«Guatemala cansa. Guatemala lastima. Guatemala hiere». FC
Guatemala cansa. Guatemala lastima. Guatemala hiere. En el centro de este dolor que se arraiga en lo más profundo del ser colectivo que se encuentra hacia cualquier lugar donde miramos. El país es maravilloso, un paisaje que nos encanta, pero es un encanto que lastima. Mire la crisis de desnutrición que fue construida por gobiernos no solo ineptos sino ladrones, que más parecen que construyeron subdesarrollo que desarrollo. Que, acaso no nos da vergüenza de que el 50% de los niños menores de 5 años a nivel nacional tienen desnutrición crónica, la que está concentrada en áreas rurales y comunidades indígenas con 70% de desnutrición. Eso duele.
También duele la captura institucional de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) porque no se trata de un mero conflicto académico, sino de una herida abierta en el cuerpo de la república: la transformación de una institución nacida para emancipar el pensamiento en un botín del Pacto de Corruptos y de quienes han convertido este país en su finca privada.
La historia de Guatemala revela una metamorfosis trágica del poder. Lo que antaño se imponía con violencia directa, hoy se ejecuta mediante una sofisticada arquitectura de formas legales vaciadas de sustancia, como lo ha descrito el jurista Gustavo Galindo. La Usac, heredera de la Revolución de 1944, símbolo de autonomía, crítica y servicio al pueblo, ha sido cooptada con precisión quirúrgica. Su caída no es accidente de la historia, sino expresión de un proyecto deliberado: neutralizar cualquier semillero de pensamiento emancipador que amenace el orden establecido.
El operador y la mecánica de la usurpación En el corazón de esta maniobra se encuentra Walter Mazariegos, figura fiel al Pacto, cuya imposición en la rectoría el 8 de abril de 2026 estuvo marcada por irregularidades graves: exclusiones arbitrarias, opacidad deliberada y violaciones que socavan los principios más elementales de justicia procesal. Ante esto, la Corte de Constitucionalidad —llamada a ser guardiana última de la Constitución— ha optado por blindar lo irregular, convirtiéndose en escudo protector de la injusticia bajo el manto de la formalidad.
Mazariegos no actúa en soledad. Su red se extiende desde la Usac hacia universidades de papel y comisiones de postulación, tejiendo un entramado que asegura impunidad y control. Este modelo revela una lógica profunda: debilitar la universidad pública para extinguir su potencial transformador, mientras se mercantiliza la educación y se perpetúa la exclusión social, el autoritarismo y las divisiones históricas que han marcado nuestra nación.
La crisis constitucional y el silencio presidencial como bien ha escrito Jorge Mario Rodríguez, quien dice que vivimos una crisis del constitucionalismo mismo: la tensión entre el “poder contramayoritario” de tribunales no electos y la aspiración democrática. En Guatemala, esta tensión se vuelve lacerante. La CC, lejos de encarnar el ideal republicano, se degrada en instrumento de privilegios, negando la posibilidad de una sociedad reflexiva y justa.
Pero lo que agrava esta herida hasta convertirla en indignación moral es el silencio del Presidente Bernardo Arévalo. Aquel que llegó al poder bajo la promesa de una “Nueva Primavera”, invocando ideales de justicia, transparencia y ruptura con el pasado corrupto, ha guardado un mutismo calculado ante la captura de la universidad pública.
Este silencio no es mera omisión; es una traición ontológica a la esperanza que despertó en millones de guatemaltecos. Nos obliga a interrogarnos con crudeza filosófica: ¿fuimos engañados por un discurso que ocultaba una negociación pragmática con los mismos poderes que ahora protegen a Mazariegos? ¿O asistimos a un pacto tácito con el Pacto de Corruptos, donde la “gobernabilidad” se compra al precio de sacrificar la autonomía universitaria?
Este silencio presidencial revela una profunda contradicción ética: quien prometió defender la democracia opta por la comodidad de la inacción mientras se desmantela uno de sus pilares. En términos filosóficos, evoca la traición platónica del filósofo-rey que, ante la cueva, prefiere no liberar a los prisioneros sino acomodarse entre las sombras. Arévalo y su gobierno no solo fallan en actuar; nos confrontan con la posibilidad de que su proyecto fuera, desde el inicio, compatible con las estructuras de poder que dicen combatir.
Los intelectuales y académicos no estamos exentos de culpa. Muchos optamos por el silencio cómplice, ignorando el llamado de Otto René Castillo: un día el hombre sencillo del pueblo preguntará qué hicimos mientras la patria se apagaba.
La Usac, la Corte y el silencio que traiciona: Reflexiones repetitivas sobre su captura Recuperar el poder ciudadano frente a estas instituciones degradadas es el camino hacia una democracia constitucional auténtica: una que preserve principios fundamentales sin convertirse en instrumento de minorías privilegiadas.
Es hora de actuar con claridad moral y estratégica. Exigimos que el Ministerio Público investigue con rigor las denuncias de fraude y malversación. Demandamos que la Corte cumpla su rol republicano. Convocamos a docentes, estudiantes y ciudadanos a romper el silencio y movilizarse como se hizo valientemente este pasado domingo 21 de junio del 2026. A mediano plazo, urge replantear la autonomía universitaria bajo estricta rendición de cuentas, revisar las comisiones de postulación y desmantelar el entramado de instituciones ficticias al servicio del poder de los corruptos.
La Usac no pertenece a operadores ni a pactos oscuros: es patrimonio del pueblo guatemalteco, herramienta de liberación y faro de pensamiento crítico. Rescatarla significa rescatar la posibilidad misma de una república digna.
Guatemaltecos, enfrentemos esta indignidad no solo con rabia, sino con reflexión profunda y acción sostenida. El silencio presidencial nos ha desengañado; que ese desengaño se transforme en la fuerza ética necesaria para reconstruir lo que ha sido capturado. Porque si no actuamos ahora, la herida se volverá irreversible y la promesa republicana se extinguirá en la oscuridad de una finca mal administrada. Recuperemos a la Usac ahora, porque si no es ahora, no será nunca.







