Pedro Pablo Marroquín Pérez
pmarroquin@lahora.com.gt

«Sos muy patojo y los patojos quieren todo rápido, aquí hay que tener paciencia porque en Guatemala los grandes poderes, los intereses especiales siguen teniendo un lugar privilegiado en las mesas; las mafias de la política y cierta gente que necesita un país en crisis, un sistema viciado y colapsado no dejará que nada cambie porque sino, se les acaba su medio de vida».

Esas fueron las palabras de un señor, ya mayor, que me estaba comentando mis artículos y añadió «además, aquí nada ha cambiado y parece que nada va a cambiar, porque como bien dijeron esos de esa ONG internacional, Crisis Group, aquí lo único que ha habido es un enojo estéril, una molestia pero sin pies ni cabeza y por eso no se han logrado cambiar las reglas del juego».

Y la verdad es que le doy toda la razón salvo en la parte de tener paciencia, porque mi familia y yo gracias a Dios tenemos un techo para pasar la noche, trabajo y comida para alimentarnos y entonces, tener paciencia me es más fácil, pero ¿qué paciencia le pedimos al 60% de nuestra población que es pobre y condenada por la corrupción al círculo generacional de la pobreza?

¿Qué paciencia le podemos pedir a la gente que llega a un hospital pidiéndole a Dios que haya médicos para atenderla, camas para recostarlos y medicinas para curarlos, a pesar que hay gente que se hace millonaria a costa del sistema de salud? ¿Qué paciencia le podemos pedir a los usuarios del transporte público que cada día coquetean con la muerte, a pesar de los millones que gasta el Estado?

¿Qué paciencia le podemos pedir a aquellos padres que ven como sus hijos decrecen académicamente, pero los maestros aumentan sus ingresos solo porque «son cuates de Joviel» y éste logró chantajear a los políticos? Es bueno que un maestro gane bien, pero no pueden dejar a los niños rezagados.

¿Qué paciencia le podemos pedir al trabajador del sector privado que se mata trabajando cuando ve que en el sector público, muchos ganan hasta el doble o triple solo por componendas políticas y con menos esfuerzo?

¿Qué paciencia se le puede pedir a aquel que lo tuvo que dejar todo para migrar, renunció a estar con su familia, a abrazar a su mujer, a besar a sus hijos con tal de poderles ofrecer, no una mejor vida, sino simplemente algo para comer?

Y así iba yo con mis respuestas hasta que la persona me dijo: «ya ves, porque esa gente que tanto sufre y los que con influencia y mayor capacidad de incidir no atinan a despertar para pasar del enojo a la acción, es que Guatemala sigue igual y aunque me digas lo que me digas, si no despertamos, no quedará más que tener paciencia».

Vaya tapaboca que me dio y la verdad es que si no entendemos que debemos canalizar nuestra frustración ciudadana en cambios al sistema, si no entendemos que la fiscalización debe ser a todo nivel, e incluso en el sector privado, pero principalmente en el Congreso de la República, no solo tendremos que tener paciencia sino nos tendremos que resignar, porque Guatemala no va a cambiar.

Ya el sábado algunos alzaron la voz y ayer se pusieron más reflectores al Congreso, pero aún falta su involucramiento, su alma y sus huevos para que este país tenga futuro.

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