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Durante años hemos explicado la violencia en Guatemala atribuyéndola al narcotráfico y al crimen organizado internacional. Sin embargo, mientras discutimos amenazas externas, un fenómeno más cercano continúa creciendo: el poder de las maras. Hoy no solo controlan territorios y extorsionan a miles de guatemaltecos; también han perfeccionado sus estructuras y consolidado buena parte de sus operaciones desde las cárceles. Comprender esta realidad es indispensable para enfrentar uno de los principales desafíos de seguridad del país.

El problema: Las cifras relacionadas con la violencia van en aumento. Todos creen que se trata del narcotráfico y del crimen organizado a nivel internacional, cuando realmente estamos en manos de las maras, que dirigen gran parte de sus operaciones desde las prisiones, donde permanecen “guardados”, término muy común entre ellos.

Y es que, tanto en prisión preventiva como ya sentenciados —algunos con condenas de hasta 300 años—, los centros penitenciarios sirven de protección para que los jefes de las maras no sean asesinados en la calle. Además, funcionan como centros de operaciones, pues desde ahí es donde dirigen sus actividades criminales.

Hasta la saciedad se ha dicho que desde el interior de las prisiones salen las órdenes y se ejercen los controles, porque ahí habitan los mareros que tienen de rodillas incluso a los narcotraficantes, ya que sin ellos no existe el narcomenudeo.

¿Qué pasó? Se viene hablando desde hace años de la reforma al sistema penitenciario. Se han aprobado leyes y se han impulsado distintos esfuerzos, pero los resultados siguen siendo limitados. Francisco Jiménez lo advirtió en entrevistas y conversaciones sostenidas en el Roberto Alejos Podcast: el control de los centros penitenciarios es fundamental, porque desde allí se coordinan muchas de las actividades criminales, especialmente las extorsiones.

El nuevo ministro ya está tomando medidas para bloquear los celulares, lo cual sabemos que difícilmente funcionará. Los intentos han sido muchos y, aunque contemos con la mejor tecnología, el problema está en las personas, porque la corrupción —esa metástasis que se encuentra por todos lados— tampoco perdona al sistema penitenciario.

En el Roberto Alejos Podcast de esta semana conversamos con Norman Ruano, exfuncionario del sistema penitenciario, 8 años en el Ministerio Público y autor del libro “El infierno del sistema penitenciario: rompiendo el silencio”.  La conversación confirmó una realidad incómoda: las maras han ampliado su poder y control territorial. Sus líderes ya no se esconden en barrios marginales; hoy pueden encontrarse en residencias de lujo y en algunos de los sectores más exclusivos del país.

NO SE VALE que no sepamos cuánto han crecido las maras ni que desconozcamos su historia. Todos sabemos que surgieron entre salvadoreños en Los Ángeles y luego se expandieron hacia El Salvador, Honduras y Guatemala. Es un fenómeno regional que ha desesperado a la población. De ahí que el presidente Bukele mantenga un respaldo político difícil de ignorar: muchos salvadoreños perciben que su gobierno logró resultados en seguridad que durante décadas parecieron imposibles, más allá del debate sobre los métodos utilizados.

En Honduras, por ejemplo, llegaron a asesinar al hijo de un Presidente. La respuesta fue una ofensiva frontal contra las cárceles controladas por las maras (las quemaron con ellos adentro). ¿Y qué ha pasado después? Muchos de esos grupos han fortalecido sus vínculos en Guatemala. Nuestros mareros se han sofisticado, han evolucionado y están cubriendo cada vez más espacios del territorio nacional. No se pierdan el capítulo de esta semana del podcast para entender por qué Escuintla ocupa el segundo lugar en violencia en el país; descubrirán que las maras tienen mucho que ver con ello.

¡YA ES HORA! de aceptar que las maras cuentan con aliados que no son mareros, pero que reciben dinero y hacen negocios con ellos. Hay empleados bancarios que facilitan la apertura de cuentas; de lo contrario, ¿cómo explicar que quienes extorsionan, hackean WhatsApp, ofrecen dólares o promueven falsas asociaciones utilicen cuentas bancarias sin mayores obstáculos? Resulta difícil creer que el sistema financiero no pueda determinar con certeza quién es el verdadero titular de una cuenta.

Ponen talanqueras en las colonias, controlan tiendas, distribuyen gas, manejan el transporte público y, en la zona 18, incluso controlan el único servicio de cable e internet disponible. El narcotráfico depende de ellos para el narcomenudeo y, en muchos casos, también para el sicariato.

No se trata solo de hacer un análisis o una crítica. Se trata, una vez más, de preguntarnos qué hacemos y en qué apoyamos. Por lo menos debemos ser conscientes de que ahora ya no llevan tatuajes visibles y pueden infiltrarse en todo tipo de organizaciones.

Que nos duela saber que la violencia en el país es uno de nuestros principales problemas; que ahuyenta al turismo, espanta a los inversionistas y, peor aún, que ya no asusta a los guatemaltecos porque hemos aprendido a convivir con ella. Que ese dolor nos mueva a actuar, a involucrarnos y a asumir nuestra responsabilidad en la construcción del país que queremos. Caminemos, participemos… o no avanzamos.

 

José Roberto Alejos Cámbara

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