El cambio reciente verificado en el Ministerio Público, más allá del aire fresco que representa, significa el cumplimiento de la esperanza. La manifestación de que nada es para siempre y que el cambio, contra todo pronóstico, acontece de forma apodíctica.
Y es bueno que suceda así porque repara nuestro carácter pesimista. Aunque más que eso, nos recuerda que no hay una sentencia definitiva en el universo y, menos aún, en la dinámica humana. Distraídos como andamos, algo derrotados y heridos, a veces olvidamos que las condiciones están sujetas al devenir por nuestra constitución líquida, diría Bauman.
Esa propensión nuestra a la oscuridad y al miedo nos impide ver la naturaleza cambiante del mundo. Es “normal”, no solo por una especie de daltonismo que afecta la percepción de los matices, sino por la voluntad perversa de quienes inducen la desesperanza por distintos modos. Contra esto, el espíritu debe imponerse como forma de sobrevivencia.
La narrativa del capital nos quiere a su merced. No quitándonos la vida, cuando somos de su interés, sino aniquilando el espíritu. El proceso de extirpación pasa por la producción de desesperanza: hacernos creer que el mundo es como es y nada más. Que es de Quijotes pensar en una realidad distinta. Afirmar que la lucidez es aceptación y asimilación del destino que toca.
Menos mal que sin quererlo la vida misma emerge con lo nuevo. Contradice el dictum de que “no hay nada nuevo bajo el sol”. El amanecer de cada día es profético porque denuncia la impostura de los necios, la manipulación de quienes desde la propaganda defienden lo pétreo, los ideólogos del inmovilismo. La claridad es portadora de buenas nuevas.
Ese anuncio, sin embargo, hay que secundarlo. Primero, por fidelidad al reconocimiento de lo que es verdadero. Luego, por el carácter salvífico con que hay que significar nuestras vidas. No podemos abrazar la muerte del espíritu, sin presentar batalla. Existir no es solo respirar, es hacer emerger lo humano desde el trabajo crítico lúcido. Es una actividad irrenunciable de cada día.
La renovación del Ministerio Público, como he dicho antes, representa la oportunidad para mirar hacia adelante, no desde una ilusión que niegue la imperfección humana, sino a partir de lo que pueda surgir desde la voluntad de lo distinto. Lo dicho, el mundo puede ser mejor y lo será aún más si entendemos la vida como una suerte de peregrinaje hacia lo divino.







