Por Lester Oliveros

El otro día estuve en el Fondo de Cultura Económica en la presentación del libro En la libertad de nuestros días, de la escritora Anais de la Roca. Por allí llegó su editor Gerardo Guinea, junto con Arturo Monterroso y el muchacho que me había invitado, que además lo conozco, por ser el autor de un afanoso libro de entrevistas, a un rimero de escritores internacionales: José Luis Perdomo.

_Cul4_1La novela, En la libertad de nuestros días, publicada este año por Magna Terra, es de la psicóloga y abogada Anais de la Roca, quien además se interesa mucho por observar astros, estrellas desertoras, y nuestro blanco satélite lleno de cráteres, todo esto desde un telescopio, además de ser bailarina y productora de audiovisuales.

Al finalizar la presentación me interesó entrevistarla, preguntarle sobre su oficio. Desde un principio me pareció un libro interesante, dado que escribir es complicado, si se busca además el tiempo para concluir dos carreras universitarias en un país, apenas educándose para la igualdad de oportunidades.

¿Cuál es tu libro favorito? –Le pregunté, como un necio. El amor en los tiempos del cólera –me respondió, encantadora.

Yo había terminado de leer un cuento hermoso de Saki y le pregunté fanáticamente si alguna vez se habría conmovido al terminar de leer una historia. Carver –me dijo –Raymond Carver, en su cuento De qué hablamos cuando hablamos de amor.

Me recordé de una anécdota que me contó Javier Payeras de uno de los relatos de Raymond, sobre un tocadiscos antiguo y una pareja de tiernos enamorados. Me sorprendió, y no fue fácil preguntarle si su libro era parecido al de Vivian Marroquín. A lo que yo mismo me respondí en silencio, que estaba unas rayitas más allá de ella (considerando que Siendo puta me fue mejor, requiere de los lectores un amplio criterio para no caer en sus baches). En vez de meterme en problemas tan rápido, le pregunté algo condicionado por el tono de una presentación tan redentora:

¿Cuál ha sido tu mejor orgasmo?

Conmigo misma –me dijo sin dudarlo.

El libro me lo entregó alguien muy amable de las Cien Puertas, donde inmediatamente me puse a leerlo. Y no lo dejé hasta 48 horas después, de que me lo entregara Anais, sin un autógrafo. En vez de eso tenía una fotografía de la autora en la solapa de la portada, que era como su firma en términos universales.

La novela relata la vida de Miguel Solares y su grupo de amigos, con puntuales episodios de la vida, que como si fueran ya un rompecabezas, donde cada uno de los protagonistas, participantes de esta ficción, terminara por completar un crucigrama con sus vidas.

Es un libro fluido, muy bien construido para una lectura dinámica. La novela pareciera una fotonovela, o el guion de una película, y con esto quiero enfatizar que es muy visual. Además es una novela erótica, pero que no llega a los niveles de pornoliteratura bon marché, ya que en cada experiencia se relatan tan claramente las escenas que se presiente una ingenuidad venerable. También es la experiencia de un grupo de compañeros de estudio, la línea cronológica de un estudiante, desde el momento que entra en la universidad, y al cabo de años de esfuerzo, contrariedades, pequeños triunfos cotidianos, amores imposibles, y encuentros sexuales consumados, junto con las eternas tareas de clase, termina con un título universitario. Todo un jedi, un completo ninja de saco y corbata, que terminará cerrando el círculo, (empujado por la costumbre que es esa repetición constante), en un cuarto de hotel con una alumna. La serpiente termina mordiéndose la cola, inevitablemente. Pero la que tiene la plena libertad en el libro es la vida misma y sus azares, y se agradece que no tenga un final feliz como en la mala literatura, sino sea como es la vida, arriesgada, enredada y enfermiza. He aquí la entrevista:

¿Es interesante para un hombre latino saber lo que piensan las mujeres de las relaciones de pareja? ¿Cómo crees que van a tomar su lectura en general?

Creo que les va a parecer interesante que una mujer tenga las mismas necesidades de exploración que los hombres en el aspecto sexual, y de autorrealización, y que tenga la capacidad de disfrutar de una relación sin crear conexiones emocionales profundas.

¿Escribís a mano o en computadora? O en otras palabras, ¿nos podrías contar cómo fue un día de Anais en cuanto a la escritura de esta novela?

Escribo en la computadora casi todo el tiempo. Algunas ideas a mano. Para escribir necesito estar sola y en contacto con una vista que me inspire. Para este libro trabajé en jornadas de 5 a 6 horas diarias, del medio día al atardecer y luego a revisar, o estructurar las ideas para el día siguiente. Este libro lo escribí con una extraordinaria vista al mar.

¿Qué escritora guatemalteca te parece fundamental, y de esa intelectual qué parte de su carácter te parece más relevante e imitable?

Margarita Carrera y Regina Galindo y lo que más me inspira de ellas es su valentía de expresar lo que piensa y compartirlo a través de su arte.

El erotismo, la sensualidad, la palabra sexo y todas las demás palabras que van ligadas a la expresión de los sentidos ¿van a seguir girando en la mente de Anais en una futura obra?

El erotismo y la expresión del goce de los sentidos me parecen fundamentales para contar historias, el sexo como expresión o como rebeldía, la abstinencia o el disfrute del mismo me parecen esenciales para comprender a un personaje.

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Mientras empiezo a leer Yo el Supremo de Roa Bastos, me tomo el tiempo para desglosar algunas ideas. Acá en este cafetín a la vuelta de mi casa, le comento a mi novia que el libro de Anais es un libro didáctico, y no lo digo en broma. En la página 103 se aprende cómo armar una fiesta y de cómo se hace la coperacha. En la página 106 de cómo se cura una cruda con una sopa de huevos y epazote; en la página 128 puede aprenderse qué tipo de papel se puede usar para armar un porro. Pero no todo es vicio, la página 125 nos dice la receta arbitraria de un pepián.

Y así, sigo esta entrevista-semblanza, hasta que llega un cuate y me pregunta que de qué trata el libro, y le digo que lea mi cuaderno lleno de garabatos. Allí se lee una nota que no creo que vaya a escribir tan en serio: “no cabe duda que Anais de la Roca, es o tiene alma de maestra, baste el ejemplo simple de todo los que nos enseña en la pequeña solapa de la portada”. Le enseño entonces a mi amigo y el solo alcanza a de decir:

– ¡Wow!

Conociendo las varias aficiones de Anais, solo puedo pensar que sus aspiraciones seguirán creciendo, quizás exponencialmente. Sus personajes están dibujados a su imagen. Su mejor aporte es haberse salido de sí misma y encarnarse en un hombre, sin perder ni un segundo la diestra lógica femenina.

Lester Oliveros (Guatemala, 1976). Actualmente trabaja de freelance para Editorial Santillana, es editor y fundador de la Editorial Cartonera Maximón. Ha publicado “Deliriosaurios” (2011) y “Venados & Jaguares” (2013).

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