Eduardo Blandón
Con la adrenalina alterada y las pasiones a flor de piel, opinar sobre inclinaciones políticas es un acto suicida. Es algo así como discutir de futbol con hinchas de barra brava. Exponer el pellejo de manera innecesaria con los riesgos probables de ser desollado a placer. Pero es el riesgo al que nos exponemos los opinadores en páginas editoriales.
En consecuencia expondré por qué no me siento cómodo con la candidatura de Jimmy Morales, sin que esto signifique que me decante de mil amores por la opción contraria. En primer lugar, me causa repulsa lo que todos sabemos y él no reconoce por inconveniencia, esto es, el apoyo de grupúsculos militares de pasado tenebroso. No se trata de un sentimiento ciego, sino por el discurso cavernario lleno de ira hacia el enemigo imaginario llamado izquierda. Suelen ser violentos, intolerantes y algunos de ellos con vocación delincuencial.
Es inaceptable, asimismo, un discurso conservador en Jimmy que por otro lado es del gusto de algunos. Me refiero, por ejemplo, a eso que declaró para el diario español El País al ser preguntado sobre el aborto, el matrimonio homosexual y la legalización del cultivo de la marihuana. «No acepto ninguna de las tres. En el caso del matrimonio de personas del mismo sexo, lo rechazo porque no creo en eso y porque en Guatemala el 97% de la población tiene un pensamiento ético cristiano. Aprobar una ley así generaría desorden social». Más parecería que tendríamos a un pastor neopentecostal de Presidente que a un gobernante con capacidad crítica y con voluntad de establecer un diálogo sereno con los que opinan distinto.
Por último, pero no menos importante, creo que Guatemala no se merece un presidente con poca o ninguna experiencia en la cosa pública. Jimmy es un advenedizo y la novatada hecha carne. No veo cómo pueda gobernar un país complejo, con actores complicados, radicalizados, en medio de una sociedad atomizada. Quizá piense que como Moisés, Dios le dará una vara para hacer milagros, una lluvia bendita de maná del cielo o unas piedras que rijan la ética del pueblo, pero no será así. Debe saber más bien que se encuentra como corderito entre lobos, especialmente él que anda en medio de una legión de demonios.







