
#LHEconomía publica este martes, la quinta y última de una serie de conversaciones sostenidas con familiares de los artistas plásticos que marcaron una época para el arte guatemalteco y que serán parte de las monedas que acuñará el Banco de Guatemala (Banguat) con motivo de los 100 años de la banca central y los 80 años de la fundación del Banguat.
En esta ocasión LaHoragt, conversó con la familia del artista Dagoberto Vásquez.
Para quienes recorren diariamente el Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala, las enormes formas de concreto integradas a edificios públicos pueden parecer simplemente parte del paisaje urbano; sin embargo, detrás de varios de esos relieves monumentales existe la visión artística de Dagoberto Vásquez.
El artista es uno de los creadores más importantes del arte moderno guatemalteco y uno de los impulsores de la integración entre arquitectura, escultura y ciudad en Guatemala.
Ahora, décadas después de haber transformado el arte público del país, su legado vuelve a ocupar el centro de la conversación cultural tras ser homenajeado en una moneda de plata del Banco de Guatemala, reconocimiento que para sus hijos, Antonio y Claudio Vásquez, representa también una reivindicación histórica hacia toda una generación de artistas guatemaltecos.
“Me pareció un reconocimiento poco usual”, expresó Antonio Vásquez. “Y creo que es bueno, digamos, el homenaje no solo a nuestro padre, sino al grupo de artistas que contribuyeron al desarrollo del Centro Cívico”.
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EL ARTISTA QUE CONVIRTIÓ EL CONCRETO EN ARTE
Dagoberto Vásquez fue escultor, grabador, pintor, diseñador y maestro. Su obra se convirtió en una de las más representativas del movimiento de integración plástica guatemalteca, corriente que buscó unir arte, arquitectura y urbanismo en espacios públicos durante la segunda mitad del siglo XX.
Sus relieves monumentales en concreto forman parte de algunos de los edificios más importantes del Centro Cívico capitalino, especialmente en el Banco de Guatemala y la Municipalidad de Guatemala, donde el arte dejó de ser únicamente decorativo para convertirse en parte estructural de la arquitectura.
Para Claudio Vásquez, el valor de ese movimiento artístico todavía no ha sido dimensionado completamente en el país.
“El Centro Cívico de Guatemala es uno de los primeros y mejor logrados a nivel mundial”, afirmó. “Ha sido reconocido como tal”.
También recordó que su padre impulsó uno de los procesos técnicos más innovadores de la época: la fundición in situ, sistema que permitió integrar esculturas y relieves de manera directa dentro de las estructuras arquitectónicas.
“Gracias a eso están todos los relieves”, explicó. “Esa idea de que en la formaleta se incluyera la obra es lo que permitió que todo el mundo pudiera hacer sus obras”.
Ese aporte técnico y artístico abrió camino para que otros creadores como Roberto González Goyri, Guillermo Grajeda Mena y Efraín Recinos desarrollaran posteriormente sus propias obras monumentales en el Centro Cívico.
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LA ESCULTURA DEL BANCO DE GUATEMALA
La imagen seleccionada para la moneda corresponde a uno de los fragmentos escultóricos del relieve ubicado en la fachada oriente del Banco de Guatemala: La creación del mundo.
Según explicó Claudio Vásquez, esa pieza representa uno de los momentos más altos de la capacidad técnica y conceptual del artista.
“Permite vincular al artista con el edificio del Banco, una de sus mejores obras a nivel escultórico”, señaló. “Logra un desarrollo técnico formal de concepto impresionante”.
“Cuando uno mira los detalles de la obra, se da cuenta de hasta dónde logró llegar con su capacidad artística”, agregó.
Para la familia, el homenaje no solo reconoce una trayectoria individual, sino también un momento histórico donde Guatemala apostó por integrar arte y ciudad de una forma innovadora y poco común en América Latina.
“Era poco usual en América Latina que la arquitectura, la escultura o la pintura se integraran urbanísticamente”, recordó Antonio Vásquez.
UN ARTISTA COMPROMETIDO CON SU PAÍS
Más allá de la obra artística, sus hijos recuerdan a Dagoberto Vásquez como una persona profundamente comprometida con Guatemala y con la construcción de ciudadanía.
“Siempre asumió su aspecto ciudadano, sus derechos y deberes”, explicó Antonio Vásquez. “Siempre tuvo una actitud activa para la construcción de ciudadanía y de una democracia ciudadana”.
Ese compromiso le generó incluso persecución política durante algunos de los momentos más complejos del país.
“Tanto pues que él estuvo en la lista negra de la Mano Blanca”, relató Antonio. “Estuvo exiliado en Costa Rica cuando fue la entrada de Castillo Armas en el 54”.
Claudio Vásquez recordó que desde muy joven su padre participó en movimientos estudiantiles y culturales, formando parte de asociaciones de escritores y artistas y colaborando en publicaciones como la revista Acento.
“Era una persona que amaba a su país y que estaba dispuesto a dar su vida para que fuera un mejor país”, afirmó.
