José Manuel Fajardo Salinas
Académico e investigador UNAH

Hace cien años, en septiembre, nació Paulo Reglus Neves Freire. Están ocurriendo conmemoraciones, y esta composición quiere celebrarlo meditando en algunas de sus ideas pedagógicas. Para lo anterior, hago uso de un valioso cortometraje, que, en apenas 6 minutos con 44 segundos, expresa conexiones multiformes con la basta producción intelectual del pensador brasileño. El audiovisual se titula Duel (Duelo) y es del año 1997.

Para el análisis de esta película de animación, hago una especie de juego hermenéutico, atendiendo primeramente lo simplemente descriptivo (buscando el máximo nivel de objetividad en la caracterización, al estilo de la filosofía analítica), y luego, salto a lo fenomenológico (que pretende explorar sentidos y significados profundos de lo anterior), para elaborar un discurso de clarificación de las acciones escenificadas. Así, se procurará expresar lo usual de los hechos visibles en el cortometraje, y de modo posterior, la vivencia que, a nivel de conceptualización pedagógica, esta secuencia fílmica invita a considerar (sin eliminar los múltiples horizontes de reflexión que pueden surgir más allá de lo propiamente educativo).

Arrancando con lo descriptivo, en el video estilo comic, que usa fondo blanco en todo su desarrollo y una música que varía según cada escena, aparece un niño recién nacido que cae sentado en una especie de plataforma estilo banda, misma que, mediante rodos, hace que el chico sea movido a través de una ruta donde experimenta distintos estímulos referidos al ámbito de la escolaridad (a la vez que va aumentando de edad). De ahí que, como párvulo, recibe traje escolar y mochila, luego va topando con cuentos, libros infantiles y muchos lápices de colores, los cuales usa para rayar, rellenar figuras, o garabatear los textos que aparecen y desaparecen. De repente, surge una mano humana (no estilo comic), que le quita al niño su entretenimiento, y le inserta en la coronilla un embudo a través del cual introduce en su cabeza letras y números recortados; el niño intenta jugar con estas letras y números, pero la mano lo impide, y el proceso de encajarlos a través del embudo continúa.

Prosiguiendo la historia, el niño crece (la mano retira el embudo) y salta a la edad preadolescente, donde viajando en la misma plataforma encuentra materiales de lectura de distinto tipo. Le llama la atención una obra de Julio Verne, pero al tomarla, reaparece la mano que le quita el libro, y repite el procedimiento ya explicado; sin embargo, ahora aparece una tijera, que colabora cortando las hojas de los textos, y así, los recortes van cayendo en la boca del embudo para ser ingresados con rudeza en la cabeza del protagonista. Mientras esto ocurre, el chico intenta revisar unas revistas de desnudos femeninos, pero la mano interviene nuevamente, lo golpea directamente y arrugando el material, lo tira a la basura.

Se repite la escena del salto de edad, y el ahora joven, se encuentra con nuevos materiales de lectura y audiovisuales (novelas, cintas, películas, etc.), pero al intentar tomarlas, la mano repite lo previo, contando en esta ocasión con la ayuda de una especie de rayador de cocina, que desmenuza aún más todos estos objetos, y también con un martillo, que golpea para presionar la entrada de todo lo descuartizado y destrozado en la cabeza del jovencito. En este punto, el muchacho mira lo que ocurre adelante de la plataforma: otros chicos que están viviendo la misma experiencia con el embudo, sufren una especie de transformación al tomar la figura de oficinistas o burócratas (vestidos de traje y corbata, lentes redondos, maletín oscuro, y, además, sonrientes), que se precipitan al vacío cuando la banda móvil finaliza su recorrido. Como reacción, el joven hace un gran esfuerzo, y se libera del embudo, corre en sentido contrario al movimiento de la plataforma, es buscado por la mano y los instrumentos mencionados, pero usando los materiales escolares que aún están intactos, los lanza con la ayuda de otros jóvenes hacia los perseguidores, que resultan vencidos y se derrumban desarmados en el suelo. Entonces, chicas y chicos, se divierten saltando, leyendo, riendo en medio de discos, libros, audiocasetes, etc. De repente, y concluyendo las escenas, una tijera se levanta entre los escombros y se abre y cierra en dirección al grupo de jóvenes.

Paso ahora al segundo momento, la búsqueda de sentidos, donde la metodología fenomenológica se pregunta por lo esencial de cada una de las descripciones previas, dando lugar a múltiples interpretaciones, lo cual es un valioso punto para destacar, pues reafirma la idea de la pluralidad y riqueza semántica de la imagen por sobre las palabras. Ello ayuda a realzar el poder de las figuras como recurso educativo singular, pues permite interactuar entre quienes reflexionan sobre los sentidos de lo real, sabiendo que, durante los intercambios de parecer, habrá una ampliación del punto de vista particular merced a la riqueza inagotable de lo simbólico en las imágenes. Ahora bien, y haciendo honor a don Paulo, me inclino a proponer tres ideas interpretativas que van a tono con sus aportes pedagógicos y que ayudan a dar una configuración hermenéutica interesante al video descrito.

Primero, y quizá lo que más resalta desde la materialidad de lo observado en la acción de la mano y los instrumentos que aparecen, particularmente el embudo: la educación bancaria. Esta idea tan gráfica de Freire, simbolizada en los elementos mencionados, pero también en la banda móvil que concluye con un abismo en el que se precipitan las mejores intenciones, representa el triste final de la vida humana y laboral mediatizada por la regularidad normalizadora de procesos educativos que se vuelven un fin en sí mismos. Es decir, el conocimiento adquirido por los procesos de enseñanza y aprendizaje es lo de menos en la educación bancaria, ya que se da primacía a un conjunto de informaciones descontextualizadas y desmembradas de lo humano. De este modo, los recortes y los segmentos de datos ingresados de modo forzado en el educando no tienen la posibilidad de convertirse en conocimiento, son simple erudición vacua u obesidad intelectual.

