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Los terremotos poseen una característica singular: no distinguen entre ricos y pobres, gobernantes y gobernados. En cuestión de segundos desaparece la ilusión de control y el ser humano redescubre su fragilidad frente a la naturaleza.

Sin embargo, más allá de su fuerza destructiva, los terremotos también ponen a prueba el carácter de los pueblos y la calidad de sus dirigentes. Guatemala lo ha vivido una y otra vez.

Los sismos de 1917 y 1918 no solo devastaron la Ciudad de Guatemala; también dejaron al descubierto el desgaste del gobierno de Manuel Estrada Cabrera. La lenta reconstrucción, la ineficiencia administrativa y el creciente descontento aceleraron la caída de un régimen que ya mostraba profundas grietas. La naturaleza no lo derribó, pero sí expuso sus debilidades.

Muy distinta fue la experiencia del terremoto del 4 de febrero de 1976. La tragedia fue inmensa, pero el presidente Kjell Eugenio Laugerud García pronunció una frase que quedó grabada en la memoria nacional: «Estamos heridos, pero no de muerte». Aquellas palabras no reconstruyeron viviendas, pero sí fortalecieron el ánimo de un país que necesitaba esperanza y liderazgo.

Las emergencias eliminan los discursos y dejan únicamente los hechos. Es entonces cuando se revela quién lidera, quién organiza, quién sirve y quién simplemente observa.

Durante más de cuarenta años como rotario he aprendido que la solidaridad solo alcanza su verdadero valor cuando está organizada. El servicio auténtico no busca protagonismo, sino eficacia, transparencia y dignidad para quienes más lo necesitan.

Como odontólogo, también he comprendido que sanar no consiste únicamente en reparar tejidos, sino en devolver confianza y esperanza. Lo mismo ocurre con una nación: la reconstrucción comienza cuando recupera la confianza en sus instituciones, en sus líderes y en sí misma.

Los terremotos pasan. Las ciudades vuelven a levantarse. Lo que permanece es la lección: una nación no se mide por el desastre que enfrenta, sino por la grandeza con la que responde.

Y hoy otro terremoto que parece aproximarse: el de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Allí también están en juego la legalidad, la dignidad institucional y el futuro de una de las principales reservas intelectuales del país. Porque, al final, cuando la tierra tiembla –o cuando se estremecen las instituciones– se revela el alma de una nación.

Dr. Rafael Mejicano Díaz

Dr. Rafael Mejicano Díaz, Especialista en Prótesis Oral, MSc, Ph.Hc. y Ph.O.C., referente de la odontología guatemalteca. Con amplia trayectoria docente, gremial y clínica, ha impulsado innovación, ética y servicio social. Su legado integra ciencia, liderazgo institucional, pensamiento crítico y compromiso humanista.

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