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El Diccionario de la Lengua Española nos ilustra indicando que la palabra embuste es de origen incierto; su significado es más preciso: «Mentira disfrazada con artificio». En tanto la palabra artificio, originada del latín artificium está definida como: «Arte, primor, ingenio o habilidad con que está hecho algo». Podemos inferir entonces que una «carta de presentación» fundamentada en el embuste, es una mentira disfrazada con arte, ingenio y habilidad, pero mentira al final.

Como pareciera que las apariencias es lo más abundante, toleramos el embuste académico y de eso nos está inundando el señor Walter Ramiro Mazariegos Biolis. De múltiples cartas de presentación con el embuste como característica principal. Y paulatinamente se están revelando los cargos judiciales o conexos que sustentan al falso rector. Una rápida vista de unas cuantas publicaciones aparecidas en el recién concluido mes de agosto da cuenta de ello. Veamos:

  1. El 20 de agosto, La Hora reporta que el juez Jimmi Bremmer ordenó la libertad de un presunto líder del Barrio 18, incluso antes de la audiencia de primera declaración.
  2. El caso del señor Lesther Castellanos, el pasado 27 de agosto, exhibiéndose con múltiples medallas en el acto de graduación de su segundo «doctorado» es un ejemplo claro del embuste como carta de presentación. Todas esas «preseas» pretenden opacar su miserable papel al ensañarse en contra de Virginia Laparra y los señalamientos internacionales por corrupción y acciones contra el Estado de Derecho. En ese acto también aparece la tristemente recordada señora María Consuelo Porras como «madrina».
  3. Retrocediendo en el tiempo, vemos otros delincuentes con toga, que amparados en su investidura con sus resoluciones favorecen y han favorecido a Mazariegos Biolis, como el juez Víctor Cruz, en el caso denominado «Toma de la USAC: Botín Político».
  4. Del lado del Tribunal Supremo Electoral notamos a personas con un pasado ligado a resoluciones favorables a actores señalados internacionalmente como Felipe Alejos a la ahora asesora de una magistratura esa instancia a Benicia Contreras Calderón. Y hay más elementos alrededor de sus vínculos.

Las redes se van tejiendo y paulatinamente vemos cómo se preparan las escenas para unas intervenciones «judiciales» en el evento electoral de 2027. Cuando la política no puede persuadir con el voto, se impone con auxilio de jueces, magistraturas y ahora asesores con un pasado cuestionable y cuya reputación les precede.

Los títulos y méritos académicos se ven lamentablemente empañados con personajes como los citados y otros más, muchos más, que forman la red de apoyos y sustentos de Mazariegos Biolis y su falsa rectoría. Hoy el Consejo de la Enseñanza Privada Superior, CEPS, está presidido por el impostor Mazariegos Biolis. La calidad académica en su punto de credibilidad más bajo jamás alcanzado. Ese será su legado: «profesionales» carentes de ética y probidad. Con unas redacciones de nivel primario.

Pareciera que en el Organismo Judicial los jueces apegados a Derecho, los jueces probos. Los jueces dignos son cosa del pasado. O ya no hay. Estamos rodeados de embusteros judiciales y por ello la justicia es la gran ausente en nuestra sociedad. Ese es el principal asidero de Mazariegos y sus compinches en el ilegal Consejo Superior Universitario, CSU. En tanto en pasillos y aulas universitarias priva un silencio que se configura tristemente como cómplice, por amenazas, de tantas arbitrariedades.

La ignominia a la comunidad Sancarlista es el emblema del actual rectorado y con él, todos aquellos que directa e indirectamente le apañan en su nefasto proceder. El daño y retroceso aplicado al país por parte de las «autoridades universitarias» tiene enormes y múltiples impactos para toda la sociedad guatemalteca. Ojalá no sea demasiado tarde cuando se encuentre a algún juez digno que se anime a encausarle y llevarle a una primera audiencia por los daños efectuados por él y de quienes le apoyan y respaldan. Si él cae, cual castillo de naipes, caen muchos en el CSU y otros más en judicaturas y magistraturas de prácticamente todo nivel. Ese temor es lo que le consolida. ¿Hasta cuándo seguiremos rodeados y sometidos a tanto embustero judicial con toga y toda la parafernalia?

Walter del Cid

Padre, abuelo. Lector casi empedernido. Conocedor de las intrincadas reglas del cuasi disfuncional Estado guatemalteco desde 1988 a la fecha. Inició su incursión en el periodismo de opinión en las páginas de La Hora con aportes en la sección «Cartas de los Lectores» en septiembre de 1993. En 2006 tuvo el honor de ser jefe de Información de esta Tribuna y no mostrador. Casi ininterrumpidamente colaboró con columnas de opinión en La Hora, el desaparecido El Gráfico, Siglo XXI de la primera época, Diario de Centro América, la Revista Crítica y eventualmente para la Universidad Johns Hopkins en temas de población y desarrollo. Esta es mi Tercera Época en La Hora, gracias por ello. Creer en la democracia no es una cuestión circunscrita a razones teóricas, es una forma de vida y se aplica a la cotidianidad de nuestros actos.

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