Pequeños trozos de tela, fieltros de colores e hilos fueron tomando forma de varias figuras y animales como gatos, osos y tigres sonrientes, entre otros. Foto: La Hora.

Por Ana Lucía González |
agonzalez@lahora.com.gt

Luego de experimentar un duelo, Natalia Soto se enfrentó a horas de soledad, mientras su esposo se iba a trabajar y su pequeño hijo estaba en el colegio. Para superar la tristeza, recordó un don familiar que había dejado años atrás. Compró una máquina de coser y puso manos a la obra. Pequeños trozos de tela, fieltros de colores e hilos fueron tomando forma de gatos, osos y tigres sonrientes que alegraban las fiestas de cumpleaños.

Su corazón comenzó a sanar a medida que sus manos creaban obras originales, y las mamás empezaban a pedir más encargos. Así fue como sin darse cuenta se vio inmersa en un mundo de telas y fieltros con el que fue ganando el reconocimiento de su clientela. De paso, sigue experimentando con nuevos materiales y formas. Desde hace un mes, ha incursionado en las manualidades en macramé, elaborando piezas decorativas como ángeles colgantes, atrapasueños, bendiciones de corazón, recuerdos y colgantes aéreos para plantas, entre otros.

DOS EMPRENDIMIENTOS

Natalia Soto Lizano es costarricense y vive en Guatemala. Desde hace tres años, dirige el emprendimiento de manualidades en tela: Taly Tela Things y recientemente, Petit Macramé. Sus productos son creaciones propias elaboradas a mano. “Me enfoco en piezas pequeñas, con detalles especiales, que no se encuentran en el mercado, ni en tiendas”, comenta.

Natalia Soto. Foto: La Hora.

Las manualidades de Natalia son una combinación de lo aprendido en el colegio, de seguir los tutoriales en YouTube y el talento, herencia de su madre y abuela. “Mi mamá hacía vestidos de novia y cuadros en punto de cruz, solía trabajar sola, sin mayor escuela”, recuerda.

Algunos de los productos elaborados con diversos materiales. Foto: La Hora.

Empezó elaborando antifaces en fieltro para piñatas, con temas bajo pedido. Con la pandemia, se redujeron los pedidos por la falta de celebraciones. Por eso, consideró ampliar el negocio tejiendo macramé, haciendo pequeños objetos, con detalles diferentes y especiales.
Otra de sus propuestas consiste en modificar la prenda de un ser querido, como una camisa de fieltro, en un cojín con una leyenda. “Esta es una camisa que yo solía usar, cada vez que la abracen, yo estaré ahí…”, destaca.

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VISIÓN COMERCIAL

Natalia Soto tiene una licenciatura en nutrición, profesión a la cual se dedicó durante varios años. Decidió no continuar, por razones personales.

Se considera una persona perfeccionista, por lo que prefiere hacer las cosas por su cuenta, incluso en las tareas del hogar. Esto la obligó a organizar su emprendimiento, poner horarios de trabajo, incluso de responder los pedidos.

Si es autosostenible, todavía no. Natalia de momento lo considera como un proyecto de crecimiento personal. “A veces tengo semanas con muchos pedidos, pero otras no”, cuenta.

Desde que se involucró con el trabajo en macramé, Natalia ha ampliado su visión de negocio y quiere crecer. “Me han contactado de tiendas para comercializar mis productos. Quiero colocarlos en espacios donde se valore el trabajo a mano. El rango de precios va desde Q3 hasta Q200.

Natalia asegura que es un proyecto en formación. Foto: La Hora.

A veces me siento cansada, pero cuando estoy en el taller no siento las horas. El macramé es una terapia excelente para liberar el estrés, donde creo cosas bonitas que la gente aprecia y compra”, sostiene.

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