Con fecha 10 de julio publiqué mi primer artículo sobre este tema. Mes y medio después se hace más urgente el “cambio de régimen”. Los daños causados por Trump, tanto a su país y al continente americano como al resto del mundo, son colosales, casi irreversibles, y han generado una incertidumbre sobre el futuro, que podría incluir guerra atómica. Por ello, muchos analistas cristianos interpretan que ese perverso comportamiento coincide con lo anunciado en el Apocalipsis de San Juan. Instamos a los Republicanos a darse cuenta que si bien las decisiones inconsultas y aberrantes para las políticas han sido de Trump, la responsabilidad recae también en su Partido.
En política exterior, Trump genera la burla de la comunidad internacional, aunque nada de lo que hace es motivo de risa. Su guerra contra Irán, que ya la perdió en todos los frentes, produjo su exabrupto de que el estrecho de Ormuz es ahora parte de EE. UU.-; en forma irónica y despectiva, Irán ha afirmado que California ha pasado a ser territorio iraní. Igual desquiciamiento muestra su reciente disgusto con Canadá, al que impuso tarifas y limitaciones innecesarias y perjudiciales. Ante la reacción canadiense, cambiará de nombre al Lago Ontario, límite entre los dos países, por el de “Lago América». Canadá ha advertido que puede detener el flujo de agua a una zona grande de EE. UU., tanto para consumo como para electricidad, por la prepotencia estadounidense.
Quiere Trump intervenir en la Organización de las Naciones Unidas, ahora encaprichado con decidir quién ocupa la Secretaría General. Al principio sólo se opuso a Michelle Bachelet, expresidenta de Chile y con gran experiencia en la ONU, por ser mujer y por ser opuesta a su amigo, el presidente chileno Kast. Ahora, su errante mente le ha sugerido proponer a Gianni Infantino para el cargo -presidente suizo de la FIFA que ha convertido el fútbol en millonario negocio, sin ética alguna-, cuando, según la tradición de las Naciones Unidas, le corresponde el cargo a una personalidad de América Latina o el Caribe.
Las políticas internas de Trump han sido demoledoras contra migrantes, programas sociales, y minorías que han sufrido discriminación y violación de derechos fundamentales. Las huestes de ICE-Gestapo han violentado, en su orden, a inmigrantes indocumentados, inmigrantes que han gozado de protección migratoria, migrantes poseedores de residencia permanente y aún a ciudadanos. Los abusos son constantes -más de cincuenta personas han muerto en prisión y varios ciudadanos han sido asesinados por agentes de ICE- y existe impunidad total para los esbirros y para sus jefes.
Los “crímenes de lesa humanidad” y otros delitos han aumentado el rechazo para Trump -su apoyo bajó a treinta por ciento- y todo apunta a una derrota electoral contundente en las elecciones de noviembre. En vez de ganarse a la población, trata de aplicar medidas para robarse las elecciones. Aunque empieza a darse cierta deserción entre los Republicanos, y hasta MAGA, es hora de insistir ante personas honestas de ese partido que deben pronunciarse por la expulsión del tirano.







