Gustavo Porras fue el asesor más cercano del presidente Álvaro Arzú. Foto: La Hora/José Orozco

Gustavo Porras Castejón (1946) fue el asesor más cercano del presidente Álvaro Arzú Irigoyen durante la campaña electoral. Luego, cuando asumió ese gobierno en 1996, fue nombrado para dirigir la nueva Comisión de Paz (Copaz) con el fin de coordinar las negociaciones de los Acuerdos con la comandancia de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG).

Esta es la primera de tres de entrevistas que publica La Hora, un cuarto de siglo después de finalizado el Conflicto Armado Interno que dejó más de 200 mil muertos o desaparecidos con actores firmantes de aquellos compromisos que significaron un espacio de esperanza para construir un mejor país, con menos desigualdades.

Pasados 25 años, la polarización izquierda derecha, que antes se dirimía con la violencia armada, asesinados y desapariciones, se ha trasladado a los medios digitales, pero las condiciones de que originaron aquella guerra sucia, de injusticia, pobreza, falta de educación, salud y para muchos, hasta alimentos, las que persisten hasta la fecha.


PORRAS Y ARZÚ

Sociólogo, político y periodista se involucró con el movimiento revolucionario en 1964. Años más tarde, en 1980, se integra a las filas del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP).

Fue compañero de estudios de Arzú desde su temprana infancia en el Liceo Guatemala. Luego estudió en la Universidad de San Carlos de Guatemala y en la Rafael Landívar, además obtuvo una maestría en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, Francia.

Su libro Las huellas de Guatemala (2008) es un testimonio de su experiencia como miembro de la guerrilla en sus años de juventud y su posterior disidencia.

La siguiente conversación trata de no ser interrumpida, puesto que Porras suele perder el hilo de sus respuestas, eso, en su memoria inmediata, pues de la memoria histórica resulta asombrosa. Esta conversación se hizo en conjunto con la ex secretaria de la Paz, Raquel Zelaya, quien también fue parte de la COPAZ.

Entrevista:


¿Cuál es su evaluación de la firma de los acuerdos de paz, 25 años después?

El presidente Álvaro Arzú fue el primer presidente en la historia del conflicto en reunirse con los líderes de la insurgencia, a quienes les dijo: “Necesito que la paz se firme en el primer año de gobierno. No porque los esté presionando, sino porque así tendré tres años para cumplirlos”.

Me involucré muy temprano en el movimiento revolucionario. De esa cuenta, conocía al comandante Rolando Morán. Cuando comenzaron las negociaciones en El Salvador, me llamó aparte y me dijo: nunca me imaginé al personaje que encontré (Arzú), pensé que iba a encontrar a otro Ubico. Quedó impresionado del respeto con el que los trató. Entonces, todavía no era el presidente. Una vez electo nos encontramos de nuevo y los trató con el mismo respeto. Ese fue un elemento absolutamente clave.

Teníamos claro que el objetivo era ni un muerto más derivado de un enfrentamiento armado que ya no tenía ninguna perspectiva. Después de la reunión en El Salvador, la URNG hizo una emboscada al Ejército en donde murió un soldado. Arzú habló con la comandancia y les advirtió: “una baja más y le digo adiós al proceso de paz”. Además, el contexto mundial había cambiado y pensar en una revolución socialista, ni en sueños.

Debo aclarar que estos no son acuerdos de Estado, pues esto no existe en la doctrina jurídica. Sabíamos también que los siguientes gobiernos no continuarían con este proceso, al contrario, lo descalificarían.

Hoy se minusvalora que se terminó con la muerte de miles de guatemaltecos. Me tocó estar en las áreas de las masacres, ver el sufrimiento de la población bajo el enfrentamiento armado, la clandestinidad, escuchar a las esposas de militares lo que esto había implicado en su familia. Eso se terminó. Para mí, eso fue fundamental.

A su criterio, ¿hubo avances, estamos mejor que antes?

Sí, mejor que antes. Subrayo que al margen de la influencia estatal, es un aspecto que no se debe subestimar. Lo nuevo y cualitativo es un protagonismo cada vez mayor del pueblo guatemalteco, en especial de la población indígena, que fue donde más incidió el fin del enfrentamiento armado.

