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El terremoto del 10 de agosto de 2026 en Colombia no solo nos dejó una lección de geología. También nos dejó una lección de ingeniería y de comportamiento humano frente a un planeta que se mueve. Nos debe dejar una lección de prevención. 

Un ingeniero estructural egresado de la Universidad del Valle, en Cali, hizo este comentario a Inés Restrepo, una ingeniera de la Universidad del Valle de Cali. Dijo con claridad algo que muchos confundimos: diseñar edificios completamente “antisísmicos”, es decir, que no sufran ninguna afectación, es extremadamente costoso y técnicamente muy difícil. Eso también me lo aclaró Yolanda Serres de la Universidad Central de Venezuela al leer mi artículo sobre el terremoto de la Guaira el 29 de junio del 2026, por eso se diseñan sismorresistentes. La condición de diseño es que la estructura resista, que libere la energía primero a través de fisuras o grietas en elementos no estructurales (fachadas, muros divisorios, cubiertas) y luego, si es necesario, en los elementos estructurales (columnas, vigas, muros de carga), pero sin llegar al colapso. El objetivo principal es salvar vidas.

Después de este sismo, dijo, vendrán, en los próximos dos años aproximadamente, evaluaciones detalladas de cada edificación. Algunas solo necesitarán recuperar elementos no estructurales. Otras requerirán refuerzo porque los elementos estructurales ya presentaron fatiga de material y deben prepararse para el siguiente evento.

Este terremoto, aunque fuerte, no es el que los ingenieros de Cali más temen. Fue un sismo de la zona de subducción del Pacífico, relativamente lejano según expliqué en mi artículo del pasado sábado. El sismo para el que realmente deben prepararse es el que se genere en alguna de las tres fallas cercanas: Dagua-Calima, Cali-Patía o el complejo de Romeral. Por eso la invitación del gremio de ingeniería es clara: reconstruir y reforzar las edificaciones para que vuelvan a resistir todo el espectro de sismos de diseño (desde magnitud 4 hasta 8.8), considerando los eventos ocurridos en Colombia en los últimos cincuenta años.

Dos habitantes de Cali coincidieron en señalar factores que, por azar, jugaron a favor y redujeron el número de víctimas. El sismo ocurrió a las 7:34 de la mañana. La mayoría de las familias ya estaban levantadas, en el comedor, cerca de la puerta de salida. Los edificios de oficinas todavía estaban vacíos; los trabajadores se encontraban en la calle, movilizándose hacia sus puestos de trabajo. Los primeros veinte segundos fueron suaves. Eso dio tiempo para salir. Después vinieron dos temblores muy fuertes y el movimiento continuó de forma más suave hasta completar casi dos minutos. En Guatemala el terremoto de 1976 fue a las 3 de la mañana, así que nos agarró durmiendo a todos y con muchísimas estructuras de adobe (bloques hechos de tierra). 

Estos detalles no son menores. La hora, la ubicación de las personas y la forma en que se desarrolló el sismo marcaron una diferencia importante, así como las estructuras y hasta su orientación en relación con la onda sísmica, no digamos el suelo donde se construye. La naturaleza no elige el momento más conveniente, pero a veces, por azar, nos da una pequeña ventana de oportunidad.

Desde Guatemala, donde todavía recordamos las tres de la mañana del 4 de febrero de 1976, estas lecciones nos hablan directamente. No basta con saber que vivimos sobre placas tectónicas. Hay que construir de manera sismorresistente, evaluar y reforzar lo que ya existe, y educar a la población para que sepa cómo actuar en los primeros segundos.

El planeta se mueve. Nosotros también debemos movernos: hacia una mejor preparación, hacia una construcción más responsable y hacia una solidaridad que no se quede solo en palabras.

Abrazo, una vez más, a los hermanos y hermanas de Colombia.

Fernando Castro

Analista Migratorio guatemalteco. Vice Cónsul de Guatemala y Encargado del Despacho, en el Consulado ubicado en Comitán de Domínguez, Chiapas, México, desde 2018 al 2021. Director de Comunicación Social, Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala, CONAMIGUA.

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