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Guatemala atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. La confianza en las instituciones se ha debilitado, la polarización domina gran parte del debate público y los problemas nacionales parecen multiplicarse. En medio de esta realidad surge una pregunta necesaria: ¿en dónde están los miembros de los colegios profesionales y los profesores universitarios?

No me refiero a su presencia en oficinas, clínicas, tribunales o aulas, sino a su participación en la discusión de los grandes temas nacionales. Históricamente, los colegios profesionales y las universidades han sido fuentes de pensamiento crítico, análisis técnico y liderazgo moral. Han contribuido a orientar a la sociedad en tiempos de incertidumbre y a generar propuestas para enfrentar los desafíos colectivos.

Sin embargo, frente a debates relacionados con la institucionalidad, la educación, la justicia, la transparencia, la salud pública y el desarrollo económico, sus voces parecen insuficientemente visibles. Mientras predominan la confrontación política y las opiniones simplificadas, el análisis académico y profesional ocupa cada vez menos espacio en la conversación pública.

La ausencia de liderazgo intelectual tiene consecuencias. Cuando los profesionales no participan, otros ocupan ese lugar. Cuando el conocimiento se retira del debate, las decisiones corren el riesgo de basarse más en intereses coyunturales que en evidencia y experiencia.

No se trata de que las universidades o los colegios profesionales adopten posiciones partidarias. Se trata de que cumplan una de sus funciones esenciales: aportar conocimiento, pensamiento crítico y propuestas para fortalecer la República.

Guatemala necesita escuchar más a sus juristas, médicos, odontólogos, ingenieros, arquitectos, economistas, científicos y educadores. Necesita instituciones capaces de generar soluciones y contribuir a construir consensos en momentos de crisis

Esta reflexión no pretende desconocer los aportes que numerosos profesionales y académicos realizan diariamente desde sus instituciones, ni el valioso trabajo que muchos desarrollan en silencio desde las aulas, laboratorios, clínicas, centros de investigación y espacios de servicio. Por el contrario, busca destacar la necesidad de una participación más visible, articulada e influyente en la discusión de los grandes desafíos nacionales.

El silencio también comunica. La indiferencia también tiene consecuencias. Por ello, la pregunta sigue vigente: ¿en dónde están los miembros de los colegios profesionales y los profesores universitarios?

Frente a los desafíos que enfrenta el país, su participación no solo es deseable; es una responsabilidad con la sociedad y con el futuro de Guatemala.

Dr. Rafael Mejicano Díaz

Dr. Rafael Mejicano Díaz, Especialista en Prótesis Oral, MSc, Ph.Hc. y Ph.O.C., referente de la odontología guatemalteca. Con amplia trayectoria docente, gremial y clínica, ha impulsado innovación, ética y servicio social. Su legado integra ciencia, liderazgo institucional, pensamiento crítico y compromiso humanista.

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