Alfonso Mata

1. Situación

En la epidemiología guatemalteca ¿existe una patología de la pobreza? Las investigaciones realizadas alrededor del mundo, señalan desde hace muchas décadas, que la frecuencia y evolución de las enfermedades, es muy diferente en los distintos grupos de población que difieren en lo económico, social y ambiental. Sin embargo, a nivel nacional, nunca se ha realizado tal estudio a pesar de que es fundamental para la preparación de políticas y la planificación y organización del sistema nacional de salud, así como para la preparación del recurso humano.

Sabemos por estudios en otras latitudes, que muchas enfermedades son dos o tres veces más frecuentes en países con bajos ingresos per cápita como el nuestro o que la mortalidad en esos países es mayor o que la esperanza de vida al nacer también y que la carga de morbi mortalidad, es un buen índice de pobreza, pero poco conocemos de cómo esas tasas de incidencia y prevalencia de enfermedades, representan una forma diferente de comportarse de patologías y enfermedades (duran más, son más severas, causan más daño biológico social y psicológico) tanto al momento de producirse (adaptaciones y desadaptaciones) como en el futuro del desarrollo y evolución de las personas y sus descendencias. Por ejemplo en la década de los sesenta, en países desarrollados, un 14% de muertes era por senilidad y un 66% por padecimientos degenerativos y cáncer; en esa misma época en los países en vías de desarrollo 1 y 6 % respectivamente de muertes, lo eran por esas causas. Nuestras poblaciones no llegaban con facilidad a esas edades.

La causa de esas diferencias afirman algunos, es debido a que en los países con alta incidencia de pobreza, se torna políticamente más difícil distribuir que producir ¿cómo es eso? La razón parece estar en que las brechas absolutas y relativas de desarrollo humano y acceso a servicios y bienes en esos países, son muy grandes. El acceso a bienes y servicios, con fuentes de trabajo bien remuneradas, es lo único que facilita la satisfacción de un nivel aceptable de salud; es lo que puede disminuir la brecha actual de amenazas y riesgos (hogar y ambiente sanos, alimentación adecuada, educación, energía, adelantos técnicos, acceso a servicios) entre grupos de población y que determina un vivir con patología o sano.

En nuestro medio, existen y conviven tres grupos con diferencia de acceso a la salud. Sabemos que la clase que vive en la abundancia, cuenta con los recursos para vivir en ambientes sanos y con los fondos necesarios para atenderse en lo privado nacional e internacional (aunque en algunos casos, los medicamentos los adquiere de forma favorable como prestación de servicios públicos o seguridad social).

El otro grupo beneficiado de buen acceso a la salud, es el que tiene derecho a la seguridad social (16-20% de la población) que vive y trabaja en ambientes menos sanos, pero que tiene acceso a prestaciones de salud hospitalarios y terapéuticos.

Finalmente tenemos la clase menos privilegiada que vive y muchas veces trabaja en ambientes insalubres y que a pesar de mayor vulnerabilidad de su salud, tiene menos acceso a los servicios de salud y para la atención médica personal o familiar, depende de los recursos asistenciales del gobierno, que siempre son limitados y de difícil acceso.

Si es verdad que el acceso a los servicios de salud se ha mejorado, también es verdad que entre los servicios de salud disponibles para cada uno de esos grupos humanos, desafortunadamente también existen brechas: científicas y tecnológicas, atención, cuidados, costos y a pesar de ello, no tenemos estudios comparativos sobre ello.

De tal forma que lo que sabemos de diferencias en salud en nuestros grupos humanos, se ha extrapolado de estudios realizados en otras sociedades y que señalan diferencias.

2. Hallazgos mundiales

En primer lugar, ante una misma enfermedad, se ha encontrado que es posible que mientras más se eleva el nivel económico del paciente, este recurre al médico ante el menor signo o síntoma presente. En ese sentido, al referirnos a enfermedades degenerativas, cánceres, diabetes, accidentes, es muy posible que las clases menos privilegiadas lleguen a los centros asistenciales con más retraso, con casos más avanzados y severos y muchos de ellos, sí viven en áreas rurales y alejados de los centros clínicos de las grandes ciudades, ni siquiera lleguen. Embarazos y partos con complicaciones, accidentes y traumatismo, tampoco escapan a esa situación. Por consiguiente es de esperar poblaciones menos sanas en los grupos de población con más restricciones.

En segundo lugar, es muy probable que la automedicación y procedimientos mal realizados, esté provocando más daño y retraso a tratamientos adecuados, cuya magnitud y daño desconocemos. Abortos y partos con complicaciones, traumatismos mal rehabilitados, incapacidades de todo tipo que conducen a incidir en mayores sufrimientos y daños e incapacidad y mortalidad, en los grupos con más restricciones.

