
Pero es que me siento cansado todo el tiempo
La sensación de fatiga crónica se ha convertido en un estado habitual para muchos guatemaltecos, y un descanso completo durante el fin de semana no les aporta mayor cosa, solo es un respiro; se sienten cansados a diario.
La sensación constante de agotamiento lleva a las personas a ignorar las señales de su cuerpo, atribuyéndolas al estrés de la vida diaria. Sin embargo, es importante comprender la diferencia entre la fatiga cotidiana, el agotamiento emocional y las afecciones médicas graves que requieren atención médica –suelen decir los salubristas–.
Para el personal de salud de atención primaria, resulta difícil distinguir entre los diferentes tipos de fatiga. La fatiga habitual tras completar un proyecto o trabajo intenso, suele desaparecer con una buena noche de sueño, mientras que el agotamiento emocional cambia la perspectiva de la vida, provocando cinismo y una sensación de vacío interior. Estos síntomas destructivos, suelen agravarse con una dieta poco saludable, como cuando comer en exceso por la noche se convierte en un intento del cerebro por compensar la tensión nerviosa. Es importante recordar que ignorar estas situaciones y no atenderlas, puede provocar un deterioro cognitivo.
Muy a menudo las deficiencias vitamínicas o los desequilibrios hormonales ocultos, se esconden tras la máscara de la fatiga crónica, por lo que, si el sueño no trae recuperación, es necesario someterse a pruebas básicas para descartar anemia o disfunción tiroidea, por ejemplo.
¿Cuál es la diferencia entre la fatiga normal y la fatiga crónica?
Y a eso se suele responder: La fatiga normal desaparece tras el descanso, mientras que la fatiga crónica persiste durante meses y no desaparece ni siquiera después de unas largas vacaciones. Si la afección se acompaña de dificultad para concentrarse, dolores de cabeza y disminución del interés por la vida, es fundamental consultar con un especialista.
Por otro lado, los psicólogos recomiendan que cuando los fines de semana no ayudan a recuperarse, esto suele indicar agotamiento emocional, en el que los recursos del sistema nervioso son insuficientes para una «recarga» rápida en dos días.
Una queja común con el cansancio es el dolor de cuello, hombros o espalda. Tras un episodio de estrés, los especialistas suelen decir que se produce una tensión muscular refleja; la persona tensa inconscientemente músculos y la molestia se manifiesta al relajarse y el dolor y el cansancio puede aparecer después de que la situación estresante haya terminado. El mecanismo está relacionado con el funcionamiento de los músculos y las estructuras nerviosas y solo después, cuando el estrés ha pasado y los músculos se han relajado, la persona comienza a sentir dolor. En la mayoría de los casos, este tipo de dolor no se considera grave. Generalmente desaparece por sí solo, pero el ejercicio adecuado puede acelerar la recuperación. Esto incluye principalmente ejercicios de estiramiento y fortalecimiento. El ejercicio físico es un buen método preventivo y de tratamiento.
Entonces ¿Qué debo hacer?
Los protocolos clínicos recomiendan que conviene consultar a un médico si el dolor persiste durante varias semanas, molesta constantemente u obliga a la persona a adoptar posturas especiales para aliviarlo. En estos casos, puede ser necesario realizar más pruebas. Incluso en casos avanzados, el problema puede tratarse si se aborda la causa subyacente a tiempo.
Es cierto que la nutrición influye
¡Sí!. Los nutriólogos destacan que la hipovitaminosis puede sospecharse a partir de una serie de síntomas inespecíficos, que a menudo se atribuyen al cansancio y al exceso de trabajo. Estos incluyen disminución del rendimiento, debilidad persistente incluso después del descanso, irritabilidad, dolor muscular y articular, tendencia a la aparición de hematomas, sangrado de encías y resfriados frecuentes. La deficiencia grave también afecta al tejido conectivo.
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Le doy ejemplos. En países no tropicales la fatiga crónica, los moretones inexplicables y el sangrado de encías podrían indicar no exceso de trabajo, sino una deficiencia prolongada de vitamina C que se desarrolla a lo largo de meses debido a una dieta desequilibrada. El problema se agrava por el consumo excesivo de comida rápida, productos horneados, conservas y alimentos preparados, lo que a menudo conlleva una ingesta insuficiente de frutas, verduras y hierbas frescas. Dado que el cuerpo no sintetiza la vitamina C, su deficiencia se desarrolla gradualmente como consecuencia de estos hábitos alimenticios. Esta afección no aparece de repente, sino que se desarrolla a lo largo de meses si la persona no consume suficiente vitamina C de forma constante. Por lo tanto, muchas personas no atribuyen el deterioro de su salud a esta causa específica durante mucho tiempo.
