
Gianni Infantino llegó al Mundial de 2026 como el presidente que había convertido a la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) en una máquina de generar ingresos. Salió del torneo enfrentado con la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), cuestionado por gobiernos europeos, desautorizado por altos funcionarios de su propia organización y obligado a retirar el proyecto más ambicioso de su gestión.
La propuesta para abrir el Mundial al capital privado fue el detonante de una crisis que llevaba semanas gestándose y que terminó por evidenciar una fractura mucho más profunda: la pérdida de confianza de buena parte del fútbol internacional en el dirigente suizo y en la independencia de la institución que gobierna el deporte más popular del planeta.
El primer síntoma apareció todavía con el balón en juego. La decisión de suspender la sanción que impedía disputar los octavos de final del Mundial al delantero estadounidense Folarin Balogun desató un terremoto político cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, admitió públicamente haber llamado a Infantino para pedir que se revisara la tarjeta roja.
El presidente de la FIFA confirmó la conversación y defendió la independencia de los órganos disciplinarios, pero la explicación no disipó las sospechas. Para la Federación Belga, la UEFA y miles de aficionados, la resolución representó un trato de favor hacia la selección anfitriona y abrió una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto las decisiones de la FIFA seguían siendo impermeables a las presiones políticas?
CONVERTIR EL MUNDIAL EN UNA COMPAÑÍA PRIVADA
El hecho fue interpretado como el último eslabón de una relación que desde hacía años venía estrechándose entre Infantino y Trump. La amistad entre ambos se había traducido en gestos cada vez más visibles: la creación del Premio FIFA de la Paz para entregárselo al mandatario estadounidense, elogios públicos a su liderazgo, la participación de Infantino en actos oficiales de la Casa Blanca, viajes conjuntos y una serie de iniciativas impulsadas desde la FIFA que reforzaban esa cercanía. Incluso, tras el Mundial, Trump llegó a promover la candidatura del presidente de la FIFA para ocupar la Secretaría General de Naciones Unidas, según una publicación de The New York Post.
Sin embargo, el verdadero punto de ruptura llegó apenas unos días después del Mundial. El diario británico The Times reveló que Infantino impulsaba una profunda transformación de la FIFA mediante la creación de una empresa que administraría los derechos comerciales de la Copa del Mundo masculina y femenina.
La nueva sociedad abriría parte de su capital a inversionistas privados seleccionados con la participación de Thrive Capital, firma propiedad de Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno de Trump, mientras JP Morgan actuaría como asesor financiero. Según la información publicada, el propio Infantino aspiraba a dirigir esa estructura una vez concluyera su mandato al frente de la FIFA.

La iniciativa provocó una reacción inmediata porque, para sus críticos, el problema no era únicamente económico. La UEFA interpretó que la propuesta alteraba la naturaleza misma de la FIFA. El organismo dejaría de ser exclusivamente el regulador del fútbol mundial para convertirse, al mismo tiempo, en beneficiario directo de una estructura empresarial cuya rentabilidad dependería del valor comercial del Mundial.
Esa doble condición, sostenían dirigentes europeos y expertos en gobernanza deportiva, abría un conflicto de interés incompatible con el papel histórico de la FIFA como árbitro del juego. «El alma y la gobernanza del fútbol no son activos con los que se pueda comerciar», respondió la UEFA en uno de los comunicados más duros emitidos contra la organización en los últimos años.
UN INTENTO FALLIDO
La preocupación dejó rápidamente de ser exclusiva del fútbol. Reino Unido y Francia reclamaron una respuesta conjunta de Europa y pidieron transparencia sobre el proyecto.
Poco después, el comisario europeo de Juventud, Cultura y Deporte, Glenn Micallef, advirtió que la Comisión Europea estudiaría la iniciativa para determinar si vulneraba el derecho comunitario. El funcionario alertó de que cuando el regulador de una competición comparte intereses con inversionistas privados aparecen dudas inevitables sobre gobernanza, competencia y conflictos de interés.
