Alfonso Mata

«Mejorar la salud del guatemalteco» movió a La Hora a plantear en siete artículos ya publicados, sus dudas y recomendaciones para la reforma del sector salud.

Nuestra inquietud sobre el tema nació de una situación que se puede resumir de la manera siguiente: Existe una disparidad muy grande entre la salud de la población y lo que hace el sector. Eso nos muestra las estadísticas y la epidemiología nacional. Eso no tiene su origen ayer; por consiguiente, es un reflejo de que decisiones políticas y técnicas, no han sido ni las correctas ni suficientes, para romper con la enfermedad y esfuerzos y recursos se han perdido muchas veces, entre el bosque intrincado de necesidades y problemas que cambian incesantemente de lugar, forma e intensidad, lo que nos permite buenos niveles de salud.

Por otra parte, a lo largo del tiempo siempre ha sucedido lo mismo: los servicios se sienten abrumados bajo una masa de hechos que le son conocidos y tienen identificados, pero a los que son incapaces de atender, con acciones concretas, por diferentes circunstancias. La constante repetición anual de hechos mórbidos y de enfermedades constituye solamente una forma «triste» de no resolver y controlar dentro de las estructuras sociales y ambientales, las fuerzas causales de una mala salud a cualquier edad.

Un cambio entonces que conlleve al progreso, obliga a que ninguno de nosotros permanezca como espectador. La solución de la problemática necesita de la ayuda de todos y de la utilización de distintas ciencias y saberes, que deben llevar un objetivo común: la salud. El cambio formulado por el sector salud requiere que aprendamos a hacer a un lado muchos conocimientos y prácticas que se han hecho inútiles e inadecuadas, un esquema que se construye con la colaboración de muchas ciencias y sus técnicas y sobretodo con el esfuerzo de todos. Adquirir nuevos conceptos, métodos y procedimientos, nuevas formas de pensar y participar, es central para lograr la reforma, a fin de llevar a hombres y pueblos, a su óptimo desarrollo.

Considerar aspectos diferentes puede y debe servir para la acción. Sabemos que la conducción y dirección del sector salud no ha logrado a la fecha un trabajo coordinado de instituciones, unidades y comunidades, que permita un efecto neto e influyente, sobre condicionantes y determinantes que afectan a salud. Tampoco ha podido construir las relaciones necesarias y suficientes, para que se produzca un efecto neto y positivo, que conlleve a un mejor bienestar humano.

En qué modo se necesita modificar la administración, conducción y funcionamiento de cada estructura del sector, lo ignoramos y eso a su vez, nos ha impedido conocer con certeza, la manera que pueden ser modificadas las estructuras sociales y ambientales, a efecto de controlar daños y riesgos. Aún estamos lejos de conocer las relaciones de sociedad, ambiente y cultura más favorables, que conlleven al desarrollo y mantenimiento de la salud. No sabemos tampoco, cómo podría ser aumentado el sentido participativo con más intensidad, de hombres y mujeres, en aspectos de su salud, de la de su familia y de la sociedad. Es harto evidente, que la reforma del sector salud debe dar respuesta a estas y otras inquietudes planteadas en los artículos que publicamos.

Evolución de conceptos y teorías de su claridad para facilitar comprensiones de interrelaciones entre lo que sucede y cómo enfrentarlo; la planeación para crear respuestas claras y eficientes; los niveles y sistemas de organización que ello requiere; la simplificación de las condiciones de riesgo y vulnerabilidades así como de ejecución del sistema de salud; procedimientos para elaboración de criterios de juicio, que hagan factible y pongan a prueba estrategias útiles, son temas que la reforma debe encarar y para ello, necesita de líderes, que puedan descifrar con intuición las cosas ignotas que subyacen en lo que se hace en la actualidad y se hace mal o bien, de imaginación para crear cosas nuevas y descubrir relaciones ocultas, que existen entre hechos que se suceden y forma de abordarlos. Pero todo eso será vano, sin el apoyo político sincero y real, cosa que en la actualidad está en un olvido casi absoluto. El gran reto es romper esa repugnancia que sentimos en abordar un problema tan complejo y de caer en seguir haciendo lo mismo.

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