La primera petición que hizo la familia de Cristina Siekavizza al cumplirse 15 años de su desaparición no fue una condena ni una captura. Fue algo más humano. «Queremos tener un lugar donde poder ir a dejarle flores y que tenga cristiana sepultura», dijo este lunes tanto su hermana como su madre, mientras el resto de la familia la escuchaba en silencio.
Quince años después del día en que Cristina desapareció de su vivienda en San José Pinula, la incertidumbre sigue ocupando el mismo lugar que entonces. El principal sospechoso, su esposo Roberto Barreda, murió en 2020 sin enfrentar un juicio por feminicidio y el paradero de los restos de Cristina continúa siendo un misterio. Lo que permanece intacto es la búsqueda de una familia que insiste en que todavía hay preguntas por responder.
La jornada comenzó con una misa en la iglesia San Martín de Porres. Después, familiares, amigos y periodistas se trasladaron a Fundación Sobrevivientes, la organización que ha acompañado el caso desde sus primeros días. La conferencia se realizó en el salón principal «Cristina», un espacio que lleva el nombre de la mujer cuya ausencia sigue marcando a quienes la conocieron.
Sobre una pantalla se proyectaba un mensaje breve: «15 años sin respuestas. Seguimos buscando la verdad».
La convocatoria de la conferencia de prensa fue solicitada por Roberto José y María Mercedes Barreda Siekavizza, los hijos de Cristina. Cuando ella desapareció tenían siete y tres años; hoy tienen 22 y 18.
CRONOLOGÍA DE LA DESAPARICIÓN
El padre de Cristina llevó consigo una cronología de estos 15 años. Dijo que todavía le cuesta leerla y más aún pronunciarla en voz alta. «Lo que uno lidia es la desaparición y el no poder cerrar círculos», afirmó antes de reconstruir las primeras horas de la búsqueda: las llamadas telefónicas sin respuesta, el almuerzo familiar al que Cristina nunca llegó y la explicación que Roberto Barreda les dio ese día, asegurando que su esposa había salido a caminar y no había regresado.
Aquella versión, recordó, terminó siendo desmentida por las investigaciones posteriores.
Juan Luis relató cómo la familia emprendió una búsqueda que con el tiempo dejó de ser únicamente personal para convertirse en una causa pública. Recordó las primeras diligencias del Ministerio Público, la prueba de luminol que reveló rastros de sangre en la vivienda, la salida de Barreda hacia la frontera con México y, semanas después, su fuga definitiva del país junto con los dos hijos de la pareja.
También habló de los obstáculos que, según la familia, enfrentó el proceso judicial. Recordó la denuncia por violencia intrafamiliar que Barreda y su madre —la expresidenta de la Corte Suprema de Justicia— presentaron en su contra pocos días después de la desaparición de Cristina, así como los múltiples recursos legales que, durante años, retrasaron el avance del caso.

«Fueron muchas maniobras destinadas a obstruir la búsqueda y más tarde el juicio», sostuvo.
La captura de Barreda en México, 27 meses después de la desaparición, fue uno de los pocos momentos que describió con alivio. Aquella madrugada, recordó, los nietos regresaron a Guatemala y quedaron bajo la custodia definitiva de sus abuelos. Sin embargo, la disputa judicial por los niños tampoco terminó ahí. Durante años, explicó, la familia enfrentó nuevos procesos promovidos para intentar recuperar la custodia de los menores.
El relato avanzó hasta 2020. Cuando finalmente parecía cercano el inicio del debate oral por el caso, la pandemia paralizó el sistema de justicia y Barreda murió por complicaciones derivadas de la covid-19. Con él también se extinguió la persecución penal en su contra.
Desde entonces, la prioridad de la familia ha cambiado.
#AhoraLH | A 15 años de la desaparición de Cristina Siekavizza, su padre, Juan Luis, reconstruye en conferencia de prensa la cronología de los hechos ocurridos el 7 de julio de 2011.
Lo acompañan su esposa, Angelis, y los hijos de Cristina, Roberto y María Mercedes, quienes… pic.twitter.com/SCiCi1vdVR
— Diario La Hora (@lahoragt) July 6, 2026
AGRADECEN APOYO SOSTENIDO
«No pedimos privilegios ni favores; pedimos que se cumpla el deber de buscarla hasta encontrarla», leyó después Angelis Molina, madre de Cristina, en un mensaje preparado para evitar que la emoción interrumpiera sus palabras.
La carta era, sobre todo, un ejercicio de gratitud.
