43,855 oportunidades de estudio han sido facilitadas desde 2018.
43,855 oportunidades de estudio han sido facilitadas desde 2018. Foto La Hora: Jose Orozco.

Para algunos guatemaltecos, una beca no representa únicamente la posibilidad de estudiar en una universidad extranjera. Puede convertirse en el punto de partida para acceder a nuevas áreas de conocimiento, construir redes internacionales y regresar al país con herramientas que posteriormente se aplican en la investigación, la ciencia y el desarrollo.

Ese es el recorrido que cuentan el ingeniero Alex Guerra Noriega y la doctora Gabriela Paniagua, dos exbecarios que participaron en un conversatorio organizado en el marco de la Feria Nacional de Becas y que coinciden en un mensaje: obtener una beca exige preparación, perseverancia y claridad sobre lo que se quiere hacer con esa oportunidad.

De acuerdo con información proporcionada por la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (SEGEPLAN), entre 2018 y agosto de 2026 el Sistema de Becas de la institución ha facilitado el acceso a 43,855 becas de estudio.

La cifra refleja el alcance de un mecanismo que busca acercar a estudiantes y profesionales guatemaltecos con fuentes cooperantes nacionales e internacionales. Sin embargo, la propia SEGEPLAN señala que no financia estas becas ni interviene necesariamente en la adjudicación final, por lo que algunos datos sobre los beneficiarios y los resultados de cada programa permanecen bajo responsabilidad de las instituciones que otorgan las becas.

DE LA OPORTUNIDAD A UNA TRAYECTORIA INTERNACIONAL

Guerra Noriega conoce de primera mano ese proceso. Su acercamiento a una beca comenzó precisamente en una feria de oportunidades, donde conoció un programa que posteriormente le permitió estudiar una maestría en manejo, políticas públicas y gestión del agua en la Universidad de Oxford, en Inglaterra.

La experiencia no terminó con el posgrado. Mientras se encontraba en Oxford obtuvo una nueva beca que le permitió continuar con un doctorado en la misma universidad.

“Fue una puerta que me abrió otra puerta, más grande”, recuerda al describir el efecto que tuvo aquella primera oportunidad en su trayectoria.

Para el ingeniero, el proceso de aplicación requiere atención a los detalles. Revisar los requisitos, reunir la documentación solicitada y cumplir con cada una de las etapas puede marcar la diferencia entre avanzar o quedar fuera de una convocatoria.

Pero también destaca un elemento menos tangible: la honestidad durante las entrevistas.

“Es muy importante que uno sea lo más honesto posible”, explica Guerra Noriega, quien durante aproximadamente 20 años también formó parte de un comité encargado de entrevistar a jóvenes que buscaban obtener becas.

Desde esa experiencia, sostiene que los postulantes deben explicar con claridad qué quieren hacer con los estudios y cuáles son sus planes, pero también estar dispuestos a reconocer que una primera aplicación puede no resultar.

“Si una oportunidad no le sale a uno o no sale a la primera, uno tiene que intentar una segunda vez”, señala.

Segeplan impulsará iniciativa de ley para garantizar continuidad del Fondo de Becas

UNA CIFRA QUE NO CUENTA TODA LA HISTORIA

El dato de 43,855 becas facilitadas entre 2018 y agosto de 2026 permite dimensionar el movimiento que ha generado el Sistema de Becas de SEGEPLAN en los últimos años. Sin embargo, la información disponible no permite presentar esa cifra como el total de becas otorgadas durante los 25 años solicitados.

SEGEPLAN indicó que para las becas promovidas mediante la Feria Nacional de Becas no dispone de un registro desagregado por sexo o departamento de procedencia, debido a que la selección y adjudicación corresponde directamente a cada fuente cooperante.

La institución tampoco cuenta con un registro consolidado de la inversión destinada por las distintas entidades cooperantes durante el período consultado.

Una situación similar ocurre con el seguimiento posterior. SEGEPLAN explica que el seguimiento operativo de los becarios corresponde a cada fuente que adjudica la beca, por lo que la Secretaría no dispone de un consolidado sobre cuántos estudiantes concluyeron sus estudios, cuántos retornaron a Guatemala o cuál es su situación actual.

Esto significa que detrás de las 43,855 oportunidades existe una diversidad de programas, instituciones y fuentes de financiamiento con sus propios mecanismos de selección, seguimiento y evaluación.

DE LAS CARRERAS TRADICIONALES A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El perfil de las oportunidades también ha cambiado conforme evolucionan las necesidades académicas y profesionales.

