Las izquierdas en Guatemala frecuentemente convierten sus diferencias en agudas contradicciones. Han llegado al punto que en ocasiones se han disputado electoralmente entre sí el puesto de perdedor.
Teniendo ese contexto como referencia, ahora tienen la oportunidad de cambiar esa práctica masoquista. Para lograrlo, considero que deben cumplirse los siguientes aspectos: que la gente perciba que Bernardo Arévalo está dejando un legado; que la dirigencia de Raíces comprenda que no puede pretender legitimarse a partir de atacar al gobierno, particularmente al Presidente; que la alianza entre el progresismo y la izquierda histórica se concrete y profundice; que se construya una amplia alianza política para continuar avanzando en la recuperación de la institucionalidad estatal, especialmente las cortes, de la cooptación en que aún las mantienen las redes político criminales; y que se inicie, con gradualidad, la construcción de un frente político de significativa amplitud de cara al próximo proceso electoral. Pero la piedra angular para lograr todo lo anterior es la unidad de la pluralidad de las izquierdas políticas.
Caminar en la dirección referida supone, entre otras cosas, lo siguiente: reconocer que el extinto partido Semilla, en sus dos fracciones (la que se quedó con Bernardo Arévalo y la que pretende construir Raíces), expresa el surgimiento del progresismo reformista en el escenario político actual; ver, con claridad, que ahora los pueblos indígenas se han convertido en relevantes actores políticos; y que la unidad de la pluralidad de las izquierdas no puede dejar de considerar que la izquierda histórica le proporciona sustento ideológico y visión revolucionaria a dicha pluralidad.
Ahora bien, actualmente, en el imaginario de la población, Raíces y la fracción de Semilla que se mantiene leal al Presidente, son los principales actores políticos que se asocian con la izquierda. Por eso es particularmente grave el error del principal liderazgo de Raíces de querer posicionarse en el área capitalina confrontando y hasta descalificando al Presidente a partir del tema del proyecto de Aerometro que impulsa el actual Alcalde metropolitano. No se dan cuenta que atacar al Presidente es un bumerang que también los golpeará a ellos.
Sobre las críticas descalificadoras de ese partido en formación a la conducta del Presidente con relación a dicho proyecto, seguramente hay mucho que hablar. Aerometro es un sistema de cable aéreo que va de Plazuela España hacia Mixco. No es un proyecto del Ejecutivo. El proyecto original de Semilla era el Metro, pero a estas alturas, lo que el gobierno plantea es el Metro Riel, un sistema de tren ligero que atravesará la ciudad de norte a sur. Son dos iniciativas diferentes, pero es deseable que se vinculen porque son parte de la movilidad urbana.
Raíces y su principal liderazgo tienen todo el derecho del mundo de posicionarse en el tema urbano en la capital. Pero la manera en que lo están haciendo es recurrir a las mismas prácticas, tan perversas como repetidas, de las izquierdas, que pretenden legitimarse atacándose entre sí.
Ya basta de esas prácticas. Aprendamos de la historia. Las izquierdas deben buscar su integración. Los intereses personales o de grupo no deben llevarlos a la confrontación con sus similares ideológicos. Esto no solo es desleal, sino que terminan cavando su propia tumba, provocando la decepción de la población ante las izquierdas, esas que entre ellas se señalan sus supuestos errores con contundencia destructiva.
Todo lo anterior no significa que el silencio cómplice ante la comisión de cualquier error sea lo deseable. Es solo tener conciencia que no se construye el proyecto transformador que es propio de las izquierdas utilizando prácticas que persiguen comerse entre sí mismas para ser cada una “la verdadera izquierda”.







