Compensación y Estabilización de Precios, planteado como una herramienta de más largo plazo y ante la previsión de efectos más fuertes de la sequía a inicios de 2027?

Erwin Barrios: Cualquier mecanismo de estabilización de más largo plazo requiere un análisis técnico, financiero y legal distinto.

Desde el MEM ya se evalúan alternativas aadicionales para responder si la crisis internacional se prolonga y continúa presionando los precios de los combustibles.

En cuanto a los posibles efectos de la sequía en 2027, su atención integral involucra competencias que trascienden a este Ministerio, por lo que no corresponde al MEM anticipar medidas de otras instituciones.

La Hora: El reglamento será determinante para que el fondo pueda comenzar a operar. ¿Para cuándo estará listo, qué criterios establecerá y cuál es la fecha que contempla el MEM para que el mecanismo empiece a funcionar?

Erwin Barrios: Aprobada la ley, de urgencia nacional, en el Congreso de la República, se envía al Ejecutivo para que la revise, la sancione o la vete. Si la sanciona —es decir, la aprueba—, se manda a publicación en el Diario Oficial.

A partir de su publicación, cobrará vigencia al día siguiente. A partir de la vigencia, el MEM tiene cinco días hábiles para emitir el reglamento.

En general, son alrededor de 10 días hábiles para que pueda ser una ley positiva y los ciudadanos puedan gozar del apoyo económico temporal.

La Hora: Sobre el subsidio anterior todavía existen cuestionamientos respecto de los resultados de las fiscalizaciones. ¿Cuántas inspecciones se realizaron, cuántas irregularidades fueron detectadas y qué medidas se tomaron? En esta ocasión usted indicó que supervisarán los inventarios de las estaciones de servicio, ¿Cómo se hará?

Erwin Barrios: En el apoyo económico temporal anterior, el Ministerio de Energía y Minas realizó acciones de fiscalización y monitoreo conjuntamente con la DIACO, para verificar que el beneficio llegara al consumidor.

Se efectuaron 258 monitoreos en distintos departamentos del país y, como resultado de estas acciones, se identificaron 25 estaciones de servicio que fueron señaladas para seguimiento por posibles inconsistencias.

Además, se levantaron las actas correspondientes y se dio seguimiento a los casos que presentaban posibles irregularidades, en coordinación con las instituciones competentes.

Para esta nueva medida, el control será reforzado. El Ministerio dará seguimiento a los inventarios de las estaciones de servicio, comparando las existencias registradas con los volúmenes de combustible recibidos, vendidos y reportados.

Esto permitirá identificar oportunamente posibles inconsistencias y verificar que el apoyo económico se refleje efectivamente en el precio que paga el consumidor.

La fiscalización se realizará de manera coordinada y con presencia en campo, utilizando la información disponible sobre compras, inventarios y ventas, para fortalecer la transparencia y garantizar que los recursos destinados al apoyo temporal cumplan con su objetivo.

La Hora: ¿Cuál, fue la razón por la que se decidió utilizar precios de referencia para aplicar este mecanismo? ¿Se pueden interpretar como precios tope y cómo evitarán que estos precios generen distorsiones en el mercado?

Erwin Barrios: No se está estableciendo un precio tope a las empresas ni obligándolas a absorber la diferencia. El mecanismo establece un precio máximo para el consumidor final, precisamente para garantizar que el beneficio llegue directamente a las familias.

Si existe una diferencia derivada del comportamiento del precio del combustible, esa diferencia es absorbida temporalmente por el Estado a través del mecanismo de compensación.

De esta manera, no se traslada el costo a los actores de la cadena de comercialización y se evita intervenir directamente en la formación de sus precios.

La Hora: ¿El Gobierno hará pública la información sobre el uso de los recursos del fondo? ¿Se podrá conocer cuánto dinero recibe cada empresa, bajo qué criterios y cuánto representa ese apoyo por galón?

Erwin Barrios: Toda la información ha estado siempre a disposición de los guatemaltecos en el portal web del MEM y continuaremos publicando la información en pro de la transparencia.

La Hora: ¿Cuál será el indicador concreto que utilizará el Gobierno para determinar si esta medida funcionó? ¿Cómo sabrá el consumidor que el fondo realmente cumplió su objetivo? Sobre todo, si hoy, que aún no entra en vigencia, las manifestaciones continúan.

Erwin Barrios: El principal indicador será el impacto efectivo en el precio que paga el consumidor final: cuánto del incremento provocado por la crisis internacional se logró evitar que llegara al bolsillo de los guatemaltecos y cuál fue el alcance del beneficio.

Las manifestaciones responden a distintas demandas y no pueden ser el único parámetro para evaluar la efectividad de una medida que aún no ha entrado en vigencia.

El objetivo del fondo es concreto: amortiguar temporalmente el impacto del alza de los combustibles en el consumidor final, y sobre ese resultado será evaluado.

Eduardo Smith
Eduardo Antonio Smith Soto es economista y analista político con más de 18 años de experiencia en periodismo económico, política pública y diplomacia. Ha trabajado en análisis de coyuntura, gobernanza y relaciones internacionales, combinando enfoque técnico y lectura estratégica del contexto regional.
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