
El fenómeno de El Niño, ya establecido en la región, continúa intensificándose y podría agravar la situación alimentaria del país. De acuerdo con un boletín técnico del Instituto de Investigación en Ciencias Naturales y Tecnología (Iarna) de la Universidad Rafael Landívar, unas 377 mil hectáreas de cultivos están en riesgo, mientras que 3.2 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda.
El informe advierte que Guatemala atraviesa un escenario climático marcado por la escasez de lluvia, una canícula prolongada y temperaturas elevadas. Estas condiciones afectan la producción agrícola y, posteriormente, pueden repercutir en los precios de los alimentos.
Según el boletín, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, en inglés) había establecido que El Niño ya estaba presente y mostraba una tendencia de intensificación.
Los pronósticos citados por el Iarna calculaban un 90% de probabilidad de que el fenómeno alcanzara al menos una intensidad fuerte y un 81% de que llegara a una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre. El punto máximo se prevé entre noviembre de 2026 y enero de 2027.
El estudio aclara que el término «Super Niño» no corresponde a una categoría científica oficial, sino que se utiliza para describir episodios de El Niño de intensidad fuerte.
MAGA señala que cultivos de granos básicos son los más afectados por sequía
MENOS LLUVIA Y CANÍCULA DE 40 DÍAS
Para Guatemala, el escenario que detalla Iarna contempla una reducción de la precipitación de hasta una tercera parte de lo normal, lo que equivale a unos 300 milímetros menos en algunas zonas.
Además, la canícula podría extenderse hasta 40 días, frente a las dos o tres semanas que suele durar normalmente.
Proyecciones del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación (MAGA) contemplan anomalías de temperatura de entre 0.5 y 2 grados Celsius, suelos secos, reducción de caudales y una menor disponibilidad de agua.
Además de esto, el Iarna señala que los aguaceros breves y fuertes sobre suelos resecos pueden aumentar la erosión, provocar deslaves e inundaciones.
Al menos 18 de los 22 departamentos están expuestos, según el documento, y los principales puntos vulnerables se encuentran en el Corredor Seco, el altiplano occidental y Alta Verapaz. El MAGA ha reiterado que 123 municipios son de alta vulnerabilidad por déficit hídrico.
MAÍZ Y FRIJOL, LOS CULTIVOS MÁS EXPUESTOS
El Iarna consigna en el documento previsiones del MAGA, según las cuales la canícula prolongada podría poner en riesgo 377 mil hectáreas de cultivos.
De esa superficie, unas 150 mil 802 hectáreas corresponden a maíz y frijol, los granos básicos identificados como los más sensibles.
También figuran aproximadamente 42 mil hectáreas de café, 32 mil de caña de azúcar, 16 mil 700 de banano y 100 mil de pastos.
Por las afectaciones de los cultivos, el boletín señala que existen dos impactos: la pérdida de granos básicos afecta directamente a los productores de subsistencia, mientras que las pérdidas en cultivos de exportación pueden traducirse en una reducción del empleo asalariado rural.
Ante esto, Iarna recuerda que durante 2023 se registraron pérdidas de 70 mil 926 hectáreas de granos básicos, de las cuales el 75.9% fueron atribuidas a la sequía.
También menciona el episodio de 2015-2016, cuando unas 175 mil familias del Corredor Seco perdieron entre la mitad y la totalidad de sus cosechas de maíz y frijol.
3.2 MILLONES EN INSEGURIDAD ALIMENTARIA
Iarna señala que la Clasificación Integrada de Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF) proyecta que 3.2 millones de personas, lo que significa el 17% de la población, enfrentarán inseguridad alimentaria aguda durante julio-septiembre de 2026.
El documento también señala que el Corredor Seco figura entre los 13 focos críticos globales de hambre identificados por la FAO y el Programa Mundial de Alimentos, con unas 250 mil personas que ya se encontrarían en fase de emergencia alimentaria.
Falta de lluvias causa pérdidas en cultivos de 138 municipios, con 236 mil familias afectadas
A esto se suma una reducción del 59% en la asistencia humanitaria internacional, según el informe citado por el Iarna, lo que implica una mayor presión sobre la capacidad nacional de respuesta.
Este escenario climático se sobrepone a una situación nutricional que ya presenta cifras preocupantes, pues el boletín da cuenta de que entre el 19 y el 25 de julio la vigilancia epidemiológica acumulaba 12 mil 974 casos de desnutrición aguda en menores de cinco años y 21 muertes confirmadas.
Los casos se concentraban principalmente en Alta Verapaz, San Marcos y Huehuetenango.
Por esto, el instituto plantea que el riesgo del fenómeno no debe analizarse únicamente como un problema meteorológico.
La pérdida de cosechas puede reducir los ingresos de los hogares, limitar la alimentación y aumentar la vulnerabilidad ante enfermedades, generando una cadena de efectos que puede extenderse por meses.
IARNA PIDE ANTICIPARSE AL IMPACTO
Ante este escenario, la institución plantea que la respuesta no debería esperar a que se materialicen las pérdidas.
Entre las medidas que propone están las compras públicas anticipadas de granos y reservas estratégicas, la búsqueda comunitaria de casos de desnutrición aguda, el control de criaderos de mosquitos, la vigilancia de la calidad del agua y planes de protección para trabajadores expuestos al calor.
También plantea publicar previamente los criterios utilizados para distribuir la asistencia, con el objetivo de que la ayuda sea dirigida según los niveles de necesidad y pueda ser auditada.
El Iarna explicó que la oportunidad de actuar está entre el momento en que existe el pronóstico y aquel en que se producen los daños.
En sus conclusiones, señala que “la incertidumbre atañe a la magnitud del pico, no a la ocurrencia del fenómeno”, y considera que la respuesta debe pasar de ser reactiva a anticipatoria.