SEGEPLAN identifica actualmente un creciente interés por áreas vinculadas con tecnología e innovación, entre ellas inteligencia artificial, transformación digital y ciberseguridad.

A estas se suman las ingenierías, matemáticas y física; las ciencias sociales y áreas de desarrollo, como relaciones internacionales, antropología, sociología y desarrollo urbano; administración de empresas y marketing digital, además de arquitectura y gestión de riesgo.

La oferta que llega a los estudiantes, por tanto, ya no se concentra únicamente en las carreras tradicionalmente asociadas con las becas internacionales. La transformación tecnológica y los nuevos desafíos económicos, científicos, sociales y ambientales también están modificando las áreas hacia las cuales se dirigen los interesados.

Entre las instituciones, universidades y fuentes cooperantes vinculadas con estos programas aparecen universidades guatemaltecas como la Universidad del Valle y la Universidad Rafael Landívar; instituciones regionales como la Universidad Zamorano de Honduras y CATIE, así como organizaciones y programas internacionales.

También figuran Campus France, EducationUSA, ITEC de India, DAAD de Alemania, las embajadas de China (Taiwán), Brasil, Turquía, India y Suecia, además de fundaciones y organizaciones como Juan Bautista Gutiérrez, GuateFuturo, FUNIBER, Walton, Fundación Bolar y otras entidades.

UNA BECA QUE CAMBIÓ LA FORMA DE VER EL MUNDO

Para Guerra Noriega, el impacto de una beca va mucho más allá del título obtenido.

“Las becas me cambiaron la vida”, afirma.

Su historia comenzó en instituciones públicas y en un entorno que, según relata, no ofrecía las mismas oportunidades que posteriormente encontró fuera del país. Estudiar en el extranjero le permitió aprender idiomas, desarrollar técnicas de investigación, hablar en público, organizar actividades y construir una red de contactos que trascendió las fronteras de Guatemala.

Entre esos aprendizajes menciona el inglés, italiano y noruego, además de las herramientas científicas adquiridas durante su formación.

Actualmente, es director del Instituto de Investigación sobre Cambio Climático, una labor en la que considera fundamental la formación que obtuvo durante sus estudios de posgrado.

“Sin la beca y sin esos estudios que yo tuve en el extranjero, no estaría haciendo el trabajo que hago hoy en día en Guatemala”, sostiene.

Su experiencia también modificó la percepción que tenía sobre las capacidades de los guatemaltecos.

“Siendo guatemaltecos tenemos las capacidades”, afirma. A su juicio, una de las barreras puede estar en las propias limitaciones que las personas se imponen por su lugar de origen o por las condiciones en las que crecieron.

CIENCIA, MUJERES Y UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

La doctora Gabriela Paniagua siguió una ruta diferente. Química de profesión, obtuvo una beca del Gobierno de Australia para estudiar una maestría en ciencias aplicadas y posteriormente continuó con un doctorado en química en la Universidad de Tasmania.

Su experiencia también evidencia que el acceso a una beca no es inmediato.

“Los procesos son un poco largos, realmente no es tan sencillo”, explica.

Paniagua calcula que le tomó alrededor de un mes reunir y completar la documentación inicial. Después transcurrieron entre ocho y diez meses antes de que pudiera viajar, pasando por las diferentes etapas del proceso, incluida una entrevista.

Su recomendación es entender qué busca la institución que ofrece la beca y demostrar de qué manera la trayectoria y capacidades del postulante encajan con esos objetivos.

El resultado, en su caso, fue una formación que posteriormente trasladó a su trabajo en Guatemala.

“Cuando regresé me di cuenta que sí hay oportunidades”, relata al recordar que antes de estudiar en Australia consideraba que hacer investigación científica en Guatemala podía ser demasiado difícil.

La experiencia también tuvo una dimensión de género. Paniagua recuerda que durante su infancia no tuvo referentes científicos que le hicieran pensar que podía dedicarse a la ciencia.

“Como mujer es importante que sepamos que podemos ser científicas”, señala.

Más de Q106 millones han sido comprometidos por el gobierno para coberturas de becas universitarias

NO SOLO SE TRATA DE ESTUDIAR

La experiencia internacional también implicó aprendizajes personales.

Paniagua explica que uno de los principales fue aprender a superar el miedo, preguntar y construir redes de apoyo lejos de la familia.

“Uno allá aprende a preguntar, a pedir, a confiar en los demás”, cuenta.