Agradeció a familiares, amigos, organizaciones sociales, periodistas y ciudadanos que durante estos quince años mantuvieron vivo el rostro de Cristina en marchas, vallas publicitarias, listones rosados y coberturas periodísticas.
«Cada nota, cada portada, cada minuto al aire ha sido un acto de memoria y de justicia», expresó.
El tono cambió cuando dirigió el mensaje a las autoridades. «Después de quince años nuestra familia pide una sola cosa: que se busque a nuestra querida Cristina. Las diligencias necesarias están identificadas y siguen pendientes».
Entonces llegó la frase que resumía el motivo de aquella convocatoria. «No pedimos privilegios ni favores; pedimos que se cumpla el deber de buscarla hasta encontrarla, recuperarla y devolvérnosla con dignidad para darle cristiana sepultura.»
HIJOS DE CRISTINA
La voz pasó entonces a quienes hace 15 años eran apenas dos niños. Roberto José respiró hondo antes de agradecer a quienes han acompañado a su familia desde el inicio del caso. Luego hizo un llamado directo.
«Después de quince años la búsqueda por la verdad no se detiene y no se detendrá», dijo. «Si alguien tiene información que nos pueda ayudar a encontrar a mi mamá, le pido que pierda el miedo y la comparta».
Cuando respondió cómo recuerda a Cristina, ya no habló del caso judicial. Habló de una madre. La describió como una mujer compasiva, que acompañaba a niños con cáncer en hospitales, que estaba pendiente de sus estudios y que ocupaba cada espacio de la vida familiar.

«Fue una madre espectacular, una esposa espectacular y una hija espectacular», dijo.
María Mercedes, sentada a su lado, tomó la palabra después. Confesó que conserva pocos recuerdos propios de Cristina porque apenas tenía tres años cuando desapareció. Su memoria, explicó, ha sido construida con los relatos de sus abuelos, de sus familiares y de las amigas de su madre.
«Realmente no la recuerdo mucho», admitió. «Pero me ha ayudado que mi familia y las amigas de mi mamá me cuenten historias de ella. Así he ido conociendo quién era».
QUEREMOS DARLE “CRISTIANA SEPULTURA”
El turno llegó entonces para la hermana de Cristina, Susana. A diferencia de sus padres, no reconstruyó la cronología del caso. Tampoco habló del expediente judicial. Su intervención estuvo atravesada por una idea distinta: la necesidad de que la historia de Cristina no termine convertida en otro caso de impunidad.
«Queremos que este caso sea recordado como un caso de impunidad, pero no queremos que se quede en la impunidad», afirmó.
Explicó que, a juicio de la familia, durante la investigación hubo acciones dirigidas a borrar evidencia y a dificultar que el principal sospechoso enfrentara un juicio. Sin embargo, quince años después, aseguró que el reclamo ya no responde únicamente a la necesidad de una condena judicial.
«Queremos tener a nuestro ser querido. Queremos tener un lugar donde poder ir a dejarle flores y que tenga cristiana sepultura», dijo.
La hermana de Cristina insistió en que cualquier persona que conserve información, por insignificante que parezca, puede contribuir a cerrar una historia que permanece inconclusa desde 2011.
#AhoraLH | Con la voz entrecortada, en la conferencia de prensa por los 15 años de desaparición de Cristina Siekavizza, su hermana Susana expresó que el único anhelo de la familia es encontrarla para poder darle “cristiana sepultura” y cerrar, al menos en parte, un duelo que… pic.twitter.com/GGVUkZCB2I
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«Esto es un tema de humanidad. Si alguien sabe algo y lo comparte, nosotros podremos dejar de vivir con este interrogante eterno. Mientras tanto, vamos a continuar con esta búsqueda.»
La conferencia estaba por concluir cuando el papá de Cristina pidió una última intervención. Contó que no existe un solo idioma en el mundo que tenga una palabra para nombrar a quien pierde un hijo. Existen términos para quien pierde a su pareja o queda sin padres, explicó, pero ninguno para ese dolor.
«Es tan terrible que no tiene nombre», dijo.
La frase quedó suspendida en el salón que lleva el nombre de Cristina. A su lado estaban sus nietos, hoy convertidos en los jóvenes que sostienen la búsqueda que comenzó cuando apenas eran unos niños. A un costado, una pantalla seguía mostrando el mismo mensaje con el que había iniciado la mañana: «15 años sin respuestas. Seguimos buscando la verdad».