En nuestro medio otro caso lo tenemos con el hierro y cada vez más en contextos urbanos. La fatiga crónica, la palidez persistente, la fragilidad en las uñas y la sensación constante de falta de aire no suelen ser simples secuelas del estrés cotidiano, sino manifestaciones de una deficiencia progresiva de hierro. Esta carencia se gesta de forma silenciosa a lo largo de meses cuando la dieta prioriza alimentos ultraprocesados, harinas refinadas y azúcares en detrimento de fuentes ricas en hierro biodisponible, como legumbres, carnes magras, frutos secos y vegetales de hoja verde.
El problema se agudiza por patrones de consumo donde predominan bebidas e ingredientes que inhiben la absorción del hierro no hemo —como el exceso de café, té o refrescos ingeridos junto con las comidas— y por la falta de combinaciones clave, como el consumo de vitamina C, necesaria para su asimilación. Dado que el organismo reutiliza el hierro, pero no lo produce, el agotamiento gradual de las reservas de ferritina ocurre de manera imperceptible. La persona adapta su rutina al cansancio sin notar que su rendimiento físico y cognitivo se merma mes a mes, por lo que rara vez atribuye esa astenia sostenida a un déficit nutricional subyacente hasta que la anemia ferropénica ya está instaurada. Se estima que en Guatemala entre el 14% y el 16% de las mujeres en edad reproductiva (15 a 49 años) padecen anemia. La etapa de mayor vulnerabilidad se registra entre los 6 y 11 meses de edad, donde aproximadamente 7 de cada 10 lactantes (hasta un 70%) presentan anemia. En el grupo de 12 a 17 meses, la cifra ronda el 60%, descendiendo a cerca del 26%–32% en el total de menores de 5 años (ENSMI 2015).
En los países con un consumo irregular de sal adecuadamente yodada o con dietas restrictivas en alimentos de origen marino, la fatiga persistente, el aumento de peso inexplicado, la intolerancia al frío, la piel seca y la sensación de lentitud mental no suelen ser meros signos de envejecimiento o agotamiento nervioso, sino manifestaciones de un hipotiroidismo subclínico o instaurado por deficiencia prolongada de yodo. Esta carencia se gesta a lo largo de meses o años cuando la alimentación cotidiana prescinde de pescado, mariscos, lácteos o sales fortificadas, sustituyéndolas por sales gourmet no yodadas (como la sal marina gruesa o la sal rosa) o por un consumo elevado de alimentos procesados elaborados con sal industrial no yodada.
Otros males
Finalmente debemos considerar que la debilidad muscular neurológica no desaparece con el reposo y puede ser síntoma de una enfermedad grave, como la miastenia gravis, mientras que la fatiga común desaparece por completo tras la recuperación. Dichos síntomas pueden indicar afecciones que implican debilidad muscular severa, las cuales requieren un examen especializado. A diferencia de la fatiga común, las afecciones que producen fatiga crónica no se asocian con agotamiento, sino con patología neurológica. Infecciones, trastornos del sueño, reumatológicos, gastrointestinales, cardiovasculares, diabetes, trastornos psiquiátricos, son ejemplos de ello. Son enfermedades que provocan una mayor fatiga muscular debido a alteraciones en la transmisión de señales neuromusculares. Esta debilidad puede empeorar por muchas causas y tener muchas manifestaciones. La persona tiene dificultad para caminar, se cansa rápidamente y se ve obligada a acostarse para descansar. Toda situación de fatiga crónica necesita de un diagnóstico médico.
Para los médicos, la principal diferencia entre estas afecciones y la fatiga común radica en la respuesta del cuerpo al descanso. Tras un esfuerzo excesivo, la persona suele recuperarse, mientras que, en un trastorno neurológico, los síntomas persisten y no desaparecen ni siquiera después de dormir o descansar. Por lo tanto, la debilidad prolongada que no mejora con el tiempo debería ser motivo para consultar a un médico.
En algunos casos, es más probable que intervenga un factor genético, del que la persona suele desconocer hasta que la enfermedad se manifiesta. Normalmente no existen causas externas evidentes que puedan identificarse de antemano, ya que la enfermedad se desarrolla según sus propias leyes. Por lo tanto, si aparecen síntomas, no se debe intentar explicar la situación por cuenta propia. Es importante consultar a un médico, describir los nuevos síntomas con detalle e insistir en un examen completo.







