Han pasado muchos años desde que el abuelo falleció (1968), pero cada vez son más sorprendentes las muestras de su legado. En diferentes medios escritos, visuales y redes sociales, el abuelo aparece reiteradamente principalmente cuando se escucha Río Polochic, esa pieza icónica que nos dejó marcados para siempre. Yo recuerdo al abuelo cuando lo íbamos a visitar con mi papá o mi mamá, allá por la Avenida de los Árboles, cerca de la línea del tren, en donde vivía, junto con doña Elvira –su compañera de vida-.
La verdad es que cada vez que leemos notas o vemos videos preparados con la música del abuelo, no deja uno de sentirse orgulloso y vaya si no hay motivo para ese orgullo que nos llena de satisfacción y recuerdos. En mi caso personal, siendo todavía un niño, tuve la oportunidad de asistir a un homenaje que se realizó en la Beneficencia Española en Cobán, aunque no tengo recuerdos plenos, si tengo retazos del mismo y en mi olfato está el olor de ese lugar y el acto que se realizó ahí mismo.
Y así, salen reportajes, videos, pasajes cortos o fotos del abuelo. Pero recientemente, mi hermano Luis Rodolfo encontró un artículo que me dejó gratamente impresionado, no sólo por la cantidad de tiempo que el mismo tiene –calculo que fácilmente tiene 58 años, pues el mismo cierra con la muerte del abuelo Rodolfo-. Lástima que el artículo no tiene la fecha de su publicación, pero el mismo fue escrito por Francisco Reyes Narciso –seguramente un familiar nuestro, pues el apellido es poco peculiar, con un origen común San Cristóbal Verapaz-.
El mismo discurre desde el nacimiento del abuelo en 1901 hasta su fallecimiento en 1968, pero también destaca las actividades del abuelo en diferentes lugares del país, pues fue alcalde de Panzós, así como trabajó en las municipalidades de San Juan Chamelco y el propio San Cristóbal Verapaz, seguro en Panzós se vinculó más al Polochic, de donde escribió la pieza emblemática de Río Polochic, fuera de otras piezas inolvidables como Clavel Tinto, Josecito, Ruiseñor Verapaz –una pieza que se enmarca en el género clásico, impresionante composición-, Reflejos de Luna en el lago, una marcha llamada Estadio de Cobán y otras.
Sin embargo, quiero compartir partes del artículo de Francisco Reyes Narciso que escribió para el abuelo, pero no es un artículo cualquiera, realmente es una belleza en prosa poética, que mi hermano y yo estamos agradecidos por su nota. Escribe Francisco Reyes Narciso sobre el abuelo: “Deambuló como un marinero musical errante: por barco, diapasón y clave; por vela, ágiles manos de criollo marimbero que arrancaba el trino a las maderas; en cada puerto, como alas de gaviota, dejó un son, una gavota o una guarimba de mieles florecidas. Vagó por todos los caminos; dulce vagancia de abeja que roba miel y la vuelve polen en zumbos de arpegios, de ala y trino”.
Luego agrega Francisco Reyes Narciso: “Sufrió y gozó, por eso es nato el sufrimiento del que crea cuando se ve incomprendido y prende velas que la incuria apaga. Por ello, se hizo nómada, salió del pueblo chico, se hizo secretario municipal de muchos pueblos, en donde dejó su estela; un verso convertido en canto que hoy es espiral prendida en las voces del recuerdo”.
Francisco Reyes Narciso consigna: “Otra vez ese peregrinar de romero sin destino lo hace caminar; el lago le dice adiós con su licuada ondina; el pino susurra despedidas; los quiebracajetes del solar de ancestros se quiebran para mostrar algunas lágrimas de rocío recogidas de la última noche en que Rodolfo hizo sonar la vieja marimba arrinconada en el estudio aprendió a tocar, donde compuso. Recorren sus pasos las callejas tristes y entonces el recuerdo de otros tiempos fluye”.
Francisco Reyes Narciso declama: “Ah…cómo brotaba la inspiración entonces, y cómo percibía. En cada flor, en cada rancho oía música y sones; cada aleteo era una clave; el arroyo claro, la cascada y el torrente, un pentagrama”.
Sigue Francisco Reyes con su nota poética: “La gota de agua que se desliza sobre la mejilla caliza. Ah…ese llamado, ese impetuoso correr del río. Suavemente tejió su biografía y la cantó. “Río Polochic”, una elegía. La nota más pura, más alta que va in crescendo allá en el bosque como los caobos y la enredadera. Sonó su música de cítara antigua y trajo “Ruiseñor Verapaz”. Se agitan las aguas, las aguas se mueven, la luna retrata su cara de novia inédita. El novio trovero responde: “Reflejos de Luna en el lago”. Llueve con esa llovizna de cierzo, las dalias se abren, las rosas se cierran y un clavel se despetala en ansias: Poeta y músico, lo invaden perfumes, recoge corolas y brota sencillo y tierno: “Clavel Tinto” es su nombre. Ha llenado el ansia; la flor se hace perfume en señal de gracia”.
Francisco Reyes Narciso cierra su postal poética así. “Rodolfo Narciso Chavarría ha muerto, el jilguero triste apagó sus alas y se quedó yerto. Voces de marimba lanzaron su queja y allá en la montaña un arpa vieja desgranó sus cuerdas, como si sonaran campanas de plata tañendo a difunto”.
No conocí a Francisco Reyes Narciso, pero sirva de agradecimiento esta nota a este homenaje que hizo para destacar la figura del abuelo. Un saludo a la familia de Francisco Reyes Narciso por esta nota llena de recuerdos y de música…







