Autor: Alejandro José Gómez Hernández
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Ingeniero en Ciencia de la Computación y Tecnologías de la Información, interesado en crear tecnología con impacto social. Músico.
¿A qué se debe el alto procentaje de jóvenes que cumplen 18 años y no se empadronan? Causas hay muchas: desconocimiento, desconfianza, falta de educación cívica o la sensación de que votar no cambia nada. Pero los datos muestran que el problema existe y que no es menor.
Al 23 de julio de 2026, Guatemala tiene poco más de 10 millones de personas activas dentro del padrón electoral. De ellas, cerca de 2.7 millones tienen entre 18 y 30 años. La juventud representa alrededor del 26 % del padrón.
Cumplir 18 años, obtener el DPI y empadronarse forman parte de un recorrido que no siempre se conoce. Al gestionar por primera vez su DPI, una persona puede autorizar el traslado de sus datos entre el Renap y el TSE para facilitar el empadronamiento, pero, en la práctica, este proceso no ocurre automáticamente por el simple hecho de obtener el DPI.
El mecanismo existe, pero todavía depende de que cada persona conozca el proceso, autorice el traslado de sus datos y posteriormente verifique que su empadronamiento haya sido completado. En cualquiera de los casos, la responsabilidad continúa recayendo principalmente sobre el ciudadano. Hoy, cuando se habla de interoperabilidad y digitalización del Estado, vale la pena preguntar por qué el empadronamiento no puede ser automático al obtener el primer DPI.
La representatividad del sistema también queda en entredicho mientras tantos guatemaltecos con derecho al voto continúen fuera del padrón por un procedimiento que debería ser automático y sencillo. Una democracia difícilmente puede considerarse plenamente representativa cuando una parte considerable de la población ni siquiera está habilitada para participar.
La distancia de la juventud respecto de la política continúa después del empadronamiento. De los cerca de 2.7 millones de jóvenes registrados, alrededor de 73 mil están afiliados a un partido político. La tasa de afiliación entre personas de 18 a 30 años es apenas del 2.7 %. La cifra muestra que solo una minoría se organiza dentro de los espacios donde se disputan candidaturas y decisiones de poder.
Sin embargo, no todo es negativo. Es importante mencionar que losdatos electorales de 2023 muestran que las personas de 18 a 25 años tienen niveles de alfabetismo cercanos al 94 % y brechas menores entre hombres y mujeres, así como entre áreas urbanas y rurales, que las observadas en generaciones de mayor edad. Esta generación tiene más herramientas para leer, informarse y cuestionar.
Aunque eso no se traduce automáticamente en participación, la apatía y la desconfianza también son consecuencia de un sistema que solo quiere escucharnos durante el periodo electoral. Ese desencanto tiene consecuencias políticas.
Las corrientes represivas y antiderechos avanzan cuando capitalizan el hartazgo. Detrás de la imagen del “dictador cool” o del león libertario, estos proyectos convierten la frustración en promesas de orden y soluciones inmediatas, terminan protegiendo a los de siempre, debilitan la democracia y hacen que las mayorías paguen el costo de sus caprichos.
Por eso, no puede limitarse a pedirle a la juventud que participe más; también se necesitan instituciones y políticas públicas capaces de demostrar que involucrarse sí produce resultados reales.
De cara a 2027, Guatemala debería discutir el empadronamiento automático al obtener el primer DPI o una simplificación del proceso. También hacen falta datos claros, jornadas informativas, metas por edad y territorio, protección de datos y herramientas ciudadanas que permitan verificar el empadronamiento y expliquen fechas, requisitos y fuentes oficiales.
Una ciudadanía informada es el primer paso para realizar cambios. Sin caer en los clichés de siempre, sí vale la pena recordar que la democracia no se construye solo al ir a votar. Cumplir 18 años debería abrir la puerta a participar, aunque hoy esa puerta no siempre esté abierta.







