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Mediante un video el 1 de julio del año en curso el señor Walter Ramiro Mazariegos Biolis, quiso hacerle creer a la comunidad educativa de la Universidad de San Carlos de Guatemala y por extensión a la población en general, que había comenzado su segundo periodo al frente de dicha casa de estudios. Trascendió que para entonces carecía de la Constancia Transitoria de Inexistencia de Reclamación, finiquito, que emite la Contraloría General de Cuentas, (CGC).

Posteriormente, el 7 de julio, la responsable de la Dirección de Asuntos Jurídicos de la universidad sostuvo que el finiquito no es un requisito que fija la Ley Orgánica de la Universidad de San Carlos y por lo tanto no es necesario para asumir el cargo al frente de la Rectoría; ello, contrario a lo establecido en la Ley de Probidad y Responsabilidades de los Funcionarios y Empleados Públicos, Decreto 89-2002 del Congreso de la República, que fija en el artículo 2 que esta ley «es de orden público y de observancia general».

Más aún, el universo de funcionarios obligados a contar con tal constancia se extiende a «dignatarios, autoridades, funcionarios y empleados públicos que por elección popular nombramiento, contrato o cualquier otro vínculo presten sus servicios en el Estado, sus organismos, los municipios, sus empresas, y entidades descentralizadas y autónomas», el texto destacado es propio para resaltar el incumplimiento del señor Mazariegos Biolis, hasta la semana anterior, cuando por orden de la Sala Sexta de lo Contencioso Administrativo «obtiene» el mentado documento. Es decir, pretendió «normalizar» su condición.

A ese paso, tal y como fue la reacción en múltiples espacios de las redes sociales, su voto, mi voto, estimable lector, no contará para nada el año próximo, pues alguna sala o la tergiversadora Corte de Constitucionalidad, serán quienes digan, afirmen y resuelvan quién o quiénes serán las autoridades «electas» el año próximo.

El mal ejemplo de la gavilla de ese ilegítimo Consejo Superior Universitario con Mazariegos Biolis a la cabeza es, posiblemente, la punta de lanza para otros desafíos y controversias que tendrán que resolver las autoridades electorales y la ciudadanía en general.

Pero, más aún, se ha producido una «enfermiza» normalización de ese rectorado tan viciado, al punto de haberse producido una auténtica pleitesía inaceptable alrededor de la inauguración de la sede de Humanidades en el departamento de Escuintla y denominarla con el nombre del señor Mazariegos Biolis.

Además, para hacer como que hace, una de las dependencias de la Universidad impulsó el reconocimiento de la «investigación y calidad educativa superior» de la Usac por parte de la organización francesa «Haut Conseil de l’évaluation de la recherche et de l’enseignement supérieur, abreviado Hcéres». De hecho, tal reconocimiento recibido en febrero de este año, tiene un plazo de cinco años y forma parte de la información general de la universidad en su página Web.

No obstante, el otorgamiento de dicho «sello de máxima calidad institucional, la acreditación de Hcéres por sí misma no equivale a una convalidación u homologación automática de títulos académicos específicos en el territorio francés, trámite que depende de los ministerios correspondientes», se lee como parte de la información del «Alto Consejo de Evaluación de la Investigación y de la Educación Superior de Francia».

Con esas y otras acciones se pretende «normalizar» la imposición y el fraudulento proceder de él y sus compinches. Si tan «normal» está el curso de actividades de esa comunidad educativa, ¿por qué restringir el ingreso al campus universitario de manera tan absurda? ¿Por qué se han «perdido» los registros académicos de los alumnos que, creyendo en el sistema, se opusieron a Mazariegos y hoy son víctimas de tan deleznable práctica? ¿Por qué se amenaza constantemente a profesores y trabajadores con severas sanciones? ¿Por qué una casa de estudios superiores con tales «acreditaciones» reprime la libertad de expresión y condiciona a la cátedra tan absurdamente?

¡Todo ello y más, no es «normal» señores del Consejo Superior Universitario!

Walter del Cid

Padre, abuelo. Lector casi empedernido. Conocedor de las intrincadas reglas del cuasi disfuncional Estado guatemalteco desde 1988 a la fecha. Inició su incursión en el periodismo de opinión en las páginas de La Hora con aportes en la sección «Cartas de los Lectores» en septiembre de 1993. En 2006 tuvo el honor de ser jefe de Información de esta Tribuna y no mostrador. Casi ininterrumpidamente colaboró con columnas de opinión en La Hora, el desaparecido El Gráfico, Siglo XXI de la primera época, Diario de Centro América, la Revista Crítica y eventualmente para la Universidad Johns Hopkins en temas de población y desarrollo. Esta es mi Tercera Época en La Hora, gracias por ello. Creer en la democracia no es una cuestión circunscrita a razones teóricas, es una forma de vida y se aplica a la cotidianidad de nuestros actos.

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