0:00
0:00

Amanecemos este 15 de septiembre con el júbilo de haber tenido nuestra independencia del imperio español hace 205 años, y lo celebramos la ciudadanía al igual que nuestra niñez y juventud, imbuidos de orgullo patrio, tanto en el país como en nuestra creciente diáspora. Pero, reconozcamos que no somos independientes: se nos considera y actuamos como colonias del imperio estadounidense, manejadas por la clase dominante al servicio de Washington. Las sucesivas dictaduras han reprimido todos los intentos por ejercer nuestra soberanía, protegiendo y sirviendo al sector privado y a los intereses políticos y económicos del imperio gringo. Por ello, no descansaré de afirmar la necesidad -y factibilidad- de la segunda independencia, aún en la era del “supremacismo” y el neofascismo. ¡Qué las juventudes de la América Morena se resistan a ser esclavas!

Unámonos a los pueblos indígenas y poblaciones afrodescendientes de nuestra región, al igual que a los sectores explotados y marginados, para la defensa de nuestros territorios, tierras y recursos, junto a la defensa de nuestras vidas e identidades. Los pueblos indígenas no sienten el mismo entusiasmo por la primera independencia, porque ésta no significó mayor cambio en sus condiciones de vida: el control del país y el gobierno pasaron a manos de los Criollos -hijos e hijas de los europeos que nacieron en nuestro territorio- sin que los beneficios alcanzaran igualmente a mestizos, indígenas y afrodescendientes. Se formó la “Patria del Criollo”, que no fue la patria de las y los guatemaltecos todos. No ocurrió solamente en Guatemala, ya que en otros países latinoamericanos tampoco se modificó la pirámide social y económica, salvo en la cúspide, al ser truncado el estrato de los europeos. Aún en EE. UU., su independencia no modificó su organización social, al mantenerse la esclavitud hasta el término de su guerra civil en 1865.

La clase dominante de Guatemala, dividida entre conservadores y liberales, buscó el apoyo de los grandes capitales, comprometiendo desde muy temprana hora la soberanía nacional. La Reforma Liberal de 1871 no terminó con la pugna entre liberales y conservadores, aunque sí facilitó la penetración del capitalismo y una ola de personas e intereses extranjeros. Tuvo sus aportes positivos; pero significó una segunda rapiña de territorios indígenas y servidumbre de sus pueblos, al instalarse la producción del café para el comercio internacional. La soberanía nacional se fue entregando para la “economía de postre” de los imperios -café, bananos y azúcar- haciéndonos cada día más dependientes. Nos convertimos en “colonia bananera” y, pese a la gloriosa Revolución de Octubre de 1944, la “Primavera Democrática” y las décadas de lucha por su recuperación luego de ser cercenada por el imperio gringo, no se ha cambiado su condición de dependencia. Aún peor, amplios sectores la consideran una “condición natural” para Guatemala. Empecemos el enorme esfuerzo de concientización de nuestros cuatro pueblos, para proponernos, más temprano que tarde, alcanzar la segunda independencia. ¡Seamos, como en 1944, un ejemplo para América!

 

Raul Molina Mejía

rmolina20@hotmail.com

Nació el 20/02/43. Decano de Ingeniería y Rector en funciones de USAC. Cofundador de la Representación Unitaria de la Oposición Guatemalteca (RUOG) en 1982. Candidato a alcalde de la capital en 1999. Profesor universitario en Nueva York y la Universidad Alberto Hurtado (Chile). Directivo de la Red por la Paz y el Desarrollo de Guatemala (RPDG).

post author
Artículo anteriorDe conspiraciones y la fragilidad de institucionalidad pública
Artículo siguiente¿Quiénes firmaron el Acta de Independencia de Guatemala?