
La frontera entre Marruecos y España comienza a recuperar la calma después de 48 horas que desbordaron la capacidad de respuesta de Ceuta, la ciudad española en el norte de África, y reabrieron uno de los mayores desafíos para Europa: la gestión de la migración irregular, según reportes de los diarios españoles El País y El Mundo, así como de la agencia EFE.
Miles de jóvenes marroquíes emprendieron el regreso por el mismo paso por el que habían llegado a la ciudad autónoma, mientras España reforzó el control del perímetro fronterizo y la Unión Europea convocó una reunión extraordinaria para intentar articular una respuesta conjunta ante una crisis que, de momento, deja al menos 67 migrantes muertos y volvió a poner bajo presión las relaciones entre Madrid y Rabat, de acuerdo con la cobertura de la prensa española.
Hasta este sábado, más de 48 mil de las cerca de 50 mil personas que lograron ingresar de forma irregular a Ceuta ya habían regresado a Marruecos, según el último balance del Ministerio del Interior de España.
El flujo, sin embargo, no se ha detenido por completo. A lo largo de la jornada continuaron registrándose intentos de ingreso protagonizados por pequeños grupos de entre 200 y 300 jóvenes, muy lejos de la avalancha del jueves, pero suficientes para mantener desplegados al Ejército, la Guardia Civil y la Policía Nacional en los accesos a la ciudad, agregan los cables internacionales.
La respuesta inmediata del Gobierno español ha consistido en reforzar físicamente la frontera. Desde primera hora de este sábado comenzaron los trabajos para instalar una barrera flotante de unos 500 metros junto al espigón de El Tarajal, uno de los puntos utilizados por miles de personas para alcanzar territorio español, informaron El País y la agencia EFE.
La medida busca dificultar nuevas entradas por vía marítima mientras el Ejecutivo estudia cambios legales tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo que limita las denominadas devoluciones en caliente para quienes llegan a nado sin franquear las vallas fronterizas.
Pero la emergencia ya no se mide únicamente por el número de personas que lograron cruzar. Conforme disminuye la presión migratoria, aumenta la dimensión humanitaria de la crisis. Equipos de buzos de la Guardia Civil continúan recuperando cuerpos frente a la costa ceutí, donde al menos 67 personas murieron intentando alcanzar España, según las cifras oficiales difundidas por el gobierno español.

CRISIS MIGRATORIA EN CEUTA
Las escenas de jóvenes caminando de regreso hacia Marruecos contrastan con la incertidumbre que aún rodea el origen de la mayor entrada irregular registrada en Ceuta. Durante las primeras horas de la crisis, las fuerzas de seguridad marroquíes apenas intervinieron para impedir el paso de decenas de miles de personas por la playa y los espigones fronterizos.
Esa actitud cambió radicalmente el viernes, cuando Rabat selló los accesos a la frontera, dispersó las concentraciones con gases lacrimógenos y comenzó a trasladar en autobuses a cientos de migrantes hacia distintos puntos del país.
El Gobierno marroquí ha evitado pronunciarse oficialmente sobre lo ocurrido. La única voz institucional ha sido la de la embajadora en Madrid, Karima Benyaich, quien declaró a medios españoles que Rabat no tuvo responsabilidad, rechazó cualquier responsabilidad de Rabat y atribuyó la crisis exclusivamente a las mafias dedicadas al tráfico de personas. También defendió la cooperación entre ambos países para restablecer el control fronterizo.
Esa explicación coincide con la sostenida por el Ejecutivo español. El presidente Pedro Sánchez y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sostuvieron en declaraciones recogidas por la prensa española que organizaciones criminales aprovecharon la reciente sentencia del Tribunal Supremo para difundir, mediante redes sociales, la idea de que cualquier persona que llegara a nado a Ceuta no podría ser devuelta inmediatamente.
El Gobierno admite, no obstante, que semejante avalancha difícilmente habría ocurrido sin la permisividad inicial de las fuerzas de seguridad marroquíes, aunque ha evitado elevar el tono diplomático para preservar la cooperación con Rabat.
UNIÓN EUROPEA INTERVIENE
La dimensión del episodio ha obligado además a la Unión Europea a intervenir. España solicitó una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de los Veintisiete, que se celebrará el próximo martes por videoconferencia para analizar la situación en Ceuta y coordinar medidas de respuesta.
La convocatoria fue remitida a la presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea, a la Comisión Europea y al Consejo Europeo, en un intento por trasladar la crisis desde el ámbito bilateral hacia una estrategia común de protección de las fronteras exteriores del bloque, según la prensa española.
Mientras Bruselas prepara ese encuentro, Ceuta intenta recuperar la normalidad. Los comercios han comenzado a abrir nuevamente, las calles ya no concentran a miles de migrantes y el flujo de personas hacia Marruecos supera al de quienes todavía intentan entrar. Sin embargo, el despliegue militar continúa, los centros de acogida permanecen bajo presión y las labores para recuperar víctimas en el mar siguen recordando que, aunque el éxodo parece haber remitido, la crisis humanitaria está lejos de concluir.







