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Aunque el lago de Amatitlán está en una condición verdaderamente deplorable, la playa mantiene su atractivo natural que sigue siendo novedoso para nacionales y extranjeros que encuentran una ciudad pujante en su actividad industrial y comercial con gran variedad de negocios, a la vera de la autopista y en los centros comerciales propiamente dichos.

El paseo en lancha se convirtió en la actividad casi necesaria para sentir el placer de observar los alrededores del lago con sus chalets abandonados y la vista del legendario Castillo de Dorión: así mismo, ver y oler los aromas de los diferentes alimentos que se ofrecen al público en los tradicionales comedores; también no se olvida recorrer la avenida principal del Parque Las Ninfas con sus ventas de dulces “típicos”.

En un pasado reciente, toda esa gama de atracciones culminaba con un viaje recreativo espectacular en el Teleférico, un sistema de transporte turístico sobre el lago y la montaña que fue inaugurado en el año mil novecientos setenta y ocho; su recorrido de un kilómetro y medio desde la estación de abordaje en el Parque Las Ninfas hasta El Filón, contó con trece torres de hierro de acero que sostuvieron su cableado y sus veintisiete cabinas o góndolas con capacidad para cuatro personas cada una; desde su estación de retorno en la parte más alta de la montaña denominada El Filón  se pudo disfrutar de una vista panorámica que abarcaba desde la mitad del lago con su relleno de tierra donde pasaba el ferrocarril hasta gran parte de la ciudad.

No entraré en detalles respecto a la condición ambiental del lago; por ahora, es necesario que la población esté informada respecto a la defunción, muerte, desaparición o abandono permanente de la atracción turística que fue el Teleférico, es lamentable que los últimos cinco gobiernos no hayan realizado gestiones para volverlo a la vida útil; tengo entendido que la Dirección General de Recreación del Trabajador del Estado perteneciente al Ministerio de Trabajo y Previsión Social de Guatemala,  fue la encargada de su operatividad y mantenimiento; sin embargo, ninguna de ellas se preocupó  de tan importante atracción.

El Teleférico operó durante veinte años ininterrumpidamente, sufrió algunas averías y fue reparado en el año dos mil seis prestando sus servicios hasta el año dos mil once cuando fue cerrado y desde ese entonces se mantiene inhabilitado.  Los gobiernos anteriores y las autoridades locales han prometido su rescate, restauración y rehabilitación como medida política en tiempo de elecciones, sin embargo, hasta hoy: NADA.

Por lo visto, aquí en Guatemala, casi todos los exfuncionarios han dejado una huella miserable en cuanto al desarrollo de sus actividades, ya que, las diferentes obras que estuvieron bajo su responsabilidad fueron descontinuadas, abandonadas, las dejaron sin el mantenimiento respectivo, pero eso sí, se aprovecharon de sus puestos para engordar su incipiente capital y convertirse en millonarios; no es que yo lo diga, la historia plasmada en los periódicos de la época lo demuestran e ilustran de manera muy clara.

Aún hay tiempo para que la actual administración pueda tener en consideración el revivir al muerto Teleférico de Amatitlán; el Ministerio de Trabajo que fue el administrador de ese sistema recreativo debe gestionar las partidas presupuestarias para su restauración, naturalmente, debe haber en dicho ministerio algunos estudios técnicos y financieros, además, será imprescindible la participación del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, el Instituto Guatemalteco de Turismo así como las Municipalidades de Amatitlán y Villa Nueva.

Esperemos que este grito de auxilio social y turístico hagan eco en quienes tienen la última palabra al respecto. 

Fernando Mollinedo

mocajofer@gmail.com

Guatemalteco, Maestro de educación primaria, Profesor de segunda enseñanza, Periodista miembro de la Asociación de Periodistas de Guatemala, realizó estudios de leyes en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de Historia en la Universidad Francisco Marroquín; columnista de Diario La Hora durante 26 años, aborda en sus temas aspectos históricos, educativos y de seguridad ciudadana. Su trabajo se distingue por manejar la palabra sencilla y coloquial, dando al lector la oportunidad de comprender de modo sencillo el universo que nos rodea. Analiza los difíciles problemas del país, con un criterio otorgado por su larga trayectoria.

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