
La presencia de tecnología china en Guatemala ya no es una tendencia emergente: es una realidad profundamente arraigada en sectores estratégicos como telecomunicaciones, banca, seguridad y servicios digitales.
Lo que comenzó como una oferta atractiva por su bajo costo y rápida implementación se ha convertido en una red de dependencia tecnológica que involucra a algunas de las empresas más grandes del país. Y, según expertos en ciberseguridad, esta expansión ocurre en paralelo con operaciones confirmadas de espionaje digital vinculadas al Estado chino.
Esta alerta fue lanzada en marzo pasado por el entonces Embajador nominado por Estados Unidos en Guatemala, Juan Rodríguez, quien afirmó que su país puede hacer mucho para contrarrestar la influencia china, a la que además calificó como maligna.
Aunque Rodríguez desistió de seguir adelante con su nombramiento como Embajador, la posición de Washington es la misma: la creciente influencia china en la región es motivo de preocupación y empresas de Estados Unidos podrían tomar esos lugares, por razones económicas y de seguridad.
Esta posición abre el debate sobre el desafío de las empresas que han invertido en el país en innovación sobre tecnologías con origen en el gigante asiático, especialmente en las telecomunicaciones.
Las declaraciones del diplomático ocurrieron durante la audiencia cuando buscaba su confirmación ante el Senado estadounidense. Una de sus frases pone énfasis en la creciente presencia china especialmente en las operaciones de empresas de telecomunicaciones, en parte porque otros funcionarios de su país han explicado que el nivel de seguridad de los datos e información estratégica se concentra en este sector.
PRECIO PERMITE ACCESO
El motivo del avance del gigante asiático en Guatemala es simple: precio y acceso. En un país donde la presión por innovar es alta y el presupuesto limitado, la tecnología china permite a bancos medianos, universidades y empresas de seguridad dar el salto digital sin costos prohibitivos.
Analistas y expertos en ciberseguridad consultados para este análisis concluyen que el desafío trasciende las telecomunicaciones y aplica para la banca, seguridad y servicios digitales, cada vez más la importación y demanda de vehículos eléctricos, en los que Pekín ya ocupa posiciones estratégicas en Guatemala.
«Creo que EE. UU. puede hacer mucho más para contrarrestar la maligna influencia de China», enfatizó Rodríguez en marzo, pero además agregó: «No hay razón por la que la compañía de celulares, cuya casa matriz es un holding estadounidense, no pueda usar a un proveedor confiable de los Estados Unidos».
El además abogado estadounidense, añadió que la mejor forma de contrarrestar lo que calificó como “coerción económica de China” es incentivar una mayor inversión directa proveniente tanto de Estados Unidos como de Taiwán.
Sus declaraciones reflejaban ante el Senado una preocupación creciente y constantemente manifestada por distintos funcionarios en Washington, quienes han manifestado de manera recurrente en América Latina respecto a la participación de empresas chinas en infraestructura crítica.
La región se ha convertido en el objetivo principal de la ciberdelincuencia, dice experto taiwanés
EL GIGANTE DE LA TECNOLOGÍA
La presencia de tecnología china en Guatemala ya no se limita a una alternativa de bajo costo. Según los analistas, su expansión alcanza a compañías de gran tamaño y sectores estratégicos, consolidando una creciente dependencia de sus equipos y servicios.
Para expertos en ciberseguridad, este avance coincide con operaciones de espionaje digital vinculadas al Estado chino, una combinación que plantea desafíos cada vez mayores en materia de seguridad tecnológica.
Roberto Wagner, experto en relaciones internacionales, advierte que el riesgo va más allá del precio. En China no existe una frontera clara entre empresa privada y Estado. Las grandes firmas en ese país operan con el visto bueno del Partido Comunista Chino o bajo su influencia política directa.
En el corazón de esta presencia se encuentra Huawei, el gigante tecnológico que domina la infraestructura de telecomunicaciones en Guatemala y en otros países de América. Los dos grandes operadores de telefonía móvil en el país, Tigo y Claro, utilizan equipos fabricados por la compañía china.
