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Quisiera convertirme en una nube blanca, de esas que parecen algodón, que se mecen en el viento, llenitas de sol de este solsticio, como brochas sobre el lienzo azul perfecto de un lago en el cielo, para poder acercarme como refrescante brisa a besar el cráter del volcán de Agua.

Las blancas nubes parecen estar quietas, pero si las miras con atención se mueven orgánicamente, suaves como la espuma del mar. A su paso por las mañanas, al mediodía, por las tardes, por las noches, dejan sobre el bosque nuboso del volcán un saludito de agua. Las microgotitas que tocan el dosel y la vegetación que cubre el suelo ayudan a mantener hidratadas las hojas y permiten que se abran los estomas del envés, esas diminutas boquitas 

Como cuando abres tu boquita para beber esa agua que nunca puedes olvidar, porque la ves y la vives todos los días, con ojos de diosa y de musa, con piel de hoja de trébol y de flor de orquídea, con aroma de aleteo de colibrí comiendo de las flores naranja con amarillo del cinco negritos, con sed de aves cantoras del desierto.

Quizás pasará sobre ti, volcán de Agua, una nube más fuerte, de esas que te riegan con lluvia horizontal, de la que queda atrapada entre la esponja de epífitas, bromelias, líquenes, musgos y orquídeas que se abrazan a las ramas de los encinos, los pinos tristes, los aguacatillos y los alisos. Parte del agua que alimenta estas montañas nace precisamente de ese milagro silencioso, y pocos lo saben.

Si me lo permites, volcán de Agua, quiero contar algo sobre ti que mucha gente quizás no sabe, pues te imaginan en un plano de dos dimensiones, como un óleo de los que venden en la carretera de vuelta de la cuesta de Las Cañas. 

Para que nos entendamos: hay personas especiales que están en un lugar, pero cuyo recuerdo vivo las hace presentes en muchos otros. ¿Tienes a alguien así en tu vida, amable lectora, amable lector?

Pues mira, el volcán de Agua irriga los campos y los acuíferos de muchos municipios de Sacatepéquez y de Escuintla; todo depende de sobre qué ladera la nube dejó caer la lluvia. Si llueve en la cara norte, las aguas superficiales y subterráneas se mueven hacia Antigua y Ciudad Vieja. Si lo hace en el sur, el agua viaja hacia Palín y el resto de la vertiente hacia Escuintla. 

Por eso la grandeza, majestuosidad e inolvidable belleza del volcán de Agua la admiran el turista desde Antigua Guatemala, el pintor desde Santa María de Jesús, el comerciante desde San Miguel Dueñas, el doctor y el poeta desde Santa Lucía Milpas Altas. Todos te vemos de frente porque representas la belleza de este lugar al que siempre queremos volver. 

Tus largas faldas, volcán de Agua, son magníficas, de múltiples texturas, y a tus pies la gente te llenó de cultivos, casas y ciudades. Si cierras los ojos, puedes viajar hasta allí cuando necesites inspiración, aliento, descanso, paz o valentía.

¡Qué lujo para mí es verte todos los días, desde mi ventana o desde las calles empedradas de Antigua! 

Eres fuerte en tu silencio y en tu distancia, con miles de años detrás sin hacer erupción; sigue así por favor, por lo menos hasta que nos reencontremos. 

Pasarán muchas generaciones y tú seguirás allí, amado volcán, como estuviste cuando vinieron los conquistadores a quedarse con esto que no era suyo. Cómo estarás cuando desaparezcamos todos y sigan las nubes visitándote.

Hace siglos te llamaban Hunapú, pero cambiaron tu nombre porque los registros históricos cuentan que un gran alud de agua, lodo, piedras y palos descendió de ti hacia Ciudad Vieja, soterrando a mucha gente. Así que en tu quietud hay una fuerza magnífica, una fuerza que sabe ponerse en pie mirando al firmamento. Recordémoslo siempre.

Es mi deseo que esta paz imponente que llevas siga siendo inspiración para quien necesita valentía en los días más difíciles; para quien necesita verte con ojos de amor, ilusión y esperanza, desde una terraza, tomándose un café o un trago; para quien se queda enamorado al ver cómo las nubes se posan sobre ti, te cubren y te acarician, como si se tratara de un ser amado al que vas a tapar con una sábana blanca llena de abejitas.

Quizás mañana puedo ser esa nube.

Y volver a visitarte.

(El Doctor del Agua. Marco Morales

Marco Morales

Marco Morales (Dr. Water), Director de Water Co. www.water-co.com Ph.D. en ingeniería hidráulica y medio ambiente, MSc. Gestión y Planificación del Agua (UPV, España), especialista en Water Quality Monitoring (JICA, Japón), Gestión económica de recursos naturales y ambiente (UAH, España), Ing. Agr (USAC, Guatemala) Correo: marcomorales@water-co.com | Whatssapp: +502 33258714

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