María José Cabrera Cifuentes
mjcabreracifuentes@gmail.com
El 1 de noviembre del año 2005 la Organización de las Naciones Unidas -ONU- declaró el 27 de enero como el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Esta fecha fue seleccionada, pues un día como ese en 1945 tomó lugar la liberación del Campo de Concentración de Auschwitz.
Creo que describir el Holocausto, la Shoah, resultaría inútil si se intenta utilizar solo palabras. Aunque los desgarradores testimonios pueden traernos una lejana idea de lo experimentado por los millones de judíos, la experiencia de quienes fueron ultrajados cruenta y cruelmente por algunos que se suponían superiores cabe solamente en la más oscura pesadilla que en algún momento alguien pudiese tener.
Cuando se habla de genocidio, no viene a mi mente un ejemplo más exacto, más rotundo, más emblemático que la Shoah, los seis millones de judíos muertos a manos del nazismo alemán y sus aliados, especialmente en Europa del Este, son la cara de la humanidad destruida por el odio, la verdadera manifestación de la intolerancia y de la errónea creencia de la superioridad racial.
Para conmemorar a las víctimas de ese atroz acontecimiento que mancha y marca la historia de la humanidad, la Embajada de Israel en Guatemala realizó un acto en el que se recordó con un minuto de silencio a las personas fallecidas y se elevó una plegaria al cielo, además de escuchar un brillante e iluminador discurso pronunciado por el doctor Ephraim Zadoff y las palabras del señor Embajador Moshe Bachar. Además de esto hubo un momento que me pareció especialmente relevante y sobre el cual elaboraré a continuación.
Se encendieron seis velas, una por cada millón de judíos asesinados, representando así la luz de la esperanza del pueblo de Israel. Al escenario fueron llamadas, una por una, seis personalidades que fueron honradas con el privilegio de encender cada una de las velas dispuestas para la ocasión. La emotividad podía inhalarse, las lágrimas desbordaban los ojos de más de una persona y la remembranza del sufrimiento de un pueblo inocente inundaba los corazones, al menos el mío. Lo que me pareció interesante de este gesto es que no se percibía rencor, en el ambiente no había odio, solamente el deseo firme de que esta atrocidad jamás volviera a repetirse.
Entre los personajes encargados de iluminar la sala con la luz de las seis velas se encontraba el señor Thomas Schäfer, Embajador de Alemania acreditado en Guatemala, hecho que me pareció lo más significativo, al ser el representante del país gestor de los que construyeron la ideología que sustentó la masacre a la que he hecho referencia. Mientras se acercaba al lugar en el que debía pararse para continuar con el protocolo por mi mente pasaba el aún vigente enfrentamiento ideológico entre los guatemaltecos, el odio, el rencor. Mientras encendía la luz que serviría para iluminar la vela, con tristeza recordé esa llama que perpetuamente arde detrás del Monumento de la Paz y que nunca ha significado verdadera esperanza para los guatemaltecos.
El posterior apretón de manos entre ambos embajadores significó para mí una enorme lección de tolerancia, de paz, de reconciliación. Si dos pueblos distantes y ajenos han tenido la capacidad de perdonar, habiendo en este caso una población víctima y una facción de otra población victimaria, no entiendo cómo en Guatemala no hemos iniciado el proceso aun cuando entre los bandos no existen esos roles y las víctimas que debemos llorar son las de la población civil que ambos lados se ocuparon en ultrajar, cabe resaltar, por motivos muy distintos.
«Ani Ma’amin» significa «Yo Creo» en hebreo, yo creo en que algún día los guatemaltecos, quizá en muchas generaciones, podremos tener el valor que ha tenido Israel para reconciliarse y de construir esa sana memoria histórica que ellos han concebido para el bien y no para incentivar el resentimiento, yo creo en que existe esperanza de que la Shoah será un ejemplo para el mundo, para que, algún día, todos digamos y nos comprometamos con ese «nunca más» y procuremos la paz y la unidad aún en la diversidad. Debemos tomar el ejemplo de tolerancia, empezando por mí, de deseo de paz, de humanidad y de libertad, aún en las dificultades. Aunque Guatemala y el mundo no emanan esperanza de un futuro mejor que el pasado, yo creo.
Post Scriptum: Muchos de mis estimados lectores argumentarán que en la actualidad Israel enfrenta otro tipo de conflictos que están lejanos a resolverse y en los que se han cometido injusticias por todas las partes involucradas, eso es un hecho que no pretendo discutir aquí. Mi intención con este escrito es hacer un paralelismo con el proceso de reconciliación guatemalteco y exaltar los avances del pueblo israelí en esa materia. Que Di s bendiga a Israel, a los pueblos árabes, a Guatemala y al mundo entero.







