Autor: Alejandra Ronquillo
Instagram: @aleso_ronquillo
Editorial: youngfortransparency@gmail.com


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A lo largo de estos tres años de gobierno, me he tomado la tarea de preguntarles a los guatemaltecos con los que me cruzo ¿qué es lo que piensan del gobierno actual, el de Semilla, el de Bernardo Arévalo?  

Al responder, unos con avidez y otros con mayor pesar, me han dicho que no funciona, que no ha sido lo que ellos esperaban, que tenían esperanza de ver un cambio que no ha pasado, incluso algunos me refieren sobre su participación en la defensa de la democracia de 2023, esa que habilitó la toma de posesión el 14 de enero del 2024, pero que el presidente no ha cumplido. Hace unos meses, Consuelo Porras era la responsable de las limitaciones; hoy, dicen que nada ha cambiado a pesar de que ella ya no se encuentra en el puesto de fiscal. Todo esto indica una cosa: los guatemaltecos se encuentran desilusionados de la llamada Nueva Primavera Democrática.

Sobre las causas, le atribuyen al carácter del presidente, que no es impetuoso, que es muy blando, que está dormido; y el presidente responde tratando de explicar en pocas palabras con una jerga no muy técnica para el ciudadano común lo que sucede hacia dentro de las puertas del Palacio Nacional: “el Ejecutivo tiene un poder limitado”.

Y contra la tesis común, esa que todos repiten sobre el carácter y la personalidad, está esta otra, la que no pone nombres e indica que el Ejecutivo tiene poco poder porque así se pensó y se construyó el Estado de Derecho guatemalteco a finales de los ochenta, cuando se buscaba que no hubiera otro dictador, otro Jorge Ubico o Ríos Montt. Pero ese Estado democrático tampoco se pensó para el pueblo, se pensó también para una élite, ser electo por la población, pero ser dominado por el sector económico organizado. El presidente, debía ser un peón dentro del juego, removible de ser necesario, y les había funcionado hasta 2023.

Contrario a la tesis común, Bernardo no es un peón, pero juega bajo reglas de un juego impuesto. Preguntarse sobre las atribuciones del Organismo Ejecutivo es lo que le corresponde a cualquier buen crítico, así como preguntarse qué hay más allá de la tesis común, principalmente en la proximidad del año electoral, en la que cada candidato tomará y hará propio el discurso sobre que su carácter y personalidad son las verdaderas soluciones a los problemas de la sociedad guatemalteca.

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