0:00
0:00

Desde hace años, sociólogos y politólogos han venido articulando y señalando las fuerzas subyacentes sociales, ambientales y económicas capaces de conducir a una dislocación masiva de naciones y regiones, esperándose con ello, un final de enfrentamientos internos y externos de alta proporción, favorables de tragedias demográficas, sociales, económicas y ambientales incalculables.

En el presente siglo a nivel de lo local, los actuales estudiosos del fenómeno han planteado como marco de  base de los sucesos nacionales (a la par de las desigualdades e inequidades) el ritmo acelerado del cambio y la transición de la sociedad industrial a la del conocimiento, puntualizando en el estrés y la desorientación que sufren los ciudadanos al tener que atender en simultáneo la problemática del ayer y del hoy, obligándoles ello a desatender el futuro y la situación nacional actual, al estar hundidos en una vida cotidiana carente de solución a problemas no resueltos de origen pasado que atenta a su sobrevivencia.

A nivel nacional entonces, podemos hablar de que nuestras instituciones y los individuos, han llegado a una inestabilidad y polarización política y social superando la de antaño, a lo que se suma la existencia de un gobierno actual, caído en una inercia en su lucha contra lo malo de la gobernabilidad y alejado de los ritmos sociales económicos y ambientales, demandados por la actualidad mundial y nacional.

No solución de los viejos problemas y falta de previsión y tratamiento debido a los nuevos de la era del conocimiento, es claro que propician un alto impacto sobre las instituciones (sindicatos, ministerios, corporaciones burocráticas como el IGSS y la Usac y privadas) que ya no son aptas para la atención de la sociología y economía de la era del conocimiento, conduciendo ello a la pérdida de relevancia institucional e ineficiencia de su funcionamiento, haciendo ello ver la necesidad de nuevas estructuras gubernamentales y privadas.

Para empezar: ninguna de las estructuras actuales se adapta al modelo de la era del conocimiento y sus muchas plataformas digitales, que en lo social y económico basan su existencia y orientación en la colaboración. El contenido de muchas redes sociales, las reseñas, el freelancing, de diversas plataformas, lo que están logrando es crear nuevos valores, producto en buena parte del trabajo del propio consumidor. Eso al cabo del tiempo (que ya empezó) está generando preguntas y dudas sobre propiedad, ética, trabajo y distribución de bienes y riqueza y en consecuencia estilos y modos de vida; volviendo evidente, –especialmente en las generaciones más viejas– qué familias, unidades educativas, de salud, formas laborales y organismos de estado reguladores y ejecutores, ante los ojos de  la incompetencia de los gobiernos y las grandes corporaciones nacionales para solucionar, están siendo sacudidos por los vientos de la era del conocimiento.

No es de extrañar entonces, en cuanto a formas de gobernar y de conducirse de instituciones de todo tipo, que vivamos inmersos dentro de una inestabilidad y falta de confianza ciudadana. Cosa masivamente percibida por la ciudadanía, al experimentar cómo se agudiza cada día más la velocidad del desorden en la estructura más íntima de su vida humana como: la familia, las creencias, los valores, tradiciones y significados vivenciales, con lo cual se ha llegado a una crisis de identidad y significado –individual y social– que permite crear ideologías y enfrentamientos con alto contenido de violencia, gracias a un enfoque de intereses personales cargados de alta demanda de necesidades por satisfacer, que requieren para su control de nuevas estructuras políticas y sociales.

Alfonso Mata

alfmata@hotmail.com

Médico y cirujano, con estudios de maestría en salud publica en Harvard University y de Nutrición y metabolismo en Instituto Nacional de la Nutrición “Salvador Zubirán” México. Docente en universidad: Mesoamericana, Rafael Landívar y profesor invitado en México y Costa Rica. Asesoría en Salud y Nutrición en: Guatemala, México, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Costa Rica. Investigador asociado en INCAP, Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubiran y CONRED. Autor de varios artículos y publicaciones relacionadas con el tema de salud y nutrición.

post author
Artículo anteriorSin finiquito no puede asumir el cargo
Artículo siguienteLa rectoría de la Usac: cuando el mérito deja de ser el camino