En el mes de julio se rompió el récord de remesas recibidas en Guatemala con un ingreso de 2,468 millones de dólares y en la nota que publicamos esta semana se hace un importante análisis de la forma en que las mismas han crecido, no obstante que desde hace años han sido el pilar y motor de nuestra economía, que crece gracias al trabajo, el sacrificio y el empeño de millones de compatriotas que emigraron a Estados Unidos y mantienen desde allá a sus familias. Es exponencial ese crecimiento y los expertos coinciden en que gracias a eso es que nuestra economía se mantiene estable y muchísimas personas pueden satisfacer sus necesidades.
Sin embargo, esos mismos expertos dan una voz de alarma porque el enorme crecimiento de los envíos mensuales es resultado de la situación de incertidumbre que viven día a día los guatemaltecos que temen ser capturados y deportados, razón por la que, aunque se haya detenido en alguna medida la migración, el aumento de envíos alcanza proporciones tan altas. Y si se incrementa la persecución de los trabajadores que están allá ilegalmente, veremos que ese flujo vital para nuestra economía empezará a disminuir. Paradójicamente, si se cambiara en alguna medida la política contra los migrantes y se aliviara su situación, también bajaría el envío de dinero que ahora sube por ese temor a ser deportados.
Gracias a las remesas, la población de Guatemala no solo subsiste, sino que siente alguna prosperidad, a pesar de que el Estado hace años que dejó de invertir en la gente, pues el dinero público se destina a la corrupción que campea en todos los estratos. De no ser por las remesas de la gente, abandonado por los políticos corruptos, hace rato hubiera reventado y ahora, cuando el crecimiento de los envíos es tan marcado, tenemos todos que pensar en que no deja de ser un crecimiento incierto porque son muchos los factores que influirán en los próximos meses, tanto en la generación de divisas por los migrantes como en cuanto a su capacidad o deseo de trasladarlos a sus parientes.
Se ha vuelto tan normal ese factor de estabilidad y hasta de crecimiento económico que no reconocemos ni agradecemos el sacrificio de más de tres millones de compatriotas que se parten el alma en Estados Unidos, al punto de que se fueron convirtiendo en una de las más valoradas manos de obra gracias a su dedicación y entrega.
De no ser por las remesas, millones de familias no tendrían cómo mantenerse, no digamos atender la educación y la salud de sus miembros. Y tristemente, nuestro futuro económico depende de lo que pase en Estados Unidos, situación que hasta ahora ha facilitado a los sinvergüenzas seguir robando a manos llenas porque saben que el pueblo no hará alboroto mientras se reciban esos multimillonarios fondos.