Ahondando en este significado, y llevando su lógica al nivel institucional, se podría hablar de un fenómeno de gatopardismo en cuanto a reformas educativas que repiten incesantemente el argumento de la prioridad educativa como la solución para incentivar el desarrollo humano de la región latinoamericana, pero que a la vez disfrazan con moda de novedad las viejas fórmulas, en la hábil estrategia de dar impresión de cambio, precisamente, para que nada cambie. Esta noción, “gatopardismo”, o lo “lampedusiano”, tomada de las ciencias políticas, combina bien con el concepto de educación bancaria, ya que la plataforma educativa móvil que se ve en el cortometraje engaña con su “avance”, pero en realidad es reiterativa en su manejo del hecho educativo. De este modo, la escena de liberación final, que destruye lo redundante para que surja lo nuevo, es asunto pendiente, pues es políticamente conveniente para los gendarmes educativos que las cosas sigan igual.

Segunda idea clave: la pedagogía crítica, que prioriza el nexo entre la acción educativa y la configuración política. Aquí las escenas descritas podrían interpretarse sobre todo en base a las dos primeras facetas del protagonista, donde un estado fenoménico de no-reacción es lo más elocuente. Trasladado a las comunidades y sociedades de la actualidad latinoamericana, se podría hablar de una especie de estacionamiento o regresión en el proceso de maduración de conciencia, donde los aparatos educativos formales y no formales, provocan un condicionamiento en sordina, para escuchar solamente lo que aletargue o distraiga la relación ética que hay entre nuestras formas educativas y los manejos del poder cotidiano a todo nivel.

Un detalle escénico que respalda o enriquece este modo de juzgar al personaje, que no distingue la conexión existente entre el modo en que está siendo educado y el hábito político de sujeción y obediencia acrítica al que se le conduce, es que, en cada uno de los momentos de cambio de edad, la mano retira el embudo que utilizó para cada etapa. O sea, cada sección de vida tiene sus propios modos de condicionamiento educativo, y estos se vuelven más violentos según el avance de edad, así, aunque inicialmente solo había una tijera, luego van apareciendo más y más instrumentos de corte y recorte en escena. Y, apuntando al momento específico de mayor violencia que ocurre en la trama, cuando el adolescente es sacudido con una bofetada al intentar hojear las páginas de desnudos, se puede cavilar un poco sobre cómo la relación entre géneros es directamente afectada por estilos educativos que limitan y/o distancian la exploración de esta otredad inquietante. Desde la pedagogía crítica este detalle anima a meditar sobre cómo la inadecuada relación educativa entre géneros, puede ser el trasfondo que desconfigura el manejo justo del sentido de poder personal y social, ya que coloca a la propia identidad en conflicto consigo misma (de ahí que no es casual colocar esta escena en la etapa adolescente del personaje); una referencia interesante al respecto se tiene con Octavio Paz, que en El laberinto de la soledad (capítulo “Máscaras mexicanas”), discurre sobre los “cierres” de psicologías agredidas, con acento en la dimensión de género, y sus expresiones en los modos sociales mexicanos (extensivos a la generalidad latinoamericana en mucho de lo aludido).

PRESENTACIÓN

La celebración del natalicio de Paulo Freire es ocasión propicia para reconocer la crítica pedagógica del pensador brasileño.  Su visión, que obliga a reconsiderar “la educación bancaria”, constituye un aporte encaminado a la emancipación de los pueblos sometidos históricamente en franjas de pobreza.

Es una filosofía problematizadora para la acción que parte del valor de la persona humana, la confianza en las posibilidades de cambio y el papel que tiene como agente de su propia transformación.  Las conquistas personales no son gratuitas ni vienen del cielo, son producto del esfuerzo que inicia con el desaprendizaje.

Se trata de comprender el papel dominador de quienes han manipulado el acto educativo para fundar una nueva narrativa.  Sin este papel de deconstrucción resultaría imposible una “episteme” que recupere los valores arrebatados por los opresores.  Por ello, la pedagogía no puede ser sino crítica en cuanto instrumento ideológico para inutilizar el pensamiento.

Al respecto, Fajardo Salinas, autor del artículo principal de nuestra edición, nos dice lo siguiente:

“El conocimiento adquirido por los procesos de enseñanza y aprendizaje es lo de menos en la educación bancaria, ya que se da primacía a un conjunto de informaciones descontextualizadas y desmembradas de lo humano. De este modo, los recortes y los segmentos de datos ingresados de modo forzado en el educando no tienen la posibilidad de convertirse en conocimiento, son simple erudición vacua u obesidad intelectual”.

Que la lectura, tanto del texto de Freire como la de los otros colaboradores de nuestro Suplemento, redunde en provecho de su refinado amueblado intelectual.  Nos sentimos unidos con usted desde el espíritu consagrado a la verdad, ya sabe, la convicción que reconoce el peregrinaje liberador a través del universo de las ideas.  Da alegría formar comunidad y no sentirse solo.  Hasta la próxima.

INGRESE PARA DESCARGAR EL SUPLEMENTO CULTURAL

Artículo anteriorDemonios sueltos en la sociedad
Artículo siguientePor interpelación sin avances, UNE citaría a Pimentel semanalmente