También encontró diferencias en el acceso a tecnología y en las formas de trabajar, pero asegura que la experiencia le permitió reconocer que la formación académica guatemalteca puede competir en distintos espacios.

“Tenemos un nivel bueno, pero tal vez la forma de ver las cosas o de cómo ellos aplican las cosas es lo que cambia”, reflexiona.

Ese aprendizaje permanece en su trabajo actual, particularmente porque la investigación requiere colaboración entre distintas disciplinas.

“Una sola persona no puede trabajar sola”, resume.

La científica considera que el intercambio académico también le enseñó a buscar oportunidades que antes no sabía cómo encontrar. Una muestra de ello es su participación reciente en una expedición a la Antártica, experiencia que vincula con la visión y las redes que desarrolló durante su formación internacional.

LAS BECAS COMO TRAMPOLÍN

Durante el conversatorio, otros exbecarios también compartieron experiencias y recomendaciones con jóvenes interesados en aplicar a estos programas.

Uno de los mensajes que se repitió fue que las oportunidades no necesariamente llegan a la primera solicitud.

La búsqueda activa resulta determinante: identificar convocatorias, revisar requisitos, cumplir fechas y presentar la documentación completa son pasos que pueden parecer básicos, pero que, según los exbecarios, frecuentemente marcan la diferencia.

También recomendaron a los jóvenes definir qué quieren estudiar y por qué. No únicamente para escoger una carrera, sino para poder explicar durante una entrevista cuál será el propósito de la formación y qué esperan aportar posteriormente.

En ese sentido, la preparación no debería limitarse al rendimiento académico. Los exbecarios señalaron la importancia de las actividades extracurriculares, el voluntariado, los clubes y otros espacios que permitan demostrar intereses, liderazgo y compromiso.

Uno de ellos resumió el significado de una beca para su vida con una palabra: “trampolín”.

La metáfora resume una característica que aparece en varias de las experiencias compartidas: la beca no necesariamente constituye el destino final, sino el acceso a nuevas oportunidades.

EL RETO DE REGRESAR Y APLICAR LO APRENDIDO

Para Guerra Noriega, el valor de una experiencia internacional se completa cuando los conocimientos adquiridos encuentran una aplicación en Guatemala.

Su regreso al país estuvo acompañado por el objetivo de construir capacidades y generar investigación sobre cambio climático. La formación internacional, explica, le permitió contar con herramientas y contactos para desarrollar alianzas con instituciones de otros países.

La doctora Paniagua coincide desde el ámbito científico: estudiar fuera le permitió aprender nuevas metodologías y comprender que la investigación requiere equipos multidisciplinarios y colaboración.

En ambos casos, la experiencia terminó conectándose nuevamente con Guatemala.

BUSCAR, INSISTIR Y TENER UN PROPÓSITO

Los testimonios dejan una conclusión común para quienes actualmente buscan una beca: el rechazo de una solicitud no necesariamente significa el final del camino.

Paniagua cuenta que la primera vez que aplicó no fue seleccionada. La segunda vez obtuvo la oportunidad.

“Tal vez no se los van a dar a la primera”, advierte a los jóvenes, pero insiste en que vale la pena volver a intentarlo cuando existe claridad sobre lo que se quiere alcanzar.

Guerra Noriega plantea algo similar: los estudiantes cambian, maduran y adquieren experiencia, por lo que una nueva aplicación puede encontrar a un candidato distinto al que se presentó un año antes.

Ambos consideran, además, que una beca implica una responsabilidad. No se trata únicamente de viajar o acceder a una universidad extranjera, sino de asumir un compromiso con la propia formación, la familia, la institución que brinda el apoyo y, en última instancia, con el país.

Para Guerra Noriega, Guatemala necesita profesionales capaces de aprovechar estas oportunidades y convertirlas en conocimiento y capacidades para atender los desafíos nacionales.

“Tenemos mucho talento, nuestro país lo necesita”, sostiene.

Y esa es quizá la dimensión que las cifras no alcanzan a mostrar: detrás de cada beca hay una trayectoria individual, pero también la posibilidad de que esa formación regrese convertida en investigación, innovación, redes, conocimiento y nuevas oportunidades para otros guatemaltecos.

Jenniffer Véliz
Periodista profesional formada en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Interesada en contar historias desde la investigación, el análisis y las voces de quienes las viven. Enfocada en explicar la realidad social guatemalteca más allá de lo evidente
Artículo anterior¿Tenemos derecho a decidir cuándo morir?
Artículo siguienteIncendio en zona 11 es controlado; Bomberos localizan cilindro con fuga de gas