A pesar de los riesgos políticos y sociales de la época, Dagoberto Vásquez decidió permanecer en Guatemala y desarrollar aquí toda su carrera artística.
“Nunca se fue del país”, dijo Claudio. “Desarrolló toda su actividad artística, cultural, social y cívica en el país”.
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EL HOMBRE QUE NUNCA DEJÓ DE APRENDER
Sus hijos también recuerdan a Dagoberto Vásquez como un artista obsesionado con el conocimiento y la autoformación.
“Toda su vida no dejó de dibujar”, contó Claudio. “Siempre estaba leyendo, siempre se estaba formando”.
Aunque trabajó durante décadas para el Estado y como docente universitario, nunca dejó de dedicar tiempo a su obra personal.
Incursionó en grabado, talla, fundición, vitrales, diseño y escultura monumental, estudiando incluso la composición de minerales, metales y materiales para comprender profundamente cada técnica que utilizaba.
“Si iba a hacer una escultura en piedra, la hacía respetando el medio que estaba usando”, explicó Claudio. “Si era en madera, si era un vitral, si era un grabado… todo es un conjunto”.
Antonio Vásquez recordó que una de las cosas que más lo impresionó desde niño fue la capacidad autodidacta de su padre.
“Yo lo vi aprender por su cuenta soldadura eléctrica, soldadura autógena”, contó. “Era alguien que estaba siempre tratando de aprender cosas nuevas para hacerlas bien hechas”.
Esa disciplina terminó influyendo también en la vida de sus hijos.
“Eso me influyó positivamente, en el sentido de que uno puede ser autodidacta y hacer las cosas bien hechas”, agregó.
SU COMPROMISO CON EL ARTE
Entre los recuerdos familiares, Claudio Vásquez conserva especialmente una escena relacionada con la forma en que su padre entendía el arte y la honestidad creativa.
Recordó que, siendo niño, observó a Dagoberto trabajar en la parte trasera de una escultura, una zona que prácticamente no sería visible para el público.
“Le pregunté: ‘pero eso no se va a ver’”.
La respuesta del artista quedó grabada para siempre en su memoria:
“Pero yo sé que está ahí, que está bien”.
Para sus hijos, esa frase resume gran parte de la filosofía de vida del escultor: hacer las cosas correctamente incluso cuando nadie más lo notara.
“Para él era importante que las cosas estuvieran bien hechas de forma honesta”, explicó Claudio.
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“LO HUMANO” COMO CENTRO DE SU OBRA
Durante la entrevista, los hijos del artista compartieron un texto escrito por el propio Dagoberto Vásquez, donde explica su visión sobre el arte y el sentido de su obra.
El texto, preservado por la familia, expresa:
“Siendo la expresión artística una determinación humana, el objeto artístico es, consecuentemente, una concreción de la observación, conocimiento y definición de la realidad, del hombre y su mundo, del hombre en el mundo y del hombre como universo. En ello y para todo esto, el objeto artístico es para el hombre un conectivo, un signo de comunicación; un símbolo de afirmación propia; y una síntesis de su universo.
El continuado manejo de ello en la búsqueda de una forma expresiva me ha llevado a sintetizar la conexión necesaria de los elementos materiales, técnicos y formales en un juego conformante de la idea a concretar. En cuyo caso el objeto resultante ha de ser un sintético símbolo vital.
Con respecto a mi obra, el contenido fundamental es lo humano. Tematizado de diversos aspectos. Y en lo social, la temática es el imperativo de justicia.”

Para Antonio y Claudio Vásquez, ese texto resume no solo la obra artística de su padre, sino también su manera de entender Guatemala, la cultura y la responsabilidad social del arte.
“UN GUATEMALTECO REAL”
Al final de la conversación, Claudio Vásquez reflexionó sobre lo que le gustaría que una persona entendiera si descubre por primera vez quién fue Dagoberto Vásquez gracias a esta moneda.
“Era una persona que amaba a su país y que estaba dispuesto a dar su vida para que fuera un mejor país”, expresó Claudio.
Consideran además que su historia puede convertirse en inspiración para nuevas generaciones.
“Si uno tiene una pasión, no importa la presión externa ni las limitaciones”, afirmó.
Recordó que su padre provenía de una familia humilde y que, pese a las dificultades económicas, logró abrirse camino en el arte desde muy joven.
“Fue un guatemalteco más que dio toda su vida por el país, que trató de ser siempre la mejor versión de él mismo y de sus pensamientos”, expresó.
Para sus hijos, el verdadero legado de Dagoberto Vásquez no se encuentra únicamente en las esculturas, los relieves o las monedas conmemorativas, sino en la coherencia entre su obra, sus ideas y su vida.
“Todo lo hacía primero poniendo su arte y su país antes que cualquier otra cosa”, concluyó Claudio.
Quizá por eso, entre concreto, esculturas monumentales y relieves que todavía forman parte del paisaje de la ciudad, la obra de Dagoberto Vásquez continúa hablando silenciosamente sobre identidad, memoria y justicia, incluso décadas después de haber sido creada.







