Miles de niños en Guatemala que podrían llegar al millón, enfrentan el desafío de vivir y sufrir con problemas nutricionales, así como con enfermedades infecciosas y violencia intrafamiliar y muchos de ellos en forma crónica. FOTO LA HORA: AP.

Alfonso Mata

POR QUÉ ACABAR CON LA INEQUIDAD

Miles de niños en Guatemala que podrían llegar al millón, enfrentan el desafío de vivir y sufrir con problemas nutricionales, así como con enfermedades infecciosas y violencia intrafamiliar y muchos de ellos en forma crónica.

Según las estimaciones en estudios, más de la mitad de estos tendrán limitaciones en sus actividades diarias habituales y en su salud futura, como consecuencia de estos acontecimientos a tan temprana edad.

Brindar atención a la gran y creciente porción de la población con esos problemas se complica aún más por los desafíos relacionados con el acceso desigual y las disparidades en la atención a su salud que tienen los grupos de mayor riesgo. Estas disparidades se deben en parte a factores como la raza, el origen étnico, el género, la geografía, el nivel socioeconómico o a la falta de acceso a los servicios de salud. Muchas de las personas padecientes, suman tener todos esos factores en su contra.

Y es claro lo que demanda esa situación no es tan solo mejorar el acceso y la equidad social, económica y ambiental a las familias e individuos con grave situación, sino terminar con las barreras sociales, ecológicas, y políticas, que les impide el acceso a la atención y que afecta la equidad en la salud y el bienestar de las personas.

Solo un gobierno que le entre a los factores ecológico sociales que han demostrado ser los causantes de esos males crónicos, podrá tener la oportunidad para comprender y atender a la disminución de riesgos y casos, lo cual solo se puede lograr si los factores involucrados son atacados en los distintos niveles del sistema productor de los mismos, incluidos los niveles individuales, organizativos, comunitarios y de políticas. Prevenir y recuperar son las acciones esperadas y las buenas acciones en la prevención, ayuda a evitar y disminuir la casuística de los segundos.

QUÉ NECESITA EL ESTADO EN ESTOS MOMENTOS

Trabajar tres aspectos que se correlacionan y se siguen unos a otros

En primer lugar debería ya tener el próximo gobierno una visión general fundamental de los desafíos y oportunidades relacionados con la mejora del sistema de salud y de las comunidades, para avanzar en el acceso en la equidad en salud para personas de todas las edades que viven con enfermedades nutricionales, infecciosas y crónicas, accidentes e inseguridad en su salud mental.

En un segundo plano, debe contar con un plan y clara definición de oportunidades, para mejorar el acceso y equidad de la prevención y atención a nivel comunitario y organizacional.

La tercera se refiere a explorar el acceso y la equidad desde la perspectiva de pacientes, familias y profesionales del campo social y económico, en apoyo a un cambio de actitud y atención a esos fenómenos de salud.

La implementación desde el principio de opciones y soluciones de política para ampliar el acceso al cuidado de la salud y avance en la equidad en salud, es un renglón prioritario en aspectos de seguridad social para el nuevo gobierno.

QUIÉNES DEBEN PARTICIPAR

El problema de equidad es claro que no corresponde en su solución solo al sistema de salud. No resulta únicamente de las deficiencias en las prestaciones de este. Son los determinantes sociales, ambientales y económicos, los que propician fundamentalmente esas situaciones. Su ataque demanda de mecanismos políticos e institucionales innovadores, inexistentes en la actualidad y eso requiere del diseño de intervenciones efectivas que sean multifactoriales, pues así son los problemas: iniciativas de mejora de la calidad adaptadas culturalmente; atención basada en equipos dirigidos multisectorialmente incluyendo autoridades locales, familias y comunidades como parte del equipo de atención; capacitación interactiva basada en habilidades y experiencias de las propias comunidades también.

La intervención estatal multinivel no es cosa fácil. En ello hay cinco elementos que no podemos dejar de atender y que son fundamentales de considerar para el trabajo en intervenciones multinivel tanto intra como interinstitucionales que pretende lograr la equidad en salud:

1. No existe una solución mágica para lograr la equidad en la atención a los problemas nutricionales, infecciosos, enfermedades cónicas accidentes y salud mental. Todos ellos en su magnitud y riesgo, se encuentran interrelacionados y actúan en sinergismo propiciando aparecimiento y perpetuación del problema.
2. Lograr la equidad en salud es un proceso tanto intra como interinstitucional.
3. Abordar los determinantes sociales y económicos de la salud es esencial y sin ello, el costo beneficio del trabajo sectorial es una pérdida de dinero y esfuerzo para acabar con esos problemas.
4. Abordar los costos, inversiones e incentivos es esencial.
5. La equidad debe enmarcarse como una cuestión de justicia moral y social, cosa que obliga y enmarca la Constitución de la República.

El sistema de gobierno, las instituciones para encarar estos problemas, necesitan precisar algunos aspectos en común, propias de las intervenciones efectivas multifactoriales. El accionar público y privado, debe ser adaptado culturalmente y acompañarse de iniciativas de mejora de la calidad; recibir atención en equipo dirigido por autoridades locales; integrado a miembros de la familia y socios de la comunidad y trabajadores comunitarios; y proporcionar capacitación interactiva basada en habilidades a los pacientes.

REQUISITOS PARA IMPLEMENTAR UN PROGRAMA DE EQUIDAD

En primera instancia, abordar los determinantes sociales de salud. Actualmente es quizás el problema más difícil en el campo de las disparidades de salud y bienestar, pero el más indispensable.

El trabajar mirando pacientes y casos individuales previene muerte, lo que no necesariamente genera salud y mucho menos afecta la incidencia de casos. Insisto, a la par de ello tiene que resolverse el problema financiero de la prevención. Esto no solo demanda de cambio estructural político institucional, sino de discusiones libres, francas y audaces sobre el racismo estructural, el colonialismo, el privilegio económico social y las asociaciones intersectoriales para abordar esos impulsores estructurales subyacentes.

Tener tales discusiones puede ser difícil, al menos en parte porque las diferencias de poder influyen en la narrativa histórica y el control sobre los recursos y las decisiones, lo que afecta la forma en que se enmarcan los problemas de disparidad de salud. Es indiscutible que la discusión debe partir de la gran brecha entre la retórica sobre cómo la constitución de la República valora la equidad en salud y bienestar, de cómo se expresa ello en documentos, y lo que en la realidad permiten y fomentan las políticas reales y lo que éstas hacen, para apoyar e incentivar la equidad en salud y el bienestar. El desarrollo explícitamente de políticas de atención a individuos con daño, de ninguna manera resuelve y encamina a la equidad, pues esas políticas no proporcionan recursos y apoyo adecuados para los esfuerzos de prevención y atenuación del problema y número de casos. Responsabilizar únicamente al sistema de atención de la salud de ello, es carente de toda lógica.

Todo esto necesita de un elemento, que sin el, todo lo de arriba se vuelve retórica e ideología: depurar la corrupción, que es el lado oscuro institucional en este momento, pesadilla para innovar y realizar cambios.

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