Mientras las críticas crecían en Europa, Infantino emprendió una intensa campaña para asegurar el respaldo de las 211 federaciones nacionales. La propuesta prometía multiplicar los recursos que reciben de la FIFA, ofreciendo hasta 86 millones de dólares durante tres ciclos mundialistas para quienes apoyaran la reforma. Sus adversarios interpretaron la estrategia como un intento de asegurar votos antes de las elecciones presidenciales de 2027. Javier Tebas, presidente de LaLiga y miembro del comité ejecutivo de la UEFA, acusó al dirigente suizo de utilizar el futuro del fútbol para consolidar su permanencia en el poder.
La respuesta de Europa fue inédita. La UEFA reunió de urgencia a sus 55 asociaciones nacionales y aprobó por unanimidad un boicot a todas las competiciones organizadas por la FIFA mientras el proyecto siguiera vigente. El comunicado denunció que las federaciones estaban siendo sometidas a un ultimátum económico y acusó a Infantino de sustituir el consenso por la intimidación. El conflicto dejaba de ser una disputa administrativa para convertirse en una batalla abierta por el control del fútbol mundial.

La rebelión terminó por extenderse fuera de Europa. La Confederación Asiática se alineó con la UEFA y la Concacaf al reclamar transparencia y consultas reales antes de modificar la estructura de la FIFA. Ese mismo día, Carlos Cordeiro, uno de los asesores más cercanos de Infantino y responsable estadounidense del Mundial de 2026, presentó su dimisión denunciando públicamente el proyecto.
Horas después, Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA, aseguró que incluso la propia administración había sido mantenida al margen de los planes del presidente y calificó la iniciativa como el proyecto personal de un solo hombre. La posibilidad de convocar un congreso extraordinario para discutir una eventual destitución de Infantino comenzó entonces a circular entre varias federaciones, una hipótesis impensable apenas unas semanas antes.
Acorralado por el rechazo de Europa, Asia y Norteamérica, y sin garantías de reunir la mayoría necesaria para aprobar la reforma, Infantino terminó cediendo. El presidente anunció que retiraba el proyecto de privatización al reconocer que había generado divisiones incompatibles con los intereses del fútbol. Era la segunda gran derrota política de su mandato, después del fracaso de su intento por organizar el Mundial cada dos años.
LOS AFICIONADOS PIDEN EL RETIRO DE INFANTINO
La Asociación de Aficionados Europeos (Football Supporters Europe) insistió este sábado en que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, «tiene que irse», después de que el organismo confirmara que desiste de su intención de crear una filial para comercializar sus competiciones, entre ellas el Mundial, informa la agencia EFE.
«Los planes de venta del Mundial podrían haber desaparecido, pero el problema persiste. La escritura ha estado en la pared durante demasiado tiempo. Este hombre no es apto para gobernar el fútbol mundial. Infantino tiene que irse», escribió en redes sociales.
FSE ya pidió hace tres días que el presidente de la FIFA dejara su cargo cuando confirmó su idea de crear FIFA Forward Entreprise para comercializar, con participación privada sus competiciones, entre ellas la Copa del Mundo.
También este sábado y en el mismo sentido de pedir la marcha de Infantino de la presidencia de la FIFA, se pronunció la Federación de Accionistas y Socios del Fútbol Español (FASFE), agrega la agencia internacional de noticias.
«Detuvimos el vergonzante proyecto de privatizar las competiciones FIFA. Ahora Infantino debe cesar. Es un peligro para nuestro fútbol», afirmó.
La retirada del proyecto evitó una fractura inmediata del fútbol mundial, pero no restauró la confianza perdida. En apenas unas semanas, Infantino pasó de celebrar el Mundial más rentable de la historia a enfrentar una rebelión de confederaciones, gobiernos y dirigentes de su propia organización. Conserva la presidencia de la FIFA con una ola de pedidos que exigen su renuncia.







