Tensión en Oriente Medio mantiene presión sobre combustibles.
Tensión en Oriente Medio mantiene presión sobre combustibles. Foto La Hora: Shutterstock.

El aumento de los combustibles está golpeando a los países de la región, pero las respuestas no son las mismas.

Desde El Salvador hasta Panamá, pasando por México y Colombia, los gobiernos y los mercados han recurrido a distintas fórmulas para amortiguar el impacto del encarecimiento internacional. En el fondo, enfrentan una misma pregunta: ¿cuánto tiempo pueden contener los precios antes de que el costo termine trasladándose al consumidor o a las finanzas públicas?

Las diferencias muestran que el precio internacional del petróleo y sus derivados representan el mayor peso en el coste que se traslada al consumidor final.

Adicionalmente, cada mercado aplica impuestos, subsidios, mecanismos de estabilización, costos logísticos, infraestructura y las condiciones particulares de cada mercado determinan cuánto termina pagando el consumidor.

GUATEMALA: UN PRECIO DE REFERENCIA PARA CONTENER EL ALZA

En Guatemala, el debate actual se centra en la aprobación del mecanismo para estabilizar los precios de los combustibles, que establece precios de referencia de Q39 por galón para la gasolina regular y el diésel, y de Q41 para la gasolina superior.

Sin embargo, mientras el mecanismo entra en aplicación, los precios continúan mostrando incrementos. Esta semana, la gasolina registra alzas de más de Q2 y el diésel se mantiene como el combustible más caro, al superar ya los Q50 por galón.

El Ministerio de Energía y Minas (MEM), a través de un comunicado, el miércoles, aseguró que  el comportamiento de los precios de debe a a una serie de factores externos.

Hizo referencia a que entre el 11 y el marte 15 de septiembre, ataques contra infraestructura petrolera en Arabia Saudita, la suspensión de cargamentos desde Yanbu y ataques a refinerías rusas elevaron la incertidumbre sobre el suministro mundial.

A esto se suman las restricciones de tránsito en el estrecho de Ormuz y en el mar Rojo, que han encarecido el transporte marítimo de crudo y combustibles.

Según el MEM, la Agencia Internacional de Energía (AIE) reporta que la presión es especialmente fuerte sobre el diésel: las exportaciones desde los países del Golfo se mantienen muy por debajo de los niveles previos al conflicto, y los márgenes de refinación han alcanzado niveles elevados.

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EL SALVADOR APLICA PRECIOS DE REFERENCIA

Una comparación reciente de precios publicada por La Prensa Gráfica de El Salvador muestra que el impacto del encarecimiento no es uniforme en la región.

Desde el 15 de septiembre, la gasolina superior en El Salvador se ubica entre USD 5.13 y USD 5.14 por galón, equivalentes a unos Q39.09 y Q39.17. La regular se encuentra entre USD 4.80 y USD 4.81, equivalentes a Q36.58 y Q36.71, mientras que el diésel alcanza USD 4.86, unos Q37.03 por galón.

En ese país, la Dirección General de Energía, Hidrocarburos y Minas fija y publica periódicamente precios de referencia para los combustibles. Estos se actualizan de acuerdo con la evolución de los precios internacionales de los derivados del petróleo y otros componentes del mercado.

El mecanismo existe desde antes de la actual escalada de precios. En 2022, durante la crisis internacional de los combustibles, el Gobierno salvadoreño también aplicó un subsidio temporal extraordinario y estableció precios máximos especiales.

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COSTA RICA, EL ALZA SE TRASLADA AL MERCADO INTERNO

Costa Rica muestra otro escenario. Según datos de la Cámara de Empresarios del Combustible, citados por el sitio especializado en el mercado de hidrocarburos Surtidores Latam, el precio del diésel pasó de 541 colones por litro, equivalentes a unos USD 1.20 o Q9.17, al inicio de 2026, a 688 colones, unos USD 1.53 o Q11.66, en septiembre. El aumento acumulado es de 27.2%.

A esta presión se suma una solicitud de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) para aumentar en 97 colones el precio del litro durante octubre. De aprobarse, el valor llegaría a 785 colones, unos USD 1.75 o Q13.31 por litro, alrededor de 45% más que al inicio del año.

El sector atribuye la presión principalmente al comportamiento internacional de los destilados y, particularmente, al precio del diésel de bajo contenido de azufre.

Costa Rica mantiene una estructura tributaria que busca que el diésel tenga un precio menor que las gasolinas debido a su importancia para el transporte de carga y las actividades productivas.

Sin embargo, el caso muestra que una estructura diseñada para amortiguar el costo no elimina el impacto de un aumento significativo en las referencias internacionales.

EL MARGEN FISCAL SE AGOTA EN MÉXICO

México ofrece otro ejemplo: utilizar los impuestos como mecanismo para contener el precio tiene un límite.

Según un reporte publicado por Surtidores Latam el 14 de septiembre, para la semana del 12 al 18 de septiembre la Secretaría de Hacienda elevó el estímulo fiscal aplicado al diésel a 7.3634 pesos mexicanos por litro, equivalente al 100% de la cuota del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Con ello, el impuesto efectivo sobre ese combustible quedó en cero.

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El especialista energético Ramsés Pech señaló en ese mismo sitio que, si las referencias internacionales continúan aumentando, el margen para ampliar la compensación mediante la cuota tributaria prácticamente se agota. En ese escenario, la contención del precio dependería directamente de recursos presupuestarios.

El caso también expone el costo de esta política para Petróleos Mexicanos (Pemex). Según un análisis de Petrointelligence citado por Surtidores Latam, la estrategia representa pérdidas estimadas de alrededor de 1 mil 756.9 millones de pesos mexicanos mensuales, equivalentes a unos USD 102.4 millones o aproximadamente Q781.5 millones al tipo de cambio de referencia del 16 de septiembre de 2026.

