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Recuerdo con emoción el día en que recibí mi título de Cirujano Dentista en el Paraninfo Universitario. También recuerdo el honor de recibir la carta que me invitaba a incorporarme como profesor de la Universidad de San Carlos y, años después, una distinción otorgada por el Consejo Superior Universitario. Aquella era la Usac que admirábamos: una institución donde el conocimiento, la docencia y el servicio eran motivo de orgullo.

Sin embargo, mi experiencia personal es lo de menos. Lo verdaderamente importante es recordar a quienes hicieron grande a la universidad. Tuve el privilegio de formarme con maestros extraordinarios: Eddy Zuger, Gervasio Accomazzi, César Francisco López Acevedo, Augusto Cazali Ávila, Marco Antonio Aguirre Mayorga, Emilio Asturias, Jorge Solares, Carlos Pomés, entre muchos otros. Eran hombres cuya autoridad no provenía del poder, sino del prestigio ganado en las aulas, en la investigación, en la práctica profesional y en su integridad.

Entonces surge una pregunta inevitable: ¿por qué tantos universitarios de esa talla nunca llegaron a dirigir la Universidad de San Carlos?

La respuesta no está en la falta de capacidad, sino en un sistema que, desde hace muchos años, ha ido privilegiando la construcción de alianzas políticas por encima del mérito académico. La percepción de muchos universitarios es que resulta más rentable cultivar simpatías, buscar el favor de grupos de poder y desarrollar habilidades políticas que dedicar una vida a la enseñanza, la investigación y la excelencia universitaria.

Una universidad no puede aceptar esa lógica sin renunciar a su esencia. Su máxima autoridad debería ser el académico más respetado, el investigador más sólido, el profesor con mayor liderazgo intelectual y moral; alguien cuya trayectoria inspire a estudiantes y docentes, no alguien cuya principal fortaleza sea la negociación política.

¡Qué tiempos aquellos! Hoy, paradójicamente, muchos profesores y académicos que dedicaron su vida a engrandecer la Usac ni siquiera encuentran espacio para impartir una conferencia o compartir su experiencia dentro de la institución que ayudaron a construir. Cuando una universidad deja de escuchar a sus mejores maestros, comienza a perder su memoria, su identidad y su rumbo.

La rectoría de la Universidad de San Carlos debe volver a ser el máximo reconocimiento al conocimiento, a la ética y al servicio universitario. Mientras el mérito académico continúe subordinado a los intereses políticos, la universidad seguirá alejándose de la misión para la cual fue creada: formar ciudadanos libres, producir conocimiento y servir a Guatemala.

La grandeza de una universidad nunca se mide por la habilidad política de sus autoridades, sino por la calidad intelectual y moral de quienes la dirigen. Recuperar ese principio es una tarea impostergable para todos los sancarlistas que aún creen que la excelencia debe prevalecer sobre cualquier interés de poder.

Dr. Rafael Mejicano Díaz

Dr. Rafael Mejicano Díaz, Especialista en Prótesis Oral, MSc, Ph.Hc. y Ph.O.C., referente de la odontología guatemalteca. Con amplia trayectoria docente, gremial y clínica, ha impulsado innovación, ética y servicio social. Su legado integra ciencia, liderazgo institucional, pensamiento crítico y compromiso humanista.

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