René Leiva

Los sermones del culto al éxito poseen un inconfundible eco reverencial en los templos de la corrupción y la impunidad.
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En el humano su asimetría facial, fisonómica o expresiva es poca cosa comparada con su asimetría moral, intelectual, afectiva, social…
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Quien todavía cree que la soledad es física, que está afuera, tiene un existencial impedimento de acceso a su territorio.
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La facultad humana de escoger es el plazo que da el destino para acatarlo.
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La avaricia es la hija solterona de la riqueza, para disfrute de los herederos que no tiene.
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Demasiada lucidez confúndese con locura. Una razonable dosis de locura conserva la lucidez.
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Así como el hombre ha encontrado en cada cosa el símbolo de otra, él mismo, despojándose de su naturaleza, ha devenido en símbolo de todas las cosas.
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Para el poeta alcancía rima con vacía.
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Las greguerías son gárgaras de palabras, sin tragárselas, para aclarar la mente.
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Si afirmo que soy un mentiroso, ¿digo la verdad o miento?
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No merece vivir quien deja pasar el día, la hora, el minuto oportuno e irrepetible de su suicidio.
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Teología, mazmorra construida de embrollados conceptos para comprimir y confinar a Dios lejos del mundo.
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Con la concepción, gestación y parto del ser humano la madre naturaleza cometió un suicidio a pausas.
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La sensibilidad es hija del silencio. De ahí la delectación por los sonidos agradables como ecos de ese silencio.
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Cada vez soporto menos que el niño que hay en mí me falte al respeto.
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Macabro. ¿Qué le dijo el muerto a su tumba, terminado el funeral? Por fin solos.
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Hay obras literarias que uno no debe morir sin haberlas leído; y otras hay que si uno vive es por haberlas leído.
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En cada ser humano se esconde un genio incomprendido que tampoco comprende a los otros genios incomprendidos.
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Soy un analfabeto que a veces le pone los puntos a las íes.

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