Ética y política

 

Frente al idealismo platónico, Aristóteles, su discípulo, propone en estos textos una fundamentación naturalista de la ética: el bien que el hombre ha de perseguir ha de ser deducido a partir de su propia constitución natural: lo propio del hombre es buscar la felicidad en su actividad específica: la teoría. Esta es relevante, no sólo para la vida individual, sino también para la sociedad y política. (*)

* González Antonio. Introducción a la práctica de la filosofía. Texto de iniciación. UCA Editores. San Salvador, 2005.

 

En suma, llamamos perfecto a lo que siempre es elegible por él mismo y nunca por otra cosa. Tal parece ser esencialmente la felicidad. En efecto, la buscamos por  ella  misma,  y nunca por otra cosa; mientras que a los honores, al placer, a la inteligencia y a toda virtud los buscamos, sí, por sí mismos (pues, aunque no se siguiese nada, los elegiríamos), pero los deseamos también en vista de la felicidad, ya que pensamos que por medio de ellos seremos felices; en cambio, nadie elige la felicidad por esas cosas(… ).

Pero quizá el decir que la felicidad es el bien supremo parezca  decir  una cosa resabida,  y se desée que se declare con más nitidez qué es. Tal vez esto se consiga si se logra captar la función del hombre. (…) ¿Y cuál podrá ser ésa? Porque el vivir es evidentemente algo que el hombre tiene en común con las plantas, y lo que buscamos es lo propio del hombre. Queda, por tanto, fuera de la cuestión la vida de nutrición y crecimiento. La siguiente sería la vida sensitiva, pero bien se ve que también ésta la tiene en común el hombre con los caballos, el buey y todos los animales.

Queda, pues, por fin, una cierta vida activa del ser que tiene razón en el doble sentido de que obedece a la razón y la posee, y en el sentido de que efectivamente piensa. Más, diciéndose esa vida en dos sentidos, hay que tomarla en el sentido de actividad efectiva, pues ésta es la que parece a todos decirse en sentido primario. Y si la función propia del hombre es una actividad del alma conforme a la razón o, al menos, no desprovista de razón; y si decimos que esta función es genéricamente la misma en un individuo cualquiera y en un individuo bueno -como en un citarista y en un buen citarista, y en general, en todas las cosas lo mismo-, sobreañadiéndose a la obra la excelencia de la virtud (pues es propio del citarista el tocar la cítara, y del buen citarista el tocarla bien); si ello es así, sostenemos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta, una actividad del alma y acciones conformes a la razón, y la del hombre bueno, el hacerlas bien y de una manera perfecta…

(Tomado de su Ética nicomaquea, siglo IV, a. C.)

Si es verdad que existe algún fin de nuestros actos que nosotros queremos por sí mismo, mientras que los demás fines no los buscamos más que en orden a este mismo fin (…), podría parecer que éste depende de la más importante de las ciencias y la más arquitectónica. Esta es, al parecer, la ciencia política (…). Al utilizar la política las demás ciencias y al legislar qué es lo que se debe hacer y qué es lo que se debe evitar, el fin que persigue la política puede involucrar los fines de las otras ciencias, hasta el extremo de que su fin sea el bien supremo del hombre. Porque, aunque el bien del individuo se identifique con el bien del Estado, parece mucho más importante y más conforme a los fines verdaderos llevar entre manos y salvar el bien del Estado. El bien es ciertamente deseable cuando interesa a un solo individuo; pero se reviste de un carácter más bello y más divino cuando interesa a un pueblo y a unas ciudades.

(Tomado de su Política, siglo IV, a.C.)

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