Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt

Sigo creyendo que le damos excesiva importancia a las pretensiones o programas que el nuevo presidente norteamericano Donald Trump piensa desarrollar durante su período presidencial. Mantengo el criterio que debiera ser más importante para nosotros preocuparnos de nuestros problemas y carencias que se derivan de las pésimas administraciones que hemos tenido, causantes de los tremendos déficits en nuestro desarrollo y no tanto en lo que otros piensan. Trump quiere lo mejor para su país y tonto sería si pensara en chiquito para lograrlo. Creo que en Guatemala llegó la hora de pensar en grande. Debiéramos ponernos a trabajar con tanta gente experta, capaz, trabajadora y honesta, con que gracias a Dios todavía contamos en el país para sacarlo avante, y dejar de quejarnos por los problemas que traerán consigo las deportaciones de los connacionales, más aun cuando no podemos brindarles ninguna buena condición para recibirlos.

En esto último radica nuestro problema, no en las acciones que piensa o vaya a poner en práctica Trump sino en la actitud que nosotros adoptemos ante su estrategia. De ahí el por qué me agradaron mucho las declaraciones del multimillonario empresario de las comunicaciones Carlos Slim, cuando dijo: “La mejor barda son inversiones, actividad económica y oportunidades de empleo” y agregó: “La gente, los que no encuentran oportunidades, no se van a turistear” Queriendo decir con ello que la principal razón por la cual nuestra gente se marcha hacia el norte, es para encontrar su “propio sueño” de mejores condiciones de vida, más oportunidades para trabajar y desarrollarse, como salir del estancamiento en que sus antecesores lo dejaron.

¿Por qué ser timoratos? ¿Por qué seguir pensando en chiquito, cuando tenemos un país esplendoroso, que con su buena gente muy bien podríamos recuperar el liderazgo centroamericano el que ya fuera por malos gobiernos o por equivocadas medidas hemos permitido que los vecinos nos lo quiten o al menos perdamos terreno? Repito lo que leí la semana pasada, las sabias palabras del Doctor Martin Luther King: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda” ¿Por qué entonces quedarnos solo con la queja y lamento del daño que otro u otros nos puedan hacer sin hacer ni pizca para evitarlo?

Esto último me hizo recordar mi época de publicista cuando en una de tantas sesiones creativas se planteó la posibilidad de lanzar una campaña para un cliente en donde se trataba de cambiar el concepto de pequeñez, que mucha gente mantiene en su mente, por el de la grandeza. Les cuento, que los anuncios planificados dieron buen resultado. Por ello sugiero hacer lo mismo, pensar en grande para que ningún guatemalteco se quede atrás.

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