Según datos de la misma Huawei, a través de un reporte reciente, para 2025 contaba con más de 20 oficinas y más de 4 mil 400 empleados en América Latina, con más del 70% de contrataciones locales.
“La expansión de China en Guatemala ya no es sólo promesa. Huawei encabeza la ofensiva y ha encontrado un mercado favorable: el más grande de Centroamérica por población y PIB”, aseguró Wagner.
ROUTERS, FIREWALLS Y SERVIDORES
China llegó con precios bajos a un mercado que antes compraba esa infraestructura en EE. UU., Europa y Taiwán. “Esa ventaja de costo es la razón principal de su expansión”, explica Héctor Prado, experto en ciberseguridad.
La expansión china también se extiende a la nube y los servicios digitales a través de Huawei Cloud en el caso de las telefónicas locales.
Del 17 al 19 de marzo de 2026, Huawei Cloud llevó a más de 150 tomadores de decisión del sector público, empresarial y tecnológico de América Latina a Shenzhen y Dongguan, China, para COMPASS, su cumbre anual bajo el lema “exploración y guía”.
Peter Zhou, CEO de Huawei Cloud, definió a la región durante ese evento a través de un comunicado, como “pilar vital” de su estrategia global, destacando que lidera en zonas de disponibilidad, cobertura y crecimiento más rápido, y se consolida como proveedor preferido de soluciones híbridas y multinube para gobiernos y empresas clave.
Según un comunicado de la compañía, grandes clientes en la región como Itaú (el banco más grande de América Latina), SMU (líder retail chileno), Claro (proveedor de telecomunicaciones) y Dataprev (empresa de TI del sector público de Brasil) confían en Huawei Cloud para su transformación digital en los sectores financieros, retail, de operadores y gubernamental.
LaHora.gt consultó a Claro y Tigo sobre la implementación de tecnología china en sus infraestructuras y el nivel de confianza en la seguridad de esos sistemas, dada su procedencia. Transcurrida más de una semana desde la solicitud, ambos operadores no se pronunciaron al cierre de esta nota.
Esta publicación se actualizará con sus declaraciones en cuanto estén disponibles.
LA CLAVE: CONOCER LOS RIESGOS
Prado reconoce que un buen administrador de ciberseguridad sabe de estos riesgos y hay formas de contrarrestarlos. Pero su uso también abre la puerta al espionaje empresarial y político, algo que ya se ha documentado en EE. UU., Canadá y Europa.
“En esos países la independencia de poderes y la separación entre lo público y lo privado dan más garantías. En el caso chino, esa línea se difumina”, añade Wagner sobre el uso de esa tecnología.
Prado agrega que el riesgo real no es un espionaje corporativo dirigido a Guatemala. “No somos un objetivo para ellos”, señala. El problema es otro: sistemas con ciberseguridad endeble, sobre todo en ministerios, y un patrón que preocupa.
El año pasado, Estados Unidos señaló que la infiltración del grupo APT‑15, vinculado al Gobierno chino, en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guatemala es un ejemplo claro de los riesgos asociados a la dependencia tecnológica.
“Basta intervenir un nodo intermedio en una zona clave, instalar un sistema de escucha y capturar tráfico para robar credenciales. Si el creador del equipo conoce su funcionamiento mejor que nadie, la ventaja técnica está de su lado”, agregó Prado.
SIT PONE RIESGOS EN LA BALANZA
En el caso de las telecomunicaciones, que Guatemala amplíe su red con tecnología china, no es necesariamente un problema técnico para la Superintendencia de Telecomunicaciones, sino de “gestión”.
Según Herbert Rubio, superintendente de Telecomunicaciones, los operadores tienen libertad para elegir proveedores siempre que cumplan con la normativa nacional y los estándares internacionales vigentes.
La clave, explica, está en cómo se diseña e integra la red. “Las redes modernas están diseñadas para operar bajo estándares globales de interoperabilidad, lo que permite la coexistencia de tecnologías de distintos fabricantes”.