No solo los problemas gineco-obstétricos (son los más visibles) son objeto de atención insuficiente e inadecuada por el sistema de salud: desnutrición, infecciones respiratorias y digestivas, de transmisión sexual, patologías cardíacas y digestivas, también. De igual forma se ve restringido, el acceso a pruebas de tamizaje, útiles para la detección de casos tempranos y de riesgo de ciertas enfermedades. Todo esto limita a la población menos privilegiada y con mayores factores de riesgo un acceso eficaz y oportuno a la atención de sus problemas de salud y por consiguiente son menos sanas.

En estudios nacionales e internacionales, existe un denominador común que suele pasarse por alto que influye y condiciona mucha de la patología infecciosa del menos privilegiado, nos referimos al estado nutricional, aspecto importante tanto para procesos celulares y moleculares como metabólicos e inmunológicos fundamentales en la lucha contra las infecciones. En las enfermedades crónicas, hábitos como el alcoholismo, fumar, la dieta y las condiciones ambientales laborales y del hogar, son otros riesgos que se han identificado con mayor frecuencia, en las poblaciones menos privilegiadas. Por lo tanto, hay una clara diferencia cuali y cuantitativa, en la forma en que se presentan y evolucionan los mismos padecimientos en pacientes según su nivel económico y acceso a los servicios.

En tercer lugar, existen condiciones ambientales desfavorables, cuya frecuencia es mucho mayor en las clases menos privilegiadas y que están fuertemente asociadas a fenómenos propios dentro de la pobreza: limitaciones alimentarias, mal saneamiento, exposición química, estilo y modo de vida sexual y reproductiva, hábitos y costumbres que determinan procesos patológicos más complejos y combinaciones más frecuentes de estos. Muchas de las condiciones a que conduce al organismo la pobreza, generan aumento de intensidad y frecuencia de estrés, que conduce a funcionamiento de muchas funciones orgánicas a los que lo padecen y que con el correr del tiempo, se tornan en enfermedades, en enfermedades, que se ven potencializadas a avanzar a estados más críticos (más dolor, más daño, más limitaciones) por el hecho importante de que se instalan en organismos funcionalmente más débiles, que constantemente se ven sometidos de nuevo a la acción de los riesgos apenas empiezan a sanar. No hay nada más estresante que el dolor crónico y el padecimiento largo.

Otro elemento de consideración es que el cuerpo y la mente del social y económicamente marginado, a pesar de que pueda ser capaz de adaptaciones y tolerancias, eso pasa factura tarde o temprano: enfermedad hepática, renal, diabetes, hipotiroidismo, deficiencias nutricionales, infecciones pélvicas y de trasmisión sexual, trastornos cardíacos, gastrointestinales y mentales que con mucha menos probabilidad llegan a ser atendidos por el sistema de salud asistencial con una mayor probabilidad de muerte que en los otros grupos y de deterioro socioeconómico en la familia.

Resumen:
No cabe duda que la patología entre clases económicas y sociales es diferente. El sector que vive en la abundancia, ha bajado sus índices de morbi mortalidad especialmente: deficiencias nutricionales, enfermedades infecto contagiosas; viven más años y tienen una vida reproductiva más segura, y sus enfermedades degenerativas y crónicas son detectadas más tempranamente y mejor controladas evitando muertes tempranas y mucho sufrimiento. En las clases menos privilegiadas sucede lo contrario.

La organización y funcionamiento del sistema nacional de salud, es la expresión más clara de la desigualdad social y del fracaso de nuestras políticas salubristas, aportando con ello aumento a la brecha del desarrollo.

La pobreza que aúna todas las condicionantes para la falta de salud, significan para el hombre y la sociedad que las padece: frustración, irritación, cólera, odio, miedo, reacciones violentas, desnutrición, alcoholismo, enfermedad, y ello en parte explica patologías orgánicas, psiquiátricas, iniciación sexual precoz, embarazos y partos tempranos y patologías en todas las etapas de la vida. Los otros factores agregados a la pobreza: Ignorancia y cultura de sobrevivencia, agregan sal al caldo de dificultades insalvables sociales y económicas.

Somos pues una sociedad cuya mayoría no disfruta de sus derechos, nuestros incumplimientos constitucionales se ven reflejados en la pobreza resumen de un conjunto de problemas irresueltos que se manifiestan gobierno tras gobierno y declaraciones discursivas incumplidas. Fracaso de políticas y gobiernos, poblaciones con desarrollo pobre de su potencial humano.

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