Durante el acto de conmemoración de los 25 años de la Firma de los Acuerdos de Paz. Foto: Presidencia

Una población indígena para la cual el conflicto significó un salto en su vida, a partir de la paz, caminar hacia adelante. Hace 6 años, el 54% de las remesas se invertían. No era solo consumo. Vea ahora la cantidad de autos. No ha sido resultado de una política pública, sino más bien de un protagonismo impresionante de los guatemaltecos.

 

Al hacer un repaso en los aspectos social y económico, ¿mejoraron las condiciones y objetivos plasmados en los acuerdos?

Lo fundamental del proceso de paz es que permitió la transformación del país, lo cual se refleja en cifras. El último censo revela que la tasa de crecimiento demográfico se redujo a 1.8%. Una demógrafa noruega demostró que el problema era la base estadística del censo de hace 20 años y esto lo pudo comprobar con trabajo de campo con los productores de fresa.

La paz estimuló el protagonismo del pueblo guatemalteco, de poblaciones constreñidas por el terror, las cuales conocí a fondo, pues trabajé en Huehuetenango en los años 60. He seguido la evolución rural, no tanto por las políticas públicas, lo fundamental ha sido el dinamismo de la población.

 

¿Considera positivas las cifras de migrantes y pobreza?

Depende. La migración no es solo envío de remesas, ha significado una transmisión de conocimientos culturales, económicos, emprendimiento. Guatemala es uno de los países con más elevada conexión a Internet por habitante.

Por otro lado, tenemos un Estado caduco que no interesa más, sino a quienes lo saquean, y así es en toda América Latina. La gente ha labrado todo por ella misma, el mejor ejemplo de esto es el migrante y empresario Marcos Antil. Somos un pueblo que a todo se aviene.

¿Cuáles considera fueron los acuerdos fundamentales y cuáles no se cumplieron?

Sobra decirlo, terminar el enfrentamiento armado. Aquello liberó una serie de potencialidades y permitió expandir elementos existentes.

Sin embargo, todas las Oenegés, que la comunidad internacional financió, no se dignaron a tomar nota de los avances o retrocesos de este pacto, solo los descalificaron, fue conspirativo. La política exterior de Estados Unidos le ha apostado a estados fallidos, bajo la doctrina internacional, según el caso, que es obligación de esa potencia asumir la soberanía de estados fracasados o colapsados y que son un peligro para sus vecinos.

Declaraciones: 

La división del movimiento guerrillero fue una constante. Después de la firma de la paz encontramos una izquierda dividida, de muchos protagonismos ¿a qué lo atribuye?

Fue una característica y limitación constante del movimiento revolucionario. No contó con una base social de apoyo de la dimensión requerida, por las razones que fueran, la URNG no logró una base social de un peso significativo. Esto a diferencia del FMLN en El Salvador en donde el apoyo popular fue fundamental para el triunfo del movimiento.
 
¿Qué cambios observa en la dinámica geopolítica de la región? 

Lo que vive Guatemala y Latinoamérica es una fuerte tendencia hacia la marginalidad del Estado y de la política tradicional. Por ejemplo, en El Salvador, Nayib Bukele representa el colapso, no solo de la derecha sino de la izquierda también.

Vivimos una nueva época mundial, determinada porque la primera potencia está dejando de serlo, y la segunda comienza a serlo cada vez más: China. Eso cambia el panorama completamente.

 

Note el apoyo del pueblo chino en Centroamérica, es una región fundamental. Bukele con su estadio, en Costa Rica, donaron el Estadio Nacional de San José; además intentaron construir el canal seco a través de Honduras y Nicaragua y los bloquearon. Ahora, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro desafía al gobierno de Estados Unidos; lo increíble es la manera como lo hace. Tendría que ser loca si no tuviera otra opción, la respuesta es la presencia de China. Este cambio empieza a permearlo todo.

Perfil

Sociólogo, analista político, exguerrillero y periodista.
Apodado “el Sholon Porras”, fue testigo del conflicto armado y del proceso de paz en Guatemala.

Estuvo exiliado en México de 1968 a 1972 y luego en París, de 1972 hasta 1975.

Secretario Privado de la Presidencia durante el gobierno de Álvaro Arzú.

Ejerció como asesor político-social en instituciones privadas y públicas.

Miembro fundador y presidente del Consejo Económico Social.

 

LEA MAÑANA: Entrevista con Raquel Zelaya, firmante de los Acuerdos de Paz, en la segunda de tres entregas.

La ex secretaria de la Paz, Raquel Zelaya también fue entrevistada. Foto: La Hora/José Orozco
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