El escenario mexicano pone sobre la mesa una pregunta que también alcanza a otros países: ¿cuánto tiempo puede mantenerse un mecanismo de contención cuando el aumento internacional deja de ser un episodio puntual y se convierte en una presión sostenida?

INTERVENCIONES, EL COSTO Y LA FOCALIZACIÓN

El debate sobre los subsidios no se limita a América Latina. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha señalado que las medidas para enfrentar un shock energético deben procurar proteger a los hogares vulnerables sin generar costos fiscales innecesarios ni distorsionar las señales de precios.

En abril de 2026, Alfred Kammer, entonces director del Departamento Europeo del FMI, planteó que las medidas para apoyar a los hogares ante el shock energético deberían ser temporales y focalizadas según el ingreso.

En el caso de Alemania, el FMI cuestionó una reducción generalizada de impuestos a los combustibles porque beneficiaba a todos los consumidores, incluidos los hogares de mayores ingresos, y reducía el efecto de las señales de precios.

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El propio FMI trasladó ese análisis al caso guatemalteco. En su evaluación de 2026, señaló que el shock petrolero exige ampliar y mejorar la focalización de las redes de protección social. El organismo consideró que el subsidio universal puede ser una herramienta temporal mientras Guatemala desarrolla mejores mecanismos para identificar a los beneficiarios, pero advirtió que este tipo de subsidio es regresivo y debilita las señales de precios.

Paul Boteo, director ejecutivo de Fundación Libertad y Desarrollo, también ha cuestionado los subsidios generalizados a los combustibles por su costo para el Estado y porque no necesariamente concentran la ayuda en quienes más la necesitan.

Como alternativas, ha planteado reducir o eliminar temporalmente el impuesto a los combustibles o implementar ayudas focalizadas directamente a los hogares de menores ingresos, aunque reconoce las limitaciones que Guatemala enfrenta para identificar con precisión a los beneficiarios.

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Sobre el mecanismo aprobado recientemente, Boteo ha reconocido que puede dar mayor certeza al consumidor sobre el precio de los combustibles, pero mantiene la preocupación por el costo fiscal y la sostenibilidad de utilizar recursos públicos para contener los precios.

Otra alternativa analizada internacionalmente son las transferencias monetarias. En el artículo “How can cash transfers support energy subsidy reforms?”, publicado por el Banco Mundial en agosto de 2023, los especialistas Anit Mukherjee, Defne Gencer, Mohamed Almenfi, Ugo Gentilini y Yuko Okamura revisaron 24 experiencias de reformas a los subsidios energéticos y señalaron que las transferencias monetarias pueden ayudar a compensar a los hogares afectados por el aumento de los precios, especialmente cuando están bien diseñadas y focalizadas.

OTRO PROBLEMA, EL ABASTECIMIENTO

Colombia presenta una dimensión diferente del problema. La preocupación no se concentra únicamente en cuánto cuesta el combustible, sino también en la capacidad de garantizar su abastecimiento en los próximos años.

Según publica Surtidores Latam el 14 de septiembre, el mercado colombiano de combustibles líquidos representó cerca del 1.5% del PIB en 2025 y registró inversiones por 3.1 billones de pesos colombianos, equivalentes a aproximadamente Q7.6 mil millones.

Ese año, el consumo total alcanzó 351 mil barriles diarios, con un crecimiento de 0.9%. La gasolina aumentó 2.6%, mientras que la gasolina extra registró un incremento de 36.3%.

El reporte cita proyecciones de la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) según las cuales las importaciones estructurales podrían representar hasta 50% del consumo nacional de gasolina para 2031.

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Para el diésel, la dependencia proyectada sería cercana al 3%, mientras que las importaciones de combustible para aviación podrían alcanzar hasta 20% una vez utilizadas las capacidades de producción local.

El panorama también está condicionado por problemas de infraestructura y seguridad. Durante 2025 se registraron 580 ataques contra oleoductos, 490 válvulas ilícitas y 837 bloqueos viales, de acuerdo con los datos citados por Surtidores Latam.

Ante estas dificultades, el mercado colombiano ha recurrido a importaciones puntuales, ajustes logísticos, modificaciones en las mezclas y manejo de inventarios para sostener el suministro.

Colombia introduce así una dimensión adicional al debate: un mercado de combustibles no solo debe enfrentar el precio internacional, sino también garantizar que el producto pueda llegar al consumidor.

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PRECIOS, UN DESAFÍO REGIONAL

Los casos muestran que no existe una única fórmula para enfrentar un aumento internacional de los combustibles.

El Salvador utiliza precios de referencia y ha recurrido también a subsidios temporales; Costa Rica enfrenta el traslado de parte del aumento internacional a sus precios internos; México muestra el límite que puede alcanzar una política basada en estímulos fiscales; y Colombia enfrenta, además del precio, un desafío de abastecimiento e infraestructura.

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Guatemala reúne varios de estos elementos. El nuevo mecanismo busca contener el precio al consumidor, pero su sostenibilidad dependerá de cuánto duren las presiones internacionales, cuánto dinero sea necesario utilizar y cómo evolucione el precio del diésel, un combustible con un peso importante en el transporte de carga y los costos de distribución.

La discusión, en Guatemala, termina regresando a una pregunta central: cuánto puede costar contener los precios de los combustibles y durante cuánto tiempo puede sostenerse esa política sin trasladar el costo a las finanzas públicas.

Maricela Herrera
Ana Maricela Herrera es periodista y editora con experiencia en cobertura y edición de temas políticos, económicos e internacionales. Ha dirigido equipos en medios y trabajado en comunicación institucional y estrategia informativa.
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