A doce pasos del cielo o el infierno: el penal es la soledad más cruel del Mundial

Gerson Sulecio

Frente a la pelota, el arco parece gigante; desde la tribuna, el gol se siente a un paso. Pero en la absoluta soledad de los once metros, la distancia se estira hasta volverse un abismo interminable donde el tiempo se congela y las piernas comienzan a pesar una tonelada.

El punto penal es la trampa psicológica más perfecta del fútbol, un limbo cruel donde la gloria y el infierno están separados apenas por milímetros de duda. En ese paredón de fusilamiento no importan los títulos ni los millones; es un duelo de nervios contra el destino donde el más mínimo pestañeo transforma al superhéroe en humano.

De esa desgarradora tensión es de lo que está hecha la historia de los Mundiales, un club del dolor al que hoy se une Kylian Mbappé tras perder su invicto perfecto desde los doce pasos en la máxima cita.

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Ni los reyes absolutos de esta época han sido inmunes a esta tortura: Lionel Messi firmó un registro inédito en este Mundial 2026 al convertirse en el primer futbolista que falla dos penales en una misma edición (ante Austria en fase de grupos y Egipto en octavos), sumándose a sus caídas en Rusia 2018 y Qatar 2022.

Su eterno rival, Cristiano Ronaldo, vivió su propio calvario en Rusia 2018 al fallar un cobro clave ante Irán, el mismo torneo donde figuras como el inglés Harry Kane —quien erró un dramático penal ante Francia en los cuartos de Qatar 2022— o el polaco Robert Lewandowski supieron lo que es morder el polvo bajo la presión máxima.

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Décadas atrás, este peso de la corona aplastó a mitos vivientes, incluyendo al argentino Mario Alberto Kempes, quien falló ante Italia en 1978. La postal más dramática ocurrió en la final de Estados Unidos 1994, cuando el legendario capitán italiano Franco Baresi y el «Divino» Roberto Baggio mandaron sus remates por encima del travesaño, entregándole el título a Brasil en el Rose Bowl.

Asimismo, la tragedia golpeó en el mítico Francia-Brasil de México 1986, donde el elegante Zico erró en el tiempo regular y, ya en la definición, el cerebral centrocampista brasileño Sócrates y el mismísimo Michel Platini enviaron sus tiros a las nubes. Con su fallo actual, Mbappé revive esa verdad eterna de la Copa del Mundo: frente a la soledad del manchón penal, ni los balones de oro ni el peso de la historia garantizan la gloria.