«El que mejor escucha es el que sabe leer», solía decirme mi padre. Así que, de vez en cuando, me doy mis escapadas a lugares públicos para observar. Para darme el gusto, ayer, en pleno partido de fut, agarré la plática con los parroquianos de la cafetería. Primero todo era hablar de fútbol y luego caímos en la política.
El licenciado se mostró estoico en su decir: la vida política de Guatemala, vista históricamente o en la actualidad, puede resumirse en una frase: los malos simplemente cambian de trinchera, mientras los buenos les dejan hacer. En otras palabras: los malos se siguen riendo en nuestras propias narices. Y en esta nuestra época «democrática», lo que está pasando no tiene precedentes de tan descarado actuar. Parece que el buen hacer político quedó solo como una ilusión; todo el mundo lo ve raro y, cuando se le cruza en el camino, le voltean la cara rápido, diciendo que es una prostituta, que se vende al mejor postor… perdón, a la mejor billetera.
La señora —empleada de banco— lo interrumpió cortésmente para decirnos: «Allá en la calle, las ilusiones y esperanzas que emanan de la política se nos han ido disipando. Ante los resultados de siempre, todos despertamos cada mañana con las puertas abiertas a la misma percepción: ¿qué cabronada se mandaron los unos y los otros ayer? ¿Qué trasteada se les ocurrió para desfalcarnos? En realidad, a buenos y malos los metemos en el mismo saco: puros timadores y aprovechados; unos ya en la jugada y otros esperando su turno, pero con el mismo resultado: llenar las arcas de poder y pisto».
De buen humor, él señor —no recuerdo su profesión— le respondió a la señora que tenía razón y complementó su idea: «Hay algo que a los políticos se les pasa por alto: siempre que quieren desmentir o afirmar algo, nadie les cree. Y aunque parezca mentira, todo el mundo habla de política; pero son puros cuentos. Cantos de esperanza cuajados de mentiras propias y ajenas. Tratamos de unir lo imposible: al pueblo y al gobierno, sin éxito alguno. No pretendo entrar en el valle de las lamentaciones, simplemente por acá de pura preocupación, andamos sacando adelante a la familia a puro pisto y sudor».
La señora inmediatamente añadió: «Con dolor y a base de sacrificios, todos tratamos a diario de espantar las penas y los problemas para poder sobrevivir. En resumen, como decía una señora de mi pueblo: lo único que hacen bien los políticos, y con el mayor de los descaros, es burlarse de nosotros y de nuestras necesidades. Nuestro sufrimiento siempre está ante su mirada, pero con indiferencia y hasta con odio por tener que recordárselo».
Para rematar sobre nuestra plática, un chavo, estudiante de agronomía, nos señaló que, ante la vida tan fregada a la que nos orillan los políticos, si uno no tiene con qué salvarse, solo queda la desesperación, migrar o caer en la drogadicción. «Los jóvenes vivimos cargados de violencia, sin saber exactamente qué hacer con ella ni con sus causas. Así que… nos quedamos en casa, pues no somos canallas como los que se dedican a la política.
Nosotros somos puro instinto, vivimos el hoy porque el mañana nos queda muy a trasmano. No hay un ayer ni un mañana, hay un hoy, y por eso jamás se nos va el tiempo en pensar en los políticos. Nos toca combatir miserias, y eso sí es cosa seria, porque uno se enfrenta con todo sin la ayuda necesaria, esa que supuestamente deberían brindar la política y los políticos. De Canto y diversión tenemos poco, de sufrimiento, mucho; cosa que sucede al revés en políticos: ellos son solo disfrute. De nada pues nos sirve soñar, ya que hacerlo solo nos sirve para deprimirnos».
Se hizo el silencio y el licenciado nos dijo que tenía que retirarse: –»El mundial se lo va a llevar Francia y las próximas elecciones las va a ganar una dama», fueron sus palabras de despedida.
Tengo la impresión de que en el fútbol también se mezcla la política, y en nuestra patria, en cosas de política se mezclan cosas del fútbol, pero… ¡sin árbitro! Eso sí, con mucho VAR ajeno al partido. En realidad, el verdadero origen de nuestra política y el actuar de nuestros políticos no pasa desapercibido para el pueblo, pero lo acepta.
Los políticos son artistas para mostrarnos lo que en la realidad no existe ni existirá. Igual que el futbolista cuando alguien se le acerca y le toca. Y usted, ¿qué piensa, pues?.







