La semana anterior evidenció la orquestación de situaciones en procura de acentuar el debilitamiento de la gestión gubernamental y con ello materializar malintencionados intereses que no tienen relación con el incremento en el precio de los combustibles, pues fueron la excusa y la razón aparente para los bloqueos. El mensaje presidencial de la noche del domingo 13 de septiembre da cuenta de ello. Tardío dicen unos, ilustrativo otros. Lo cierto del caso es que la sociedad guatemalteca no deja de ser un laboratorio del manejo de redes y de las narrativas impuestas. En el párrafo siguiente lo explico.
Semanas previas, con la detención ocurrida el 18 de agosto del año en curso en el aeropuerto internacional de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia el hasta entonces «exitoso e influyente estratega digital», el argentino Fernando Cerimedo pasó de «Super Star» de la derecha y ultraderecha continental a un personaje del que nadie desea admitir haber tenido relación alguna. Todo en él es un montaje, una farsa, por ejemplo, dice haber recibido una beca en Harward, pero por no hablar inglés se fue a vivir a Puerto Rico. ¿Cómo es posible? Me recuerda a otro impostor y timador local. Al falso periodista Rodrigo Arenas.
En palabras de Julián Macías Tovar, especialista español en redes sociales y operaciones digitales en declaraciones al medio argentino Página 12, Cerimedo sería una pieza de una red mucho más grande, inclusive llegó ser contactado por uno de los grupúsculos locales auto calificados de influyentes, pero en realidad nefastos, retrógrados y ultraconservadores. El 21 de agosto en la red social “X” este conjunto de fanáticos anunció para el viernes siguiente, el 28 de agosto un evento a realizarse en un hotel citadino denominado «Cumbre para la integridad electoral» (!?) Uno de cuyos invitados especiales era precisamente Fernando Cerimedo.
La red, desde Argentina (el país de origen del individuo en cuestión), presentándose como asesor del señor Javier Milie, presidente argentino, pasando por la propia Bolivia, con Rodrigo Paz Pereira, presidente boliviano, Keiko Fujimuri en Perú, llegando a Abelardo de La Spriella en Colombia recién «electos» mandatarios de sus respectivos países hasta acciones en octubre de 2020 en Chile con el plebiscito y la «fallida» reforma constitucional impulsada en aquél país, con sus respectivos nexos con José Antonio Kast.
El supuesto auge en el advenimiento de autoridades «electas» pertenecientes a expresiones de ultraderecha y todos ligados o con la pretensión de ser vinculados como socios activos de la ofensiva desde el Norte del Continente, provocaron análisis sobre ese corrimiento de las administraciones públicas latinoamericanas en correspondencia con otros fenómenos sociopolíticos similares en la decaída Europa. Y desde la superficie, la preocupación es más que razonable. Es necesario investigar más al respecto.
Y con ese afán, nos percatamos que los «movimientos» no son aislados, son acciones orquestadas con la intención de beneficiar intereses extranjeros. Ahora y como siempre la derecha es exfoliante, extractiva y entreguista.
Hay una verdadera conspiración para ceder el último palmo de los recursos naturales de nuestras empobrecidas naciones. Disfrazada de una falsa subordinación a la poderosa nación del Norte, oculta la voracidad de sus ambiciones en cada gesto, en cada cesión de recursos naturales.
Posiblemente en Latinoamérica una de las naciones más débiles institucionalmente es la guatemalteca. Aquí, el servicio público, con sus honrosas excepciones, está a la venta del mejor postor. La presencia institucional en grandes extensiones de territorio y afectando a diversos conglomerados es ausente o totalmente inexistente.
El «terreno» se presta para ser presa fácil de oscuros personajes como los señores Oswaldo Rocael Villalta López, militante o exmilitante de la UNE y Aldo Iván Dávila Morales cuyas apariciones en el bloqueo de Betania y periférico no hicieron más que despertar todo tipo sospechas sobre la autenticidad de las hasta entonces válidas reclamaciones por el «aumento de los combustibles».
Aprendimos en el pasado, mediante sabias sentencias populares a entender que «en río revuelto ganancia de pescadores» y esto es precisamente lo observado. Mañosos pescadores enturbiando las aguas de una frágil institucionalidad cuyo abandono descansa por un lado en un Organismo Ejecutivo con escasa capacidad de gestión y un Congreso de la República en el que la producción legislativa ha caído en su más ridícula inconsistencia, sin antecedentes, sin estudios actuariales, etc., hasta los complacientes jueces y magistrados al servicio de la corrupción y la impunidad. Ahí, W. Mazariegos y su cohorte criminal son otra manifestación de la aberración de la institucionalidad pública del país. Si a este conjunto de situaciones se le puede llamar país.







