Jóvenes por la Transparencia

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Por: Raul del Valle
hrdelvallem@aol.com
ig: hrdelvalle

“No basta con hablar de paz. Uno debe creer en ella y trabajar para conseguirla.”
Eleanor Roosevelt

 

Desde hace algún tiempo, en Guatemala se empezó a hablar con mayor recurrencia sobre la paz, pero siendo muy honesto, fuera de ese contrato que hizo multimillonarios a serviles traidores de la patria, acaparadores de puestos públicos y uno que otro símbolo como el que decidieron establecer en la moneda de un quetzal, no he visto a lo largo de mi vida indicios de haber alcanzado algún punto sano que se refleje en una paz. Una paz de la que verdaderamente disfruten los guatemaltecos y guatemaltecas a lo largo y ancho de los 108,889 kilómetros cuadrados que comprenden el territorio del país.

Casi a 27 años de ese evento canónico en la vida del país, hoy vivimos una tormenta sin precedentes, violentas corrientes de viento manifestadas por instituciones públicas cómplices de actos perversos azotan nuestras ventanas. Torrenciales lluvias de corrupción inundan nuestros espacios democráticos, temblores provocados por placas tectónicas de indiferencia y discriminación intentan hacernos tambalear, pero no sé si se ha dado cuenta de algo esa tormenta… seguimos de pie.

Y no seguimos de pie por ese falso positivismo que con buena actitud se resuelven las cosas. Hasta algunas históricas instituciones que comercian con el credo están desinformando a las personas e instrumentalizando la fe para fines políticos. Un acto repugnante que solo denota las falencias por las cuales Guatemala, más de 200 años después, no es independiente, ni soberana, ni libre.

Pero seguimos de pie, seguimos en la lucha, aunque también hay que ser conscientes que muchos por las desigualdades, por la falta de oportunidades y por la discriminación siguen de pie y en la lucha desde lejos, porque el sistema corrompido extenuó sus esperanzas de lograr el bienestar propio y de sus familias quedándose aquí. Guatemala no es el territorio, ni el quetzal, ni la marimba, ni la ceiba. Guatemala es su gente donde sea que se encuentre. A ellos se debe.

Ante los potenciales desastres naturales recomiendan estar listos y evacuar a la primera alarma. Quizás no todos compartan el sentimiento, pero estas elecciones se sienten así, como una catástrofe natural anunciada, la cual sólo da la razón para preocuparse conforme pasan los días.  A pesar de ciertos resultados favorables como el recambio que se va a dar en el Congreso, tenemos la triste noticia de ciertos perfiles que lograron la reelección, no por capacidad, sino porque saben jugar en este sistema que se los permite.

Quizás formo parte de una generación, o, al menos, de un gran sector que para evitar seguir saliendo lastimados por las injusticias y el abuso contra Guatemala se volvió desapegado, frío, y con unas ganas frenéticas de buscar una oportunidad para salir del país y poder crecer personal, profesional y familiarmente en el extranjero. Sin embargo,  aquí seguimos.

Seguimos aquí por diferentes razones. Cada persona sabe cuál es su lugar seguro, lo que le da paz, y que no siempre es un lugar físico, sino que son personas, momentos… Lo que motiva a seguir luchando es un hartazgo absoluto combinado con el sueño de poder vivir en paz y libertad. Este próximo 20 de agosto será decisivo para muchos, un día que dependiendo del resultado abrirá la puerta a soñar nuevamente con volver a ver la primavera o considerar opciones por la seguridad y la supervivencia de los seres queridos.

Al actual sistema, a los políticos corruptos, a los serviles, a los indiferentes, a los discriminadores, a los traidores y a los vendidos, realmente espero que ignoren las señales y advertencias, siéntanse cómodos y déjense consumir por el incendio que la democracia va a provocar en su mediocre y débil estatus quo. No es necesario que evacuen, el pueblo se va a encargar de depurarlos uno por uno.

Guatemala merece paz, una paz que trasciende promesas, colores y campañas. Una paz que le devuelva a la niñez la libertad de soñar, que les devuelva a los trabajadores la libertad de prosperar, que le devuelva a las mujeres la libertad de crecer y vivir seguras. Una paz que le devuelva a nuestros pueblos la libertad de creer y existir sin discriminación. Una paz que no será perfecta, pero que perdurará en el tiempo honrando los sacrificios del pasado y el presente para la construcción de un mejor futuro.

Yo, personalmente, tengo sentimientos encontrados, no estoy seguro si sigo aquí por afán de combatir, no tengo certeza si es la esperanza en aires de cambio que pueda disipar el humo que actualmente sofoca. Sin embargo, sí estoy plenamente seguro y lo siento desde el alma, sigo aquí, sigo luchando y me sigo esforzando por un par de ojitos cafés que creen en mí, por una sonrisa que por mucho tiempo el dolor trato de esconder, por un corazón tan grande que ni el universo mismo logra contener y daría mi vida por corresponderlo bien.

 

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