En otras palabras, el país de origen pesa menos que la arquitectura, la planificación y la capacidad técnica de quien opera la red. Las diferencias de rendimiento, estabilidad e interoperabilidad dependen más de esas decisiones que de si el equipo viene de China, EE. UU. o Europa.
El debate global sobre ciberseguridad y protección de datos no pasa desapercibido para la Superintendencia. Rubio reconoce que la seguridad de las telecomunicaciones y la protección de la información son prioridades. Sin embargo, aclara un punto crítico: la SIT no tiene entre sus funciones regular ni supervisar el cumplimiento de estándares de ciberseguridad y protección de datos.
Más allá de los riesgos, Rubio destaca los beneficios concretos que la incorporación de nueva infraestructura ha traído a Guatemala. Ampliación de cobertura, mayor capacidad y velocidad de transmisión de datos, fortalecimiento de la conectividad móvil y fija, y reducción de brechas digitales figuran entre los avances.
Esos cambios han tenido efecto directo en educación, comercio electrónico, productividad, telemedicina e inclusión digital, sobre todo en comunidades que antes tenían conectividad limitada. Para el superintendente, la evolución tecnológica es un factor fundamental para impulsar la competitividad, la innovación y el desarrollo digital del país.
OTROS SECTORES
La seguridad privada y pública es otro frente donde China ha ganado terreno. Cámaras de vigilancia y sistemas de reconocimiento facial de marcas como Hikvision, Dahua y Uniview —todas empresas chinas con antecedentes de cuestionamientos internacionales— están presentes en centros comerciales, parques industriales, zonas francas y municipalidades.
Peter Snell, consultor internacional en seguridad, lo dice sin rodeos: en banca, seguridad y academia, las organizaciones guatemaltecas optan por China porque los presupuestos no alcanzan para otra cosa.
Hikvision domina el mercado de CCTV (circuito cerrado de televisión) y control de acceso con sensores biométricos e inteligencia artificial. En seguridad privada, asegura Snell, solo conoce una empresa en Guatemala que no trabaja con tecnología china.
Estas tecnologías, diseñadas para monitoreo masivo, han sido señaladas por organismos internacionales por su potencial uso en vigilancia política y recolección de datos biométricos.
Snell eleva la alerta a nivel geopolítico. La ley china obliga a sus empresas a entregar al gobierno todos los datos de sus clientes. Si un usuario guatemalteco tiene Huawei, ZTE o Hikvision, Pekín puede exigir acceso.
“Eso pone en riesgo la propiedad intelectual, la privacidad y abre la puerta a la coerción económica y política”, agregó Snell.
Startups, fintechs y compañías de logística están migrando parte de sus operaciones a servidores chinos, muchas veces sin evaluar los riesgos de soberanía de datos o las implicaciones legales de alojar información en jurisdicciones con marcos de privacidad opacos.
En el mercado de consumo masivo, la presencia de marcas chinas es aún más visible. Tiendas de electrónicos distribuyen todo un abanico de dispositivos, desde teléfonos, tabletas hasta relojes inteligentes.
La adopción masiva de estos equipos en entornos corporativos crea un ecosistema donde la tecnología china se integra de forma natural en redes empresariales, ampliando la superficie de exposición.
Los expertos añaden que lo más preocupante es que esta expansión ocurre sin un marco regulatorio robusto. Guatemala carece de una ley de ciberseguridad moderna, no cuenta con estándares obligatorios para proveedores de infraestructura crítica y no exige auditorías independientes a sistemas importados.
En un país donde el 70% de las comunicaciones pasan por redes privadas y donde la banca digital crece a doble dígito, la ausencia de controles convierte la dependencia tecnológica en un riesgo estratégico.
LOS VEHÍCULOS CHINOS TAMBIÉN AVANZAN
El carro chino dejó de ser la “segunda opción” en Guatemala. Hoy es la primera para miles de familias que antes solo miraban usados de EE.UU. o marcas tradicionales.
Así lo explica Jean Pierre Devoux, director ejecutivo de la Asociación de Importadores y Distribuidores de Vehículos Automotores (AIDVA). Su lectura es clara: el guatemalteco cambió confianza por precio, pero ya se quedó por garantías y tecnología.
Las ventas de vehículos chinos nuevos se dispararon. Pasaron de 5 mil 940 unidades en 2022 a 14 mil 148 en 2025. Eso es un crecimiento de 138 % en tres años. Durante 2026 no baja el ritmo: hasta mayo ya van 7 mil 636 unidades vendidas.
Las cinco marcas que hoy dominan el gusto del guatemalteco, según la información proporcionada a La Hora por la propia gremial son: JAC, CHANGAN, FOTON, JIM y BYD. Es claro que ya no se habla de una sola marca.
AIDVA señala que el catálogo ya cubre todo el mapa: económicos de ciudad, de trabajo en el campo, de turismo, pick ups, familiares, SUV y hasta modelos de lujo con asistencias de conducción.
El cliente típico, dice Duvoux, es el que no se “casó” con una marca occidental. Es quien probó un automóvil chino bien equipado y no regresó. O quien quiere estrenar agencia sin pagar la prima de marca tradicional.
De nuevo, la oferta y tecnología chinas resultan novedosas: el guatemalteco ya no compra chino “a pesar de ser chino”, compra uno de marca china porque le da carro nuevo, equipado, con respaldo y sin la lotería del usado accidentado.
LA ADVERTENCIA DE ESTADOS UNIDOS
Washington ha expresado de manera reiterada su preocupación por la expansión de Huawei y otras empresas chinas en infraestructura crítica latinoamericana, señalando que estas compañías mantienen vínculos directos con el aparato de seguridad del Partido Comunista Chino.
Para Estados Unidos, la dependencia tecnológica no es solo un asunto comercial: es un riesgo geopolítico. Aunque no se ha solicitado de manera explícita que Guatemala excluya a proveedores chinos, pero, sí ha enfatizado la necesidad de “transparencia, estándares de seguridad y proveedores confiables”.
Para Washington, este tipo de incidentes demuestra que la infraestructura digital puede convertirse en un vector de influencia extranjera.
LA ALTERNATIVA OCCIDENTAL
Roberto Wagner señala que EE. UU. ha reaccionado de alguna manera. La reciente flexibilización en la venta de armas y tecnología a Guatemala es parte de esa respuesta.
La lógica es directa: si Guatemala necesita tecnología para seguridad, banca, telecomunicaciones y educación, Washington quiere ofrecer alternativas occidentales que compitan en precio y faciliten el acceso.
Wagner explica que ya se ve cooperación en infraestructura y fuerzas armadas, pero anticipa que esto crecerá. La competencia será una especie de guerra comercial silenciosa: China ofrece infraestructura y tecnología barata, mientras EE. UU. y Europa buscan recuperar terreno con acuerdos, financiamiento y garantías legales más fuertes.
Según Snell, EE. UU. también podría recurrir a herramientas “más persuasivas”: amenaza de sanciones, aranceles y subsidios a empresas estadounidenses para competir en precio, sobre todo en gobierno y banca.
“Ya se ve cooperación en infraestructura y fuerzas armadas. Pero en el sector privado la ecuación es distinta. Mientras el presupuesto mande, la alternativa más barata seguirá ganando”, agregó Snell.
Guatemala queda atrapada entre la necesidad de modernizarse rápido y el costo de depender de una tecnología que, por ley, responde a otro Estado.
SOBERANÍA DIGITAL
El mensaje de los expertos es consistente: Guatemala debe fortalecer su soberanía digital para proteger su estabilidad económica y política en un entorno global cada vez más competitivo.
La pregunta que queda en el aire es simple pero urgente: ¿quién controla realmente la información que fluye por las redes, servidores y dispositivos que sostienen la economía guatemalteca?
Mientras las empresas continúan adoptando tecnología china por su costo competitivo, el país avanza hacia una dependencia que podría comprometer su seguridad, su soberanía digital y su capacidad de tomar decisiones autónomas en el futuro, añaden los consultados.
En un mundo donde los datos son poder, Guatemala debe decidir si seguirá construyendo su infraestructura crítica sobre cimientos que no controla. Porque la tecnología china no solo conecta al país: también lo expone.







