Autor: Herberth Apolinario Mejía Velásquez
Instagram:@ her03105
Email: herbertmejia955@gmail.com
Editorial: youngfortransparency@gmail.com
Guatemala se proclamó independiente de la antigua Capitanía General bajo dominio español. El 15 de septiembre de 1821 se marcó un antes y un después en la historia guatemalteca, desde entonces, se celebra como una nación soberana, libre e independiente. Sin embargo, al analizar nuestra realidad, existe una pregunta inevitable: ¿realmente los guatemaltecos somos libres o simplemente cambió la forma de dominio?
Ser una nación soberana es un acontecimiento importante, pero es necesario reconocer que no significó una transformación social del país. Principalmente la independencia no fue un acto impulsado por grandes mayorías, sino por grupos que buscaban la autonomía política y económica. Asimismo, el poder no pasó directamente al pueblo, quedó en distintas élites que llevaron al país a otro rumbo.
Hoy se reconoce que no estamos sometidos a un mandato extranjero ni órdenes europeas, hoy proclamamos que Guatemala es libre e independiente, representada con una bandera que refleja el cielo, y un himno que conmemora la lucha por la patria. Sin embargo, se enfrenta una problemática que conlleva un reemplazo del antiguo dominio colonial, la corrupción, y no proviene de mandatos exteriores, sino de la participación de los mismos guatemaltecos hacia niveles del Estado.
No trata únicamente de economía o fondos públicos mal administrados, es más profundo que ello, es la pérdida de confianza y no directamente a instituciones, sino a quienes son electos por el pueblo, y se genera la sensación de que las leyes no son aplicables por igual, que son usadas para beneficio personal y no para el bienestar colectivo. Cuando los recursos que deberían destinarse a mejor educación, salud o infraestructura, terminan favoreciendo intereses personales, se limita el desarrollo del país y oportunidades en diferentes ámbitos a millones de guatemaltecos.
Durante años, Guatemala ha tenido escándalos de corrupción, crisis política, económica y social, y eso ha provocado que muchos ciudadanos busquen oportunidades en otros países que acá no encuentran. Esto significa que aún no está garantizada la justicia social y económica demostrando que la libertad no depende de otro país, sino en poder construir un Estado que funcione en forma transparente y que tenga un compromiso hacia el pueblo.
En este sentido, parece que el país logró liberarse de un imperio extranjero, pero aún no ha podido deshacerse de quienes limitan la democracia. Si antes el poder tenía un mando de diferentes autoridades coloniales, ahora sigue concentrado en pequeños grupos que influyen en la toma de decisiones para el país. La historia enseña que la verdadera independencia requiere cambios de fondo y que la sociedad guatemalteca pueda influir de una manera activa.
Asimismo, se estima que la independencia no debe verse solo como una fecha que se celebra con desfiles y discursos, sino como un compromiso constante. Por eso, la verdadera independencia ya no consiste en romper cadenas externas, sino en el fortalecimiento de instituciones, exigir rendición de cuentas y seguir cultivando una cultura de honestidad y responsabilidad, ya que solo así Guatemala podrá ser libre e independiente, por medio del despertar de la conciencia colectiva.
Pueblo de Guatemala hagamos conciencia que la independencia no debería ser solo un hecho histórico, sino una realidad que refleje una justicia, igualdad y mayores oportunidades para todos. Mientras la corrupción continúe debilitando nuestras libertades, seguiremos siendo incompletos y todo ello depende de seguir siendo consumidos o cambiar nuestra realidad, en pocas palabras, estos cambios dependen únicamente